DIARIO ÍNTIMO 146
“Es mi carne lo que en mi alma grita
Horror a la muerte, carnalmente lo grita,
Lo grita sin consciencia y sin propósito,
Lo grita sin otro miedo que el del miedo”.
Fernando Pessoa
Martes, quince de septiembre de dos mil veintiséis
Creo que estoy llegando al final de un ciclo en este diario (es decir de mi vida). No tengo otra vida que la de ir desgranando entradas diarias. Pero, resulta que, hoy, sin ir más lejos, no tengo de nada de lo que escribir.
Me pregunto ¿entonces este asunto ya se ha acabado? No me contesto, me da miedo.
Es sencillo de entender: vivo únicamente para escribir aquí, y si no tengo de lo que escribir, me pregunto ¿me tengo que morir entonces, ya, tan pronto? Eso mismo dijo mi madre paseando por el pasillo del hospital, de mi brazo y del de Naty, poco después de que le hubieran extirpado un cáncer de estómago: -es muy pronto- dijo quedamente como con miedo de hacernos daño a nosotros. Elegante como era, no mencionó la palabra muerte. No heredé su distinción y delicadeza.
Decía el protagonista de una de las novelas que más me han gustado en estos últimos años: El mar, el mar, de Iris Murdoch: “He pensado en escribir un diario, no de sucesos porque no los habrá, sino como un registro de ocurrencias mezcladas y observaciones cotidianas: “mi filosofía”, mis pensées, contra un fondo de simples descripciones del tiempo y de otros fenómenos naturales (…)
Eso es lo que he venido haciendo en estos últimos años, luego tengo que cambiar el tiempo verbal de mi vida a pretérito (ni presente ni futuro). Lo mío es pretérito porque futuro no tengo, tan solo repeticiones cadenciosas de lo sabido, luego automatismos prescindibles. Sí, algo así como vivir en un ambiente anestesiado, como en La montaña mágica, reposando en una tumbona en un corredor, con una manta sobre las piernas, mirando las montañas lejanas al fondo, en un estado de dulce y melancólica reflexión sobre el hecho de haber vivido, aunque haya sido sin causas mayores…
La Fotografía: “La materia conserva un espacio, mantiene el tiempo viejo metido en un espacio. De ahí, de nuevo, y por enésima vez, mi error a la hora de incinerar a mis padres. Las tumbas son lugar donde rememorar lo que ya no tiene tiempo, pero si espacio, aunque sea un espacio óseo”. Manuel Vilas (Ordesa)