7 JUNIO 2026

© 2026 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2026
Localizacion
Málaga, ZZPUB. Mayo 2026
Soporte de imagen
-DIGITAL 500
Fecha de diario
2026-06-07
Referencia
11536

Los MICROVIAJES
A Málaga y Sevilla: día 1 y 4
“Me siento salvaje en el disco bar,
se acelera mi ritmo vital,
mujeres peligrosas llegan a ligar.
Sábado lleno de chicas pegajosas
como caramelos podridos.
Mujeres enseñan su atractivo fatal,
una tormenta está por estallar,
cubalibres antes de empezar…”.
Caramelos podridos- Canción de Los Ilegales (1986).
Sábado, veintitrés de mayo de dos mil veintiséis

… Volvimos al hotel, nos duchamos y arreglamos para salir a cenar de sábado noche. Tomamos un cabefy para llegar a la zona de máxima afluencia de gente, en el centro, al norte del puerto. Naty, previamente, había localizado un restaurante que resultó un abarrotado bar de tapas y cervezas. Decidimos buscar una terraza donde cenar ya que había muchas pero todas abarrotadas. Finalmente encontramos una y cenamos, ni bien ni mal, platos típicos de turisteo.
También había localizado un bar de copas y rockear, en la zona. Allí que nos plantamos. Nos costó quince euros por cada uno, con derecho a una copa o dos cervezas y asistir a un concierto. Razonable el intercambio.
Entramos, claro, se llamaba ZZPub. Era un local pequeño, abarrotado de gente madura, carrozones con indumentaria de verano y tripitas cerveceras, exactamente como yo. También había algunas mujeres ostensiblemente viejas, hombres también, pero menos. Y luego estaba yo, que era el prototipo del fugado de un geriátrico de terminales. Me importaba una mierda la circunstancia.
La transformación de Naty comenzó paulatinamente y alcanzó su pleno apogeo cuando apareció en escena la banda que ofrecería una actuación y que, según dijeron, eran de Murcia..
Al lado tenía una mujer madura, sólida y cariancha, sentada en una banqueta alta con falda corta, mostrando unas piernas poderosas abiertas ostensiblemente, que despertó en mi un loco deseo de adentrarme en la oquedad prometedora de su entrepierna y que no me explicaba, aunque lo hice diciéndome cariñosa y tranquilizadoramente que así es la naturaleza de las mórbidas inclinaciones, incluidas las mías.
Después de media hora de actuación, en torno a las doce y media, los de Murcia, dado que eran mayores también, decidieron descansar y me dije, esta es la mía, ahora es cuando hay que salir pitando. Se lo dije a Naty que me miró como si estuviera loco porque ese era el momento y lugar en el que ella se encontraba en su propio paraíso, en el éxtasis que le supone encontrarse en un bar pleno de ambiente y buen rollo y seguir estando hasta altísimas horas de la madrugada. En esos momentos es feliz porque siente la alegría y el placer de sentirse viva. Ella en la noche se transfigura (practica la licantropía, supongo, porque pruebas no tengo). Al ver el rechazo de mi propuesta, la miré con el mismo estupor que ella a mí antes. Por mi parte no estaba dispuesto a arruinar la mañana del domingo durmiendo destruido por culpa de los de Murcia y el ambiente de viejos rockeros malagueños.
Frustrada y a regañadientes accedió a que nos fuéramos; no obstante, flexible como soy, le dije que podía quedarse si quería (faltaría más), pero que yo me iba a dormir. El local ya no me ofrecía nada de interés: a la odalisca sentada cerca como una reina de la noche (no se movió en todo el rato) no la seduciría (ni ella a mí, porque dudo que estuviera interesada); y los de Murcia ya me habían entregado su esencia y secretos guitarreros Punk.
La Fotografía: No supe cómo se llamaban, solo que habían venido desde Murcia. Comenzaron versionando a grupos estrella del punk rock patrio de los ochenta y eso me animó mucho (yo, aparte de agnóstico y desesperanzado, soy Punk). De ahí, pasaron a intentar vendernos su producto e impronta porque por algo eran de Murcia, es decir creaciones propias y, como por ensalmo el encanto se desvaneció. No entendía nada de lo que decían sus letras, porque tocar lo hacían lo mismo para unas canciones y otras. Me cayeron bien, parecían simpáticos y amigables, especialmente uno muy feo con sombrero negro que tenía más cerca. Con las versiones, ganaban; con las suyas perdían, quizá porque no me resonaban en la memoria.

Pepe Fuentes ·