21 ABRIL 2026

© 2026 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2026
Localizacion
Película, El desencanto, Jaime Chavarri (1976)
Soporte de imagen
-DIGITAL 12.800
Fecha de diario
2026-04-21
Referencia
11510

DIARIO DEL ESPANTO 8.1
“Soy el rey de la nada
y rezo porque ya no existo.
Mi mano sembrada de dioses
reza ante un ser que no existe”.
Leopoldo María Panero (Esquizofrénicas, 2004)
Lunes, veinte de abril de dos mil veintiséis

Siempre he querido estar o ser un loco, ha sido mi sueño incumplido; pero no esa locura embrutecida pasto de pabellones psiquiátricos alienantes y sucios. No, en mi sueño, a lo que siempre he aspirado pasivamente ha sido una locura como atributo del talento, distinguida y artística, algo así como la que exhibe Leopoldo María Panero en El desencanto, de Jaime Chavarri (1976). Bien es verdad que él progresó mucho, como sus hermanos, en la penosa ascensión de la enajenación (cuando llegas a la cúspide es el momento de arrojarte por la otra cara, la vertical, y matarte.
La pregunta es: ¿un mediocre con aspiraciones (artísticas), cambiaría su triste condición por el talento, la brillantez y el éxito, eso sí, a cambio de vender su alma al diablo y enloquecer? Esos diabólicos tratos solo son asumibles desde el valor, el arrojo y la inconsciencia, tal vez. El genio no es cosa de cobardes.
En lo que a mí se refiere, como quimérica ensoñación, si hubiera sido valiente habría aceptado el trato; pero como cobarde que soy, no me cuadra el arreglo.
Leopoldo M. Panero, alcanzó la dudosa titulación de esquizofrénico, contrastada por su paso por cinco hospitales, residencias o manicomios, como le gustaba llamarlos a él. Toda su vida de uno en otro, alternándolos con la cárcel, desde principios de los ochenta, donde le ingresó su madre por drogadicción.
Todavía recuerdo la enorme impresión cuando vi el estreno de la película de Chavarri (1976), que me dejó, por un lado, admirado y por otro frustrado desde mi poquedad, al admirar la genialidad de la familia. En aquella valiente y lúcida aproximación, irrepetible y maravillosa, toda la familia Panero (salvo el padre, poeta célebre de su época, Generación del 36, y muerto en 1962, a los 52 años), me pareció fascinante en su extravagante excepcionalidad. Felicidad Blanc (63 años en la película), y sus tres hijos, Juan Luis (34), Leopoldo María (28), José Moisés “Michi” (25). Todos poetas y escritores (Felicidad escribió cuentos, pero calladamente), todos genialoides, atormentados y estruendosamente divertidos, sobre todo Leopoldo María. En años siguientes he vuelto a ver la película a veces (anoche, fue la última).
Por mi parte, solo he deseado (sin mover un dedo para conseguirlo) el aspecto lindo y simpático de la locura; nada de oscuras y sórdidas esquizofrenias. Pero claro, eso es imposible; la gente corriente no enloquece, solo se aburre.
Los Panero, insigne familia entre la extrema lucidez y la alienación adicta y autodestructiva, se han extinguido todos sin dejar descendencia. Fin de raza…
La Fotografía: En la foto, el espléndido Leopoldo María que aparece en la película, con una expresión cómplice y satisfecha, completamente integrado en su mundo de enloquecidos letraheridos y lúcidos noctívagos. En la película se muestra brillante, impúdico e incisivo con el resto de la familia (indudablemente, como poeta y escritor, era el referente de la familia). Luis Antonio de Villena, compañero de correrías en aquellos años, aunque luego se distanciaron como no podía ser de otro modo entre un integrado y un desintegrado, escribió miserablemente con motivo de su muerte, mezclando lo que no debe serlo: inspiración y circunstancias personales (como la salud mental), sencillamente porque son cosas diferentes: “Creo que el “monstruo” final, muy desdichado, vale menos que el joven atrevido y procaz del inicio. Leopoldo es un grande, pero no por su biografía, ni mucho menos”.

Pepe Fuentes ·