Los MICROVIAJES
A Málaga y Sevilla: día 3.2
«Lo siento mucho, me he equivocado; no volverá a ocurrir». Juan Carlos I.
Fue la rectificación histórica en abril de 2012, tras romperse la cadera cazando elefantes durante un viaje a Botswana. Declaración muy celebrada por los elefantes, que le quedaron inmensamente agradecidos.
Domingo, veinticuatro de mayo de dos mil veintiséis
… Después de comer mal, tomamos un taxi hasta el Museo Ruso y el Automovilístico y de la Moda, uno cerca del otro, en el mismo recinto.
Ya en el propio Museo, tuvimos que pararnos a resolver una avería de la cámara de Naty, que si no recuerdo mal era que todas las imágenes la cámara las resolvía con una veladura de color uniforme, tontamente, pero que las hacía imposibles. Resolvimos la inesperada incidencia con suerte y después de probar unas cosas y otras.
El Museo Ruso, fundado en 1895 por el Zar Nicolás II, en San Petersburgo, contiene ahora miles de obras que representan el arte ruso en el mundo. El de Málaga, con el mismo nombre, se encuentra en un edificio de la Tabacalera, y que pudiéramos ver no había demasiadas obras representativas de arte histórico ruso.
Sin embargo, había varias exposiciones temporales de interés, entre ellas la retrospectiva de la fotógrafa madrileña Marisa Florez, dedicada sobre todo a su trabajo a lo largo de la transición española de la supuesta dictadura a la improbable democracia.
La muestra se titulaba: Un tiempo para mirar 1970-2020” cincuenta años de intensa dedicación a observar y fotografiar a políticos, sobre todo, pero también a la vida social del país con atención a artistas de todos los ámbitos de la creación, y, también a los movimientos y manifestaciones de las gentes en plena calle, o a actividades públicas señaladas. La exposición se desplegaba a través de 184 imágenes, casi todas ellas en soporte analógico.
Me gustó mucho la muestra de Marisa, y no precisamente por su excelencia fotográfica porque se trataba de imágenes bizarras, de poca sutileza creativa, pero sí de una fuerza conmovedora en cuanto a su valiente acercamiento a los personajes y hechos importantes de nada menos que cincuenta años. Solo por rememorar los años calientes de nuestra política y de todos nosotros, los que vivimos aquellos momentos, mereció la pena ver esa exposición. Qué lejos queda todo aquel mundo, y como se destruyeron todos aquellos sueños para llegar a un presente empobrecido, devastado, destruido por tantas y tantas generaciones de políticos corruptos. En aquella primera época todo era posible en una modernidad que atrapábamos en el aire con ilusión y alegría. Ahora, nos encontramos abatidos por una posmodernidad nihilista, delictiva y asqueante (casi todos aquellos políticos, cuando alcanzaron el poder real mutaron en vulgares aluniceros, especialmente los de un mismo partido, que son los últimos).
Por eso, por el mero contraste de hasta dónde puede llegar la degradación de una sociedad, disfruté de la muestra…
La Fotografía: Palacio de la Zarzuela, foto de familia de personajes insignes de la generación del Rey Borbón (1991). Todos señalados e importantes, y democráticamente mezclados, algo así como, todos iguales porque confraternizamos al margen de las jerarquías del poder. Aunque, somos los importantes y elegidos, pensaban todos, en el momento del posado; y ya se veían en la historia como los remotos nobles en la corte nuestro pequeño y local Rey Sol, que finalmente acabó en el mismo fango que todos, pero eso sí, levantando la manita que tantas infidelidades cometió, para saludar melifluamente.