DIARIO DE LA BELLEZA 13 y 2
“Islandia es un país desconocido al que van los dos protagonistas, se dirigen a ese país que es un viaje físico también, que se da en la realidad y es hacer un crucero: van a Islandia. Y en Islandia descubren un país nuevo emocionalmente para ellos, que es el país de la amistad: Hemos sido marido y mujer, hemos sido pareja y ahora vamos a ser los mejores amigos del mundo. Esa transformación del amor de pareja a amor de amistad es posible”. Manuel Vilas (entrevista promocional de la novela)
Viernes, veinte de marzo de dos mil veintiséis
… Ayer y otros días: he venido dando una cerrada ovación a la última novela de Manuel Vilas, como siempre hago porque no en vano es mi escritor preferido. Hoy no, hoy y sobre la misma obra, elaboro una intensa refutación dirigida al sentido y orientación misma de la obra.
El punto de inflexión ha surgido a partir de la argumentación del autor en un video promocional, en el que defiende y celebra como un alegre adolescente que ha descubierto la amistad como apoteósico final del enamoramiento hacia su exmujer.
Demasiado ingenuo o simplista, querido amigo, o al menos no es una circunstancia digna de ser señalada gozosamente, porque es una alternativa de emergencia para una dramática ruptura y salida por la puerta falsa.
Y no, la proclamada amistad, es tan solo un eufemismo para nombrar una circunstancia absolutamente normal, por no decir banal, de lo que nos pasa a los humanos que necesitamos o nos creemos el amor.
Afirmo: si fue cierto el enamoramiento que él dice sentir por Ada; recibir una frase como -ya no estoy enamorada de ti- es dramático y no se puede convertir en un gesto mirífico culminado triunfalmente con un pueril: –hemos descubierto la amistad, y se llama Islandia-, y además lo novelo y se convierte en un bestseller. Todo ese proceso, me suena a impostación, y lo siento. Ada o Ana o como quiera que la llamemos ahora, le dice a Manuel: -te vas a forrar con la novela- esa era la premisa, pero del pacto no conocemos la letra pequeña. No quiero pensar que el desgarro del sentimiento amoroso tan solo sea una estrategia promocional, con ganancias pactadas, para que todo el mundo compre la novela cantando y bailando, porque el final del amor de cualquiera siempre quedará Islandia. Y todo será maravilloso, vital y prometedor…
La Fotografía: No sé, hoy no se me ocurría ninguna foto que traer y de pronto me he acordado de un cineasta al que admiro profundamente porque es genial plasmando las contradicciones humanas: Roy Andersson, fotograma de su película: Sobre el infinito (2007)