Me acuerdo de nuestros viajes a Lisboa
“Y es que la nostalgia de un lugar sólo enriquece mientras se conserva como nostalgia, pero su recuperación significa la muerte”. Enrique Vila Matas
Jueves, cinco de febrero de dos mil veintiséis
Fueron muchos, de 1990 a 2018, siete concretamente, los viajes que hicimos a Lisboa Naty y yo. En esos años también a otras ciudades de Portugal: Sintra, Nazaré, Oporto, Coímbra, Aveiro, Setúbal, Évora, Braga, Lagos… Ya no volveré a Portugal, ni a Chicago, ni a París, ni a Roma, ni a Florencia, ni a Berlín, ni a Pekín o la India, ni a México DF, ni a Munich, ni a Viena, ni a Bucarest, ni a Londres, ni a Varsovia, ni a Constantinopla, ni a La Paz, ni a Nueva York… ni a ninguna parte, maldita sea. Tampoco a Arizona, y ahí me gustaría, pero no, tampoco lo haré.
Ahora, estoy pensando en viajar a Andalucía en mayo, tal vez a Málaga o a Sevilla… o a ninguna parte, que será lo más probable.
Mi deseo de viajar, en caso de que exista (ya no me encuentro los deseos), estaría en hacerlo a Castilla León o Teruel; quizá a Castellón, donde estuve hace veinticinco años, pero aparte de Morella, no vi nada más.
¿Iría este año a Lisboa, si pudiera? La verdad es que sí; pero en ningún caso solo; luego, no iré. Me atemorizan las gentes extrañas que viven lejos, las otras culturas, los otros idiomas. En mi propio país, a los territorios donde se hablan otras lenguas, tampoco quiero ir. No me entiendo con ellos (tampoco me gustan esas gentes envueltas en trapos de colorines).
Mis deseos ya no pasan por viajar ni por nada.
¿Siento nostalgia del hecho de viajar? No lo sé. ¿Me ha gustado hacerlo? A veces sí, otras, no tanto.
En caso de sentir deseo de ponerme en camino más bien sería por la idea, solo por ella y no por desearlo realmente. Sí, puede que sienta nostalgia de lo que teóricamente supone viajar; más allá de las manidas ideas de conocer otras realidades, otras gentes, otras emociones… pero, pensándolo un poco más, a la mierda con eso. Me insisto sin necesidad.
Viajar era, por encima de cualquier otra necesidad, fotografiar. En mi ciudad no fotografiaba apenas (me faltaba motivación); pensaba y sigo haciéndolo, que los motivos fotográficos saltarían a mi mirada, por doquier; luego a mis cámaras y sí, eso era correcto: el 80% de las fotografías que he hecho en mi vida las realicé en mis viajes.
Voy un poco más allá: ¿Esa circunstancia ha significado alguna modificación sustancial en mi manera de vivir o estar en el mundo? No lo creo. Mi abuelo, del que hablé ayer, que no viajó nunca, eso no le hizo ni mejor ni peor ser humano; igual que a mí, que sí viajé y fotografié, pero que a fin de cuentas tanto nos parecemos, mi abuelo y yo.
No parece que hoy se un buen día para mí; pero sí, tan bueno o malo como ayer; es más, cuando he llegado a la cocina a las siete de la mañana, he puesto música y he bailado un ratito, Me ha gustado hacerlo porque en ese preciso y único instante pensaba que todavía algo sería posible en mi vida (Rocío Dúrcal: La gata bajo la lluvia).
La Fotografía: Ayer comí cocido con Naty y su familia en un pequeño pueblo cercano (no parece que desagrade a esas personas, y se empeñan en invitarme, aunque ya no sea de los suyos). El caso es que cuando volví a mi torre de clausura, dado que Naty había estado cerca en la comida, hizo que me acordara de que tenía algunas fotos suyas sin revelar (digitalmente, porque analógicamente lo están hace años). Revelé seis, todas de nuestros viajes a Lisboa a lo largo de los años. Esta, concretamente, de 2011, está realizada en la estación de Cais de Sodré, a la misma orilla del Tejo. Hicimos muchas fotos a la caída de una tarde de agosto. Desde ese punto, costeando, se puede llegar en tren hasta Cascais y Estoril, además de a playas en el recorrido (Oeiras, Cacavelos…). Cerca se encuentra el Mercado da Ribeira; o el mirador de Santa Catalina o el elevador da Bica hacia el Barrio Alto. En esa tarde, además de esta, hice algunas fotos maravillosas en ese sitio, y fue posible porque Lisboa era inspiradora y en ella la belleza brotaba espontáneamente, como la de Naty en esta imagen para la memoria.