MONÓLOGOS SOBRE ARTE 39.2
“En la guerra política, no hay ni puede haber neutralidad”. Raymond Aron
Miércoles, cuatro de marzo de dos mil veintiséis
… El veintiséis de febrero, por la mañana, tomé un –tren de la muerte- hasta Madrid y volví en otro. Ninguno de los dos me mató y eso estuvo bien; por eso puedo escribir ahora esta entrada. Solo fui a ver las setenta obras que exponía el Museo Thyssen, de Vilhelm Hammershoi. Disfruté de la insólita y maravillosa muestra, de un altísimo nivel pictórico recorrido por una corriente de vibrante emoción, impregnada de belleza.
Hoy, miércoles, sin embargo, llevo un día plano, sin exposiciones ni noticias del mundo ni de nadie en particular. Pero, al menos, me he sentido bien acompañándome sin tensiones ni tristezas. Además, está resultando uno de esos días en que todo lo que he hecho (ahora es por la tarde), lo he realizado con calma y placer. Desde comer hasta leer, e incluso vacunarme preventivamente de una afección dermatológica que me tiene muy contrariado, aunque no me duela nada.
Tampoco me está perturbando demasiado el espectáculo de la política patria, salvo porque estoy escandalizado por el papel que jugamos formalmente nosotros, España, a pesar de que tan solo somos extras de una película que no se rueda aquí.
Suenan tambores de guerra por la que empezó la semana pasada, en la que nuestro gobierno se ha alineado con los “malos”, con los que nos son absolutamente ajenos, que, además, dicho sea de paso, mantienen una cruel dictadura interna que maltrata a sus ciudadanas, especialmente. Los jefecillos de aquí, no se sienten aludidos ni solidarios moralmente por la desigualdad de género: gravemente perjudicial para las mujeres de allí (mueren arbitrariamente); mientras que promulgan leyes que perjudican gravemente a los hombres de aquí.
Son creyentes y apóstoles de la desigualdad (ante la ley, absolutamente inconcebible).
El jefe de nuestro gobierno se ha enfrentado, sin necesidad, tan solo por postureo vanidoso, a los que son nuestros aliados naturales (dejarán de serlo, claro); con el extemporáneo e inane argumento de -no a la guerra-, que tan caro nos saldrá a todos nosotros y también a los iraníes de orden, si verdaderamente contáramos para algo.
Es insoportable e indignante la política errática de este lamentable individuo, gravemente perjudicial para nuestros intereses nacionales. Creo que su imbecilidad infantil e infatuada llega tan lejos, como para verse jaleado en su más execrable vanidad, por Susan Sarandon, que vino hasta aquí la semana pasada para manifestar ruidosamente que –nuestro líder mundial- está en el lado correcto de la historia. Lo que no sabemos es cuanto nos ha costado a los españoles el ridículo discursito de la diva woke. Penoso y patético este desafortunado espectáculo.
Me parece que me estoy liando un poco en la entrada de hoy, pero no más de lo que está el mundo y el circo de nuestras lamentables circunstancias.
Vuelvo a la exposición Hammershoi, que tanto disfruté, porque sus obras, muchas de ellas realizadas en su casa, tanto de espacios y habitaciones vacías, como de enigmáticos personajes, silenciosos, quietos, con semblantes y actitudes físicas propias de los seres que viven en conformidad con su entorno, dulcemente. Para ellos parece impensable el ruido en el que nos agitamos ahora…
La Fotografía: Tarde en la sala de estar, la madre y la mujer del artista (1891). Las obras de este período muestran la influencia del esteticismo de James McNeill Whistler y la cercanía a las corrientes simbolistas (folleto exposición El ojo que escucha, en el Thyssen).