DIARIO DE MI FELICIDAD 24.1
“Como escribió el poeta Fernando Pessoa: -El tiempo en que festejaban mi cumpleaños, yo era feliz, y nadie estaba muerto-. Por eso era feliz. Porque todavía no había llegado la falta de lo amado. Una vez que esto ocurre, la felicidad es una visita efímera que en cualquier momento decide retirarse. Los únicos cielos posibles son los cielos breves. Cielos de abrazos, sonrisas o gemidos, cielos de amistad o erotismo. De ternura y reconocimiento. Instantes fugaces que iluminan la existencia por un rato”. Gabriel Rolón
Miércoles, diecinueve de agosto de dos mil veintiséis
Si, mi felicidad, pero retroactiva; hoy la entrada es un -me acuerdo- pero que he traído a este capítulo, ya traducida en sensaciones o emociones y, especialmente recuerdos.
Por cierto, y ahora que caigo, me pregunto ¿qué es la felicidad? No me contesto porque no lo sé. La RAE dice: “Estado de grata satisfacción espiritual y física”, puede que sí, pero se me antoja simplista. Leo a autores que escriben libros para desentrañarla; de hecho, el último hace nada: El fracaso de la felicidad, de Jesús G. Maestro. También en mi ordenador conviven cientos de citas sobre el tema, en plena contradicción unas con otras.
Milenios intentando saber, pero los humanos seguimos empantanados porque es el secreto mejor guardado de la existencia humana, como el amor. Nadie sabe qué es una cosa y otra. Hay tantas felicidades posibles como seres humanos existen y han existido; y en justa y equilibrada correspondencia, lo contrario.
Entre las muchas a las que podía haber elegido como introducción, he optado por una de Rolón, sencillamente porque es a quién estoy leyendo ahora. Por cierto, que gran teórico e intérprete de la práctica psicoanalista y que horrendo novelista en lo que se refiere, especialmente, a las descripciones de situaciones amorosas y sexuales (de una cursilería de sonrojo e incomodidad literaria); aunque sí sea capaz de montar tramas intrigantes con tempo bien medido y a ritmo del fluir del subconsciente. Investiga ayudado por el psicoanálisis, la mitología griega y decenas de referencias literarias, y eso es de agradecer.
No quiero desorientarme, que hoy llego al diario con fórmulas propias, no para ser feliz, sino, tan solo, para combatir el asedio de la infelicidad. Adelanto, grosso modo, una estrategia muy sencilla y fácil de cumplir, que procuro aplicarme con empeño: -no desear nada que esté más allá de mi horizonte doméstico y cotidiano (clausura).
Sí, ya sé, es un plan defensivo, pero ya la vida no me alcanza para más.
Tendré que seguir mañana porque se me está acabando el espacio reservado para hoy…
La Fotografía (1): Para entrar en situación, me he levantado muy temprano (de noche), y me he acercado al espacio donde se despliega la feria de la ciudad, que tan feliz me hacía hace sesenta años. Uno de los aparatosos ingenios para hacer feliz a la gente, que he fotografiado en la madrugada de hoy, en el espantoso y aterrador recinto ferial actual de mi ciudad…