DIARIO DEL ESPANTO 4 y 4
“Para Schopenhauer también la sexualidad eran la primera fuerza que dirigía la vida humana: «el deseo sexual es el objeto definitivo de casi todos los esfuerzos humanos». John Gray
Sábado, treinta y uno de enero de dos mil veintiséis
… Y la vida fue pasando mientras Vicente se recuperó de su contratiempo, en el geriátrico. Otro acierto de la historia que cuentan los vascos es el hecho de que en la vida convaleciente del viejo y silencioso gay, aparece una hija, abandonada hacía treinta años (curiosamente, acabo de leer una novela de una para mí nueva e interesante autora mexicana: Alma Delia Murillo, La cabeza de mi padre, en la que una hija abandonada por su padre, también hacía treinta años, lo busca tenazmente, Me ha encantado esa historia, por cierto).
En la película, esa hija, es la que articula la vida pasada de Vicente, sus afectos y desafectos, pero sobre todo su orgullosa culpa; porque para él y para mí, hizo lo que no tuvo otro remedio que hacer.
Lo dijo Schopenhauer y lo reconoce Gray.
Todo es triste en esta película porque viene a corroborar lo que sospecho con fundamento y temor: la vida humana está abocada como síntesis y resumen de lo que implica vivir: al fracaso, la impotencia y a morir solos y llorando. ¿Merece la pena? No me da la gana contestarme porque sería una respuesta sin sentido.
Hay momentos especialmente desoladores para mis ojos: cuando Vicente deambula por el club gay pidiendo sexo anónimo y es apartado con el gesto de una mano; o ver a los residentes del asilo-geriátrico arrumbados en los sillones de la sala de estar con la televisión puesta; o siendo víctimas del positivismo socializador de las bienintencionadas gestoras del arrumbadero humano; o todos comiendo amontonados, o jugando al bingo; o en las duchas; y, sobre todo, esperando a morir pasivamente.
Los vascos (los que firman la obra) obligados a mostrar el maldito y falso rayo de esperanza de siempre (en eso estribará tener premios o no); devuelven a Vicente a su paraíso, a seguir persiguiendo las sombras de su inextinguible deseo, pero desde la más absoluta soledad, desde una infinita desolación, porque vivirá de limosnas porque no podrá evitar sentir que lo que obtiene no se lo habrá ganado con la prestancia de su cuerpo, sencillamente porque ya no existe.
La Fotografía: “Hacemos el amor apartándonos de los demás, al igual que pensamos apartándonos de los demás y leemos apartándonos de los demás, al igual que la música se concibe en silencio, al igual que soñamos dormidos en la oscuridad”. Pascal Quignard