Diario de la Soledad 15.1
“Tal vez lo más complejo de la soledad sean sus contradicciones. Por un lado, nos aterra, también nos define, nos ahoga y nos hace libres. Nos separa de los otros y al mismo tiempo nos revela quién somos. La soledad no es una condena, es parte de la condición humana”. Gabriel Rolón
Lunes, veinticuatro de agosto de dos mil veintiséis
El fin de semana ha sido una mierda, un asco. Aunque no haya ocurrido ninguna desgracia, salvo la de siempre, que no es otra que un cierto malestar de fondo, y nada más. Sí, pero es lo mismo, siempre lo mismo. Y ya cansa.
Se han dado dos circunstancias adversas e infrecuentes: una, no hablar con mi hermano (todos lo findes hablamos al menos una hora), y eso es reparador para mí, porque de vez en cuando reímos y eso nos sienta bien a ambos; y dos: tampoco he hablado con Pilar (últimamente lo hago a diario), en nuestras conversaciones reímos menos, quizá porque nos conocemos hace poco y no nos hayamos pillado el punto; o porque soy soso.
Al ser ambos heterosexuales, podríamos ser objetos de nuestros respectivos deseos. Pero, que va, tampoco.
Hemos teorizado sobre la posibilidad de conocernos, hacernos presentes en cuerpo y alma (esta, se manifiesta en los gestos, y en los perfiles o contornos físicos, es decir en la apariencia, en la mirada y la risa), pero se da la adversa circunstancia de que vivimos a 160 km y aunque es importante, no es lo que más; porque es mayor obstáculo comenzar desde cero algo incierto y exigente.
Ante lo que podría resultar inseguro, preferimos la vida estable, previsible, rutinaria y conocida. La puñetera estabilidad inestable de lo conocido, siempre mortalmente aburrida, al menos en mi caso. Para mí, que no para ella, que tiene círculo social y por lo tanto conversa y ríe; mientras que yo no lo hago nunca porque circulo social no tengo, y para más inri ni siquiera lo quiero.
Retomo y resumo: en los tres últimos días no he hablado con nadie, salvo porque a última hora de ayer, me llamó Pilar (creía que había renunciado a relacionarse conmigo). Al parecer todavía no.
Además de los tres días de silencio, tampoco me he reído; aunque sí un poco viendo dos videos de Mauricio Kartun, porque es un tipo muy divertido y vital, además de literato, argentino, y, sobre todo, dramaturgo. Su alegría de vivir es desbordante y contagiosa. Da gusto verle expresarse con un sentido del humor chispeante y seguro de sí mismo. De él hablaré, tal vez, mañana o pasado. Es interesante el tipo, además de no parecer preocupado por su edad (79 años) …
La Fotografía: Piso cerrado, que no abandonado, al que tuve acceso en 2012. Pasé una tarde fotografiando habitaciones como esta (también un pasillo de sombras ominosas con marcos desvencijados y vacíos, en los que yo actué con un disfraz siniestro como heraldo de la fatídica soledad). Me gustaba hacerme el funesto en lugares perdidos y olvidados, pero en los que habían vivido gentes que no fueron felices. Mi vieja cámara analógica leía esas adversas circunstancias con lúcida e infalible intuición existencial.