MONÓLOGOS SOBRE ARTE 40 y 2
«A veces defendemos tanto la imagen que hemos construido de nosotros mismos que terminamos olvidando quiénes éramos». Aurora Venturini (IA: cita inspirada en la obra, entrevistas y biografía de la autora).
Martes, veinte de octubre de dos mil veintiséis
… Sigo reunido conmigo mismo en torno al arte, del que nunca descubriré su preciado y prodigioso secreto. Sé que existe, aunque a mí solo se me aparezca de allá para cuando, y no siempre me percato de su presencia y menos de su dimensión. Nunca lo he estudiado porque el arte no se estudia, se siente y se disfruta, aunque en ocasiones duela.
Me pasa lo mismo que a San Agustín con el tiempo: “El tiempo no tiene dimensión; cuando vamos a apresarlo se desvanece. Y, sin embargo, yo sé lo que es el tiempo, pero lo sé cuándo no tengo que decirlo, “cuando no me lo preguntan, lo sé; “cuando me lo preguntan, no lo sé”.
El otro día, azarosamente, me tropecé con Las primas, de Aurora Venturini, en mi biblioteca de audible. No sabía, mi ignorancia es vasta como un inmenso desierto, aunque en algún momento he sabido de ella porque estaba ahí, esperándome en mi móvil. Pulsé -reproducir- irreprimiblemente- y comenzó el espectáculo del -arte total- en formato -novela-.
Caí en la más entregada fascinación. Inclasificable, luminosa y terrible, de una genialidad arrolladora. Venturini me introdujo en un mundo indefinible y excepcional formado por mujeres deficientes, en un increíble relato de adolescencia y juventud de la narradora; que, sirviéndose del diccionario que referencia cada vez que utiliza una palabra inusual; y sin signos ortográficos, porque le restaban vitalidad a las ideas, según dice.
Pero Yuna Riglos (seudónimo artístico), en realidad, se apellidaba López, había nacido artista plástica de gran talento y pintaba obsesivamente desde muy niña. Circunstancia que abona la idea de que la capacidad artística está más allá de la inteligencia alta y medible, o de la formación académica (esa menos que ninguna), porque el talento se sustenta sobre otros pilares, es otra cosa, otra dimensión del espíritu humano. Y, las obras creadas por artistas auténticos, aunque sean del mundo (no hay otro conocido, ni siquiera el de los dioses), son cosas delicadas y preciosas, como refulgentes tesoros, siempre. Y he ahí de mis dificultades para entender el arte (por eso de este capítulo del diario para intentar llegar donde no llego).
Aunque no haga falta porque está a tiro de cualquier pregunta a internet, no me resisto a traer una pequeña reseña biográfica de Venturini, porque su vida, en sí misma, es puro arte.
-Nació en La Plata, Argentina, el 20 de diciembre de 1921. Se licenció en Filosofía y Ciencias de la Educación y trabajó en el Instituto de Psicología y Reeducación del Menor, donde conoció a Eva Perón, con quien mantuvo una estrecha relación. Tras el golpe de Estado de 1955, se exilió en París, donde frecuentó a figuras del ambiente intelectual y artístico como Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Albert Camus y Violette Leduc. Aunque escribió más de cuarenta libros a lo largo de su vida, pasó décadas sin obtener el reconocimiento que merecía. Falleció en Buenos Aires el 24 de noviembre de 2015, a los 92 años.
Asombrosamente, se dio a conocer con Las primas, al ganar con ella un premio, solo que a los 85 años (2007).
Sonrío complacido pensando que el verdadero talento, antes o después se impone (aunque esa excepcionalidad no me la crea del todo). Contradicción en mi tema de ayer, en el que un religioso afirmaba que, por la intermediación de Dios, el nefando crimen siempre se descubriría, y no, no es verdad, luego me refuto a mí mismo por haber dicho antes que el talento siempre se impondrá, antes o después, y no, no es verdad.
Oír Las primas ha sido toda una experiencia por su lenguaje extraño e inimitable, un humor negro revulsivo y conmovedor. Me recuerdo, caminando por la senda del rio de mi ciudad, mientras oía el relato y repitiendo frecuentemente ¡¡¡qué buena es!!!
Vivió siempre sola entre las brumas de la inexistencia y el olvido, sobre todo hasta 2007, que empezaron a prestarle alguna atención, más que merecida por la genialidad de su obra; pero no, sobre todo fue por el premio. El incesante carrusel de vanidades que es el mundo.
La Fotografía: Para hoy no tengo foto, porque en la novela no hay descripciones de las pinturas de Yuna Riglos, solo que eran celebradas como únicas y especiales. Así que ninguna mejor que esta, plena de evocación metafórica de la que pudo ser la vida de Aurora Venturini.