MONÓLOGOS SOBRE ARTE 39.3
“No hay más que una forma de tranquilidad mental y felicidad, y es no tomar las cosas externas como propias”. Epicteto
Domingo, ocho de marzo de dos mil veintiséis
… Hammershoi estuvo a lo largo de su carrera, especialmente en la primera época, muy influenciado por la pintura holandesa del XVII. En su obra se puede ver perfectamente a Vermeer -otro pintor intimista como él.
Sus personajes, especialmente mujeres que habitan sus espacios silenciosos, en los que su actividad callada consiste en leer, coser, colocar platos en una mesa, o interpretar música en un piano, desprenden una gran paz en sus semblantes y actitudes.
Me pregunto si ese estatismo o concentrada actividad doméstica era consecuencia de la indiferencia, como dijo Epicteto; o de una tranquilidad y compleja vida espiritual; o de la asunción de un ritmo vital y ordenación del paso de tiempo como única posible.
En sus obras de interiores, habitan mujeres que leían una carta, cosían, colocaban un plato en la mesa o interpretaban música en un piano. El trazo es mucho más relajado, hay mucha más ambigüedad, pero esa mirada minuciosa a la intimidad es la misma que en obras de dos siglos anteriores, de Johannes Vermer, por ejemplo.
Una de las razones por las que mi mirada se queda atrapada, hechizada con las composiciones y personajes de este pintor es porque evocan una realidad espacial y humana, impregnada de reflejos existenciales que recuerdan incluso al cine de Dreyer o Bergman. Sus cuerpos y expresiones resultan impenetrables, aunque desprenden una tranquila conformidad o una trascendencia desesperada o vencida. No consigo inferir si eran felices, si vivían su vida con plenitud, o padecían una insondable e irremisible desesperanza y contenido conflicto. O, simplemente, se aburrían hasta el adormecimiento.
A pesar de esa ambigüedad caracterológica y vivencial que imprime Hammershoi a sus personajes, la belleza de la concepción, sus engañosamente sencillos encuadres (en realidad son complejos), además de su depurada técnica, convierten sus obras en inolvidables…
La Fotografía: El lutier Emil Hjorth encargó a Hammershoi esta obra monumental en 1895. Tres figuras sentadas aparecen absortas, formando una suerte de friso. Ida está flanqueada por sus dos cuñadas: Ingeborg, esposa de Peter Ilsted, y Anna, la hermana de Hammershoi, cuyos labios están entreabiertos y parecen leer un libro en voz alta. Su perfil evoca el de las figuras de James McNeill Whistler, que eran muy muy conocidas en el último cuarto del siglo XIX (Información facilitada por el museo Thyssen)