DIARIO DE LA BELLEZA 14 y 2
«Esa joven dama tiene un talento para describir las relaciones de sentimientos y personajes de la vida ordinaria, lo cual es para mí lo más maravilloso con lo que alguna vez me haya encontrado». Walter Scott, crítico de la época, sobre Jane Austen.
Jueves, treinta de abril de dos mil veintiséis
Anoche, como tenía previsto, vi Orgullo y prejuicio, a partir de la novela de Jane Austen, con guion de Deborah Moggach y dirigida por Joe Wright (2005), con Keira Knightley, en toda su esplendorosa belleza de los veinte años.
Fue un espectáculo bellísimo y delicioso, tanto anoche como la anterior: La joven Jane Austen. Ver recreadas lujosamente novelas que cinematográficamente funcionan con ritmo y precisión virtuosa es un placer porque te sitúan en un mundo tan lejano ya, pero pleno de encantos ingenuos y complejos al mismo tiempo: son novelas de amores arrebatados y antiguos, pero al mismo tiempo cercanos porque la palpitación amorosa no acabará nunca para el ser humano.
Las producciones son abundantes y generosas en los recursos, mostrando ricos vestuarios de época, mansiones suntuosas bellamente decoradas, jardines esplendentes, música y muy sofisticados y complejos bailes.
Las novelas de Austen, escritas en plena juventud (murió con 41) en los primeros años del siglo XIX y finales del anterior, se pueden considerar prerrománicas por no haber llegado todavía a las expresiones más intensas y desesperadas del romanticismo de mediados del XIX. El mundo que recrea es el de una clase media acomodada pero no rica y tampoco cosmopolita por habitar en la campiña inglesa, pero en el que hay constantes incursiones en la alta aristocracia por medio de personajes cercanos y pertenecientes a ella.
Probablemente, si estas excelentes películas, a pesar de contar con buenos guiones y realizaciones, con tempos narrativos perfectos y tramas amables e intrigantes; no estuvieran protagonizadas por mujeres de gran belleza: Emma Thompson y Kate Winslet en Sentido y sensibilidad; Anne Hathaway, en La joven Jane Austen; Keira Knightley, en Orgullo y prejuicio y, por último, Anya Taylor-Joy, en Emma, no me habría acercado con tan entusiasmado interés. De hecho, no he leído ninguna obra suya. Literariamente soy muy deficitario del siglo XIX es decir del romanticismo, al que solo me acerqué siendo adolescente.
“Fue Jane Austen quien primero representó la personalidad específicamente moderna y la cultura en la que esta se produce. Nunca antes se había mostrado la vida moral como ella lo hace ver, y nunca se había creído que fuera tan compleja, difícil y exhaustiva. Hegel habla de la «secularización de la espiritualidad» como una característica fundamental de la modernidad, y Jane Austen es la primera en contarnos lo que esto supone”. Lionel Trilling
Hoy veré Emma, que promete dos horas de puro placer. (viernes: en contra de las expectativas, tan prometedoras, la experiencia no fue para tanto, es más, me aburrí un poco, quizá estaba saturado).
Seguiré con las hermanas Brönte, también con excelentes adaptaciones.
La Fotografía: Primer plano de Keira Knightley, colmada de amor por su distinguido y atractivo enamorado. Lo maravilloso del plano y de las historias en sí, de las novelas de Jane Austen, y en las versiones cinematográficas, es que los enamoramientos son creíbles. Quién podría decir que esta mujer, con esa esa emocionada mirada no lo está profunda y apasionadamente ¡qué bonita es la expresión del amor arrebatado! Por eso, nunca podremos desprendernos de ese anhelado sueño. Siempre estaremos dispuestos a enamorarnos del amor, e incluso, a pesar de que sea descabellado, de otro ser humano.