EL DÍA DE LOS EPÍLOGOS 62
Me acuerdo (9): La adolescencia a partir de una romería, la más importante de la ciudad (hay tres más, que recuerde ahora). Son fiestas populares, mezcla de creencias, costumbres o tradición, vírgenes, churros y tostones… Jamás me interesaron semejantes engendros sudorosos. He aprovechado el evento para contar como fue mi juventud en la ciudad; de cómo pudo ser a lo largo de siglos de decadencia (de monarquía a monarquía: de Alfonso X el Sabio a Juan Carlos I, que sabio no fue, pero sí mujeriego con ventaja y mata elefantes); y otras variables poéticas, existenciales y amorosas. Voy cerrando mis cuentas con la vida, aquí, en el diario. Ya va quedando poco. Y, para terminar este capítulo, un compendio, en cuatro entradas sobre mis anhelos “artísticos”, fracasados, pero ardientemente deseados, a través de mis fotografías performativas. Nunca he sido un fotógrafo testimonial del momento, aunque sí flâneur. Sobre todo, fotógrafo de mis obsesiones; sí, de eso han ido estas entradas. En ellas está todo y nada.
Diario íntimo (4): También podría haber titulado a este capítulo, de mi felicidad, porque es la narración de unas horas pasadas con mis amigos: Armando y Mamen, y también Naty, con la que hoy habré vuelto de nuestro último viaje juntos (esta historia, la de la vida, me refiero, ya no da para más); salvo repeticiones de lo que estuvo bien entonces. Contaré la experiencia en junio.
Diario de un hombre lejano (4) Houellebecq, Nietzsche, Chéjov, Pessoa, Jung, Amat, Vila Matas y Dostoievski, todos ellos, personas y artistas estimables con las que han planeado por este capítulo en cuatro entradas. ¿Y qué más? No lo sé ahora muy bien, pero creo que divagaciones sobre el hecho de haber vivido y su dificultad. ¿He vivido, verdaderamente? Supongo, pero no estoy seguro.
Colección de misceláneas (3): Víctor Amat, genial, me ha parecido. Psicólogo que baja al ring de la vida, se calza los guantes de luchador y con lucidez y humor, desentraña claves, las suyas para un mejor vivir (no es autoayuda, según dice él, pero todo lo que ayuda, ayuda). Dos obras sobre autoafirmación con las que me lo he pasado genial. También, películas de mujeres (aburridas hasta decir basta); y, por último, una más: Yunan, de Ameer Fakther Eldin, inspiradora de principio a fin: la desesperación en clave misteriosa, lírica y bellísima.
Diario de la belleza (2): La adaptación cinematográfica de tres novelas de Jane Austen, y una recreación sobre su vida de juventud. Pura belleza.
Diario del espanto (2): La maldita política de este país. Pozo de mierda maloliente. No diré más (por el momento).
Diario de un hombre invisible (2): Una salida al mundo con mi amigo Ángel, crónica de unas horas por la ciudad haciendo lo que hacen las personas normales: tomar unas cervezas, comer, charlar, pasear, ir a una Notaría, en fin, esas cosas. Me hice visible durante un rato por mi invisible ciudad (o ella o yo, pero nunca al mismo tiempo).
Diario de envejecimiento (2): A propósito de Manuel Vilas y de Enrique Vila Matas (Lejos de Veracruz), de su envejecimiento, que no pueden ocultar, y del mío, que tampoco.
Monólogos sobre arte (1): Un resto o epílogo que me quedaba suelto de la espléndida exposición de Vilhelm Hammershoi, que vi en febrero de este año, con un autorretrato que parece que le dio grima pintar, pero que lo hizo, maravillosamente, como toda su obra.
Carta a Lucía Mae (1): Mi nieta, que se ha graduado en lo que se podría decir bachillerato. La felicité afectuosamente, con entusiasmo. Me ha escrito diciéndome que le gustó mucho mi carta. Estoy contento por todo lo que tiene que ver con ella.
La Fotografía: Una composición performativa con terminales de IA, viejos y arrumbados, sobre montículos de tierra, también desechada. La traigo porque en este mes he escrito sentidamente del fotógrafo-artista performativo que no conseguí ser. O sí. Incluso mejor que muchos, y valga la licencia innecesaria.