6 JULIO 2026

© 1983 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
1983
Localizacion
Osuna (Sevilla)
Soporte de imagen
-120 PLUS X 100
Fecha de diario
2026-07-06
Referencia
5196

Los MICROVIAJES
A Málaga y Sevilla: día 4.1
LA memoria nos abre luminosos
corredores de sombra…
Bajamos lentos por su lenta luz”.
José Ángel Valente
Lunes, veinticinco de mayo de dos mil veintiséis

Había que salir de Málaga rumbo a Sevilla. Eso hicimos después de desayunar, hacia las 10:30.
Conducía Naty. A ella le gusta; a mí, no especialmente. Entre conducir y no hacerlo, prefiero no hacerlo.
Acordamos que la primera parada podía ser Estepa, a casi cien kilómetros. En esa localidad, famosa por sus polvorones y mantecados, podríamos visitar el alcázar, el casco histórico y un par de iglesias.
La realidad fue otra: hacía un viento huracanado y el pueblo se extendía por una cuesta empinada, cualquiera que fuera el acceso hacia los puntos de interés. Además, las calles eran estrechas y no había aparcamientos. Estepa nos lo puso tan difícil que nos marchamos sin apenas detenernos y sin comprar polvorones.
La siguiente parada fue Osuna, a unos veinticinco kilómetros.
Llegamos a la ciudad y, sin mirar a izquierda ni a derecha, fuimos directos al Coto de las Canteras, un paraje de piedra caliza ya aprovechado por los romanos, e incluso antes.
Este lugar es muy importante para mí por la profunda impresión que me causó la primera vez que lo visité, en 1983. Viaje solo.
Entonces encontré un espacio abandonado donde guardaban ovejas. Llegué por la mañana, sin saber qué iba a encontrarme, y quedé sobrecogido por la belleza salvaje del enclave y por la majestuosidad de sus enormes espacios, situados bajo el nivel del promontorio excavado por los romanos con dos fines: extraer piedra para sus construcciones y convertir aquel ámbito misteriosamente subterráneo en necrópolis.
En aquella primera visita, durante un luminoso día de marzo, pasé una mañana maravillosa explorando con la cámara las muchas posibilidades fotográficas que ofrecían esos espacios inmensos, bajo cúpulas de textura terrosa y color áureo. La gran altura de los cortes limpios de la piedra confería al lugar una magnificencia extraordinaria, y su textura se ajustaba con precisión virtuosa a la de mis películas Agfa 50 y Plus X 100, en formato de 120 mm. Fotografié despacio, con ganas y emoción, con mi Mamiya RB67 montada en un trípode. Fue una de las mejores experiencias fotográficas de mi vida.
La Fotografía: Aunque no pertenece a esta última visita, no me resisto a traer hoy al diario una de las imágenes de aquella mañana mágica, todavía inédita aquí. Nunca incluyo fotos ya publicadas. A lo largo de los años he mostrado siete fotografías de aquel día, contando la de hoy, aunque aún conservo algunas cuidadosamente guardadas.

Pepe Fuentes ·