DIARIO ÍNTIMO 147.2
«Para cuerpos sin audacia no está hecha la voluptuosidad de este calor». Konstantino Kavafis
Miércoles, siete de octubre de dos mil veintiséis
… Y hablando de mujeres, hay otras, al menos una o dos más. Intocables todas.
El lunes llegó mi amiga (calificativo demasiado grande), mexicana y residente en Nueva York, terapeuta de prestigio, conferenciante, docente y ensayista, nada menos. Me lo hizo saber, aunque ya estaba enterado de que vendría desde hace unos meses. Quedamos en vernos a través de mensajería (nuestra incierta y no confirmada amistad no da para conversar mediante una amigable y espontánea llamada). Sospecho que cuando dos personas no se atreven a marcar un número y charlar espontáneamente de viva voz, es que ahí no existe nada de nada y menos amistad. Solo formalidad soluble en el tiempo líquido.
No obstante, hemos quedado en cenar en Madrid el próximo martes. ¡Veremos!
Hoy es el cumpleaños de mi amiga Pilar, con la que sí hablo con frecuencia, aunque tampoco nos hayamos visto nunca. Ahora, inevitablemente, las relaciones sociales (humanas), tienden a la invisibilidad (efecto inevitable provocado por el miedo y la desgana). Eso comporta que contacto físico formal tampoco.
Ya no hay apetencia y necesidad de otra piel u otro cuerpo. Aunque sea sin implicaciones sexuales.
Hace ahora un año, me despedí con un beso de una conocida con la que había tomado una copa y todavía recuerdo la ligera pero evidente presión de sus tetas en mi pecho. No se me olvidará la emoción; probablemente será la última ocasión en la que habré sentido un cuerpo de mujer tan cerca. No creo que haya otro momento y me moriré con ese recuerdo, tan escaso y torpe, que no sé si fue deseante (por mi parte claro que sí).
Entre los viejos esa posibilidad ya no es real porque nos da un poco de asquito a poco que nos desanimemos.
Había pensado para hoy escribir de política, pero mi pequeño campo de intangibles acciones humanas se ha comido el crédito de palabras.
Ah, y por cerrar el asunto de las presencias físicas de los otros (perdón, otras), ya ni existen ni existirán. Bueno sí, el lunes me rapó la cabeza mi peluquera (mujer joven y deseable), pero con la máquina rapar de por medio; y mañana iré a que me vacunen de la gripe (una mujer vieja y nada deseable), con una aséptica aguja de por medio. Menos mal.
La Fotografía: Esta imagen es perfecta para hoy: por un lado supone continuidad del cuento de anteayer, la película Smoke, en la que Harvey Keitel, maduro ya aunque joven todavía, en 1995, década en el que la relaciones humanas eran radicalmente distintas a este momento, abraza a una abuela ciega y desconocida; no obstante la abuelita de otro nieto que no es Harvey, siente una profunda emoción por el abrazo, aunque sabe que no es su nieto; pero para ella es un ser humano y eso es suficiente para su felicidad. Sin embargo, la mirada de Keitel denota entregada ausencia, aunque no rechazo. Ahora, un momento como ese sería impensable. Los desconocidos alejamos los otros cuerpos reactivamente. Son materia radioactiva.