18 JULIO 2026

© 2026 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2026
Localizacion
Sevilla. Museo Bellas Artes.
Soporte de imagen
-DIGITAL 51.200
Fecha de diario
2026-07-18
Referencia
11735

Los MICROVIAJES 6 y 3
“El dogma de la Inmaculada Concepción se proclamó el 8 de diciembre, de 1854. Pero ya dos siglos antes, un amante de la Virgen que no era ni sacerdote ni teólogo, había preparado el camino dándola a conocer por todo el mundo bajo ese magnífico título. Se trata del gran pintor español Bartolomé Esteban Murillo, quién vivió en Sevilla desde el año 1617 hasta 1682”.
Miércoles, veintiséis de mayo de dos mil veintiséis

… No estábamos preparados para enfrentarnos a la ingente cantidad de obras de excepcional nivel artístico e histórico que se exhibían. Claro, estoy hablando de la segunda pinacoteca después del Museo del Prado.
La mayor cantidad de obras por autor correspondían a Murillo y Zurbarán, pintores sevillanos de formación, el uno nacido en Sevilla y el otro en Fuente de Cantos, Badajoz. Ambos pertenecientes a la mejor representación del barroco andaluz, junto con otros sevillanos coetáneos como Diego Velázquez, Alonso Cano o Juan de Mesa y Martínez Montañes, en escultura.
De todos ellos había obras importantes en el Museo.
Íbamos de sala en sala impresionados por la magnificencia de las salas y la impresionante calidad de las obras. Algunos de los autores destacados: Lucas Cranach, El Greco, Francisco Pacheco, Juan de Valdés, Alonso Velázquez, José de Rivera, Alejo Fernández, y, especialmente, algunas obras singulares para mí, como San Hugo en el Refectorio, de Francisco Zurbarán; Sagrada cena, de Alonso Vázquez; retrato del canónigo José Duaso y Latre, de Francisco de Goya.
Memorable visita, sin duda.
Después no me acuerdo lo que hicimos, creo que volver al hotel a dejar la impedimenta (cámaras), dar un paseo e ir a cenar a nuestra zona de referencia para estos menesteres: La Alameda de Hércules.
Grandísimo día de viaje.
La Fotografía: Una de las salas con obras de gran formato, aunque no recuerdo cuales eran. Visité el museo en un estadio de ensimismamiento bajo los efectos de la grandiosidad de todo lo que veía. Tengo la impresión de que para poder absorber con mayor profundidad todo lo que nuestra historia del arte y nuestra cultura nos ofrecía, única, sin duda, y digna del mayor orgullo para quienes posean un mínimo de sensibilidad y sensatez histórica. Tendría que volver a visitarlo, ya avisado, claro.

Pepe Fuentes ·