5 AGOSTO 2026

© 1982 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
1982
Localizacion
Mojácar, Almería
Soporte de imagen
-35 MM- TRI X 250
Fecha de diario
2026-08-05
Referencia
5355

DIARIO DE LA BELLEZA 16
“Es pavoroso si uno piensa en la gran cantidad de cosas que hemos olvidado para siempre”. Enrique Vila Matas
Lunes, tres de agosto de dos mil veintiséis

A duras penas me acuerdo de los “veraneos”, y de este, el de mil novecientos ochenta y dos, solo gracias a la fotografía de hoy.
Fue en agosto, hace ahora cuarenta y cuatro años.
Un amigo muy querido de entonces, aunque eso no lo sé del todo ¿hasta dónde quisimos a los amigos de hace décadas? O a las novias, o a las esposas, o a la gente en general. Todo es pasto de olvido. Una vez más me estoy dispersando… ese amigo nos regaló una gran tienda de campaña, y nunca mejor dicho porque era de su padre, que fue general del ejército, supongo que en la primera parte del siglo XX. En la tienda se podía estar perfectamente de pie y hasta pasear por el interior. Claro, eso suponía que para montarla era preciso seguir unas pautas complejísimas y saber aplicar una lógica mecánica para dar sentido a las decenas de barras metálicas del armazón.
Con semejante artilugio que nos supuso una gran alegría el que nos la regalara nuestro amigo, salimos en nuestro lento Dyane en dirección a Mojácar, donde había un camping. Nuestros planes eran pasar unos días (no recuerdo cuántos), en la dichosa tienda. Íbamos, aparte de mí, de 29 años; Carmen, mi mujer de entonces, 27; y Gabriel, mi único hijo, de 6.
Nada más llegar al pueblo, en torno a las cuatro, un gran bache nos reventó una rueda. Pasamos la tarde estresados buscando un taller y solucionando el problema. Y, luego, al atardecer, al camping (siempre he odiado esos lugares de hacinamiento precario).
Una vez que descargamos la tienda y sus muchas barras de hierro, me quedé mirándolas horrorizado porque no tenía ni puñetera idea de cómo empezar a montar el diabólico artilugio. Además, nosotros nunca habíamos sido campistas, luego tampoco sabíamos cómo había qué comportarse y actuar en semejante campo de concentración, ni idea.
El caso es que se nos hizo de noche y la tienda seguía destartalada, más próxima a caérsenos encima que mantenerse en pie. Los eventuales vecinos viendo que no lo conseguiríamos se apiadaron de nosotros y nos echaron una mano. Sí, dormimos en la tienda monumental e histórica, una antigüedad digna de mayores honores que un vulgar camping.
No acabó ahí el despropósito porque al día siguiente tuvimos que lavarnos en las instalaciones ad hoc comunes. Y fue justamente ahí donde yo me quebré; reuní a Carmen y Gabriel y les dije presa de una gran agitación nerviosa: aquí no seguimos ni un minuto más ¡¡¡vámonos!!! Ahora mismo.
No les di tiempo para que protestaran (decisión patriarcal, lo que nunca he sido). Para mí, la situación era de rechazo visceral e incontenible.
Desmontamos el infernal artilugio, lo cargamos en el coche y salimos disparados del maldito camping. Pero, claro, la situación no era fácil ya que era agosto y no teníamos hotel. Una seria dificultad. Además, teníamos muy poco dinero. Seguimos costa adelante y fuimos parando en todos los hoteles cutres que nos íbamos encontrando. En ninguno había habitación. Hasta que, ya por la tarde me parece recordar, encontramos uno horrible. Allí nos quedamos.
No tengo ni idea de lo que hicimos el resto del “veraneo”, para mí de tortura. No guardo ningún recuerdo, todo borrado.
La Fotografía: Carmen, acercándose al agua en una de las playas. Ahora (y entonces), me pareció una maravillosa imagen porque así era Carmen, una bellísima mujer. También tengo otra parecida de Gabriel, en la que está guapísimo con su melenita rubia y como niño esbelto y estilizado que era. Entonces se daba un aire a Tadzio, el personaje de Muerte en Venecia, de Luchino Visconti, pero más pequeño. Menos mal que en ciertos momentos de mi vida me ha salvado la belleza con la que conviví a lo largo de muchísimos años.

Pepe Fuentes ·