12 FEBRERO 2026

© 2026 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2026
Localizacion
PELICULA: Las habitaciones rojas, de Pascal Plante, 2023-
Soporte de imagen
-DIGITAL 10000
Fecha de diario
2026-02-12
Referencia
11393

COLECCIÓN DE MISCELÁNEAS 108
“El diablo es un optimista si cree que puede hacer a la gente peor de lo que ya es”. Franz Kafka
Lunes, nueve de febrero de dos mil veintiséis

El fin de semana ha pasado sin pena ni gloria. Podría ahorrarme una entrada, justo en la que doy noticias de mis fines de semana.
El único momento de una cierta intensidad fue frente a la pantalla del televisor, el sábado, desde muy temprano, apenas caída la noche. No aguantaba en la clausura. No tenía ganas.
El día anterior habían estrenado una película muy celebrada por la crítica: Un simple accidente, de Jafar Panahi (Irán) 2025. Vahid, un mecánico reconoce a uno de sus sádicos carceleros de cuando fue preso político. Al parecer ese individuo (Eghbal), infligía a los presos torturas insoportables e indecibles humillaciones. Era un integrista del régimen dictatorial religioso; que, por cierto, llevamos un tiempo sin saber qué está pasando con las protestas populares (los habrán matado a todos ya, me temo). El caso es que la película, que parte de un planteamiento moral y justiciero interesante, se diluye rápidamente en la anécdota y en un cine popular amable, de sesión de sábado con palomitas (yo no tenía ni palomitas ni ganas de pactar con la temerosa amabilidad).
Como la película me dejó completamente insatisfecho, busqué otra que me consolara con una sobrada dosis de maldad, que acallara mis bajos instintos provocados por un altísimo nivel de frustración ¡de sábado noche sin planes y pasivo hasta la catatonía!
Afortunadamente caí en otra película (sesión doble): Las habitaciones rojas, de Pascal Plante (2023), canadiense.
Y esta sí, me satisfizo tanto que la vi hechizado por la inquietante belleza de la protagonista (Juliette Gariépy, y también Laurie Babin), pero no solo, sobre todo me interesó hasta la emoción la historia en sí, con unas ceremonias del mal absoluto, que solo se cuentan, pero no se ven; y no solo, insisto, sino que el modo de contar y los originales giros de guion me mantuvieron prendido a lo que sucedía en la pantalla a lo largo de todo el metraje. Fría como el hielo, pero de una belleza memorable.
Me salvó de un sábado lluvioso y también terrorífico por su vaciedad.
En contra de lo que me pasó con la serie que vi a lo largo de la semana, también sobre el mal absoluto (Las muertas); esta no me provocó pesadillas ni mal dormir.
El domingo no pasó nada, en todo el odioso día. No tuve ganas de hacer.
A las nueve, después de cenar, me dispuse a ver un partido del Madrid, pero, a los pocos minutos ya estaba adormecido. Puede que el considerado mejor equipo de la historia del fútbol, últimamente, sea el equipo más aburrido, también de la historia. El puto partido me aplanó tanto el estado de ánimo, que ya venía jodido de todo el día (por la mañana pasé unas horas limpiando la casa); que cuando me despabilé, justo después de enterarme de que habían ganado, me acosté.
Dos horas después me despertó una crisis febril sin causa, salvo, tal vez, un síntoma mal metabolizado de un mal fin de semana.
No, últimamente, no va bien la cosa por aquí.
La Fotografía: Imagen de la sala de juicio de la película: Las habitaciones rojas, que tanto me gustó. Nunca había visto en cine un diseño de una sala de enjuiciamiento tan racional y perfecta: todos los intervinientes (con el jurado al fondo, junto al juez-presidente); dispuestos en un orden impecable y en un atmósfera severa y funcional como un quirófano. Si algún día mato a alguien y me tienen que juzgar, preferiría que fuera en una sala como esta.

Pepe Fuentes ·