Diario de un hombre Invisible: 15.1
“… A veces mancha y duele la vida y uno se retira en silencio a un rincón de su desgracia a esperar que la vida amaine y se enciendan de nuevo las horas azules del gozo. Y, aun así, mira por dónde me gusta la vida. Porque me tiene que gustar. Porque es lo único que hay y yo, a fuerza de vivir y compartir el aire con la gente, no sé qué otra cosa podría hacer si no sacarle gusto a la vida, a esta vida tantas veces malvada que te da un palazo por las buenas y se va”. Fernando Aramburu
Domingo, doce de julio de dos mil veintiséis
En estos últimos días he acabado tres libros (oídos), a saber: Autorretrato sin mí, de Fernando Aramburu (2018, con 59 años), releído; Incompletos. José Carlos Ruiz (releído); El fracaso de la felicidad, de Jesús G. Maestro.
Las tres obras y autores, se preguntan (y se responden), por el sentido de la vida, aplicado a determinados aspectos y matices, porque, en última instancia, es dudoso que vivir posea una finalidad que nos deje tranquilos con el hecho de estar vivos, mientras esperamos al verdadero y único sentido del vivir, que no es otro que el morir. El mundo, la vida, el tiempo, todo está constituido y orientado hacia el hecho existencial de la espera.
Mientras se está en tránsito, algunos se lo pasan más o menos bien porque les gusta la vida, como Fernando, que escribió lo que escribió sin haber entrado ni siquiera en la era sexagenaria; etapa que, cuando llegas te decepciona porque el umbral de luz baja ostensiblemente y lo que ves y percibes ya no es lo mismo que antes. Después, en la septuagenaria, el mundo adquiere contornos tenebristas y si ya estás en ella, como es mi caso, y en aras de la necesaria vida digna (es la edad del orgullo y el silencio, sobre todo para que ningún cantamañanas, mujer u hombre, te ponga perdido de babas), te mantienes distante y calladito. O, dicho de otro modo, a los septuagenarios es imposible que nos guste la vida, porque no es vida la que tenemos, sino mala vida, porque o es precaria o ni siquiera es. A lo mejor Aramburu no piensa así, casi diez años después de que escribiera lo que escribió.
Bueno, eso da igual ahora…
La Fotografía: Cada año suelo fotografiarme cuando cumplo años, y esta fue una de las del año pasado…