29 AGOSTO 2026

© 2026 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2026
Localizacion
Sevilla. Museo Bellas Artes. FINIS GLORIAE MUNDI, 1671-1672, Valdés Leal
Soporte de imagen
-DIGITAL 51.200
Fecha de diario
2026-08-29
Referencia
11743

ADENTRÁNDOME EN LAS TINIEBLAS 45
“No es necesario tener 15 años para llevar la antorcha del deseo de vivir. Juan Carlos tiene 83. Me cuenta que dudó mucho en consultar porque todos le dicen que no tiene sentido analizarse a su edad. ¿Le pregunto por qué desea hacerlo? Su respuesta es directa. Porque me niego a dejar de vivir. No se trataba del miedo a la muerte, sino al lugar que su familia quería asignarle: no salgas, no viajes, no comas, no tomes frío. Pero bueno, quería salir, viajar, comer y en ocasiones tomar frío de la mano de Susana, su pareja desde hacía 3 años”. Gabriel Rolón (La soledad)
Miércoles, veintiséis de agosto de dos mil veintiséis

Hoy, no sé por qué la vigilia me ha asaltado a las cuatro de la mañana. Después, ya no me he podido dormir. He esperado a que la noche avanzara un poco más hacia el día. Me he adentrado por reflexiones oscuras donde no se atisbaba la luz por ningún sitio. La pregunta recurrente era ¿Cómo voy a aguantar tanta aparente salud y los años de peaje que suponen? Quizá no sea así porque tengo entendido que, si no vives contento, y a partir de una cierta edad, te mueres. El tipo al que se refiere la cita aguantará por lo menos hasta los noventa, porque está contento y puede que hasta enamorado.
A las seis y media he salido a dar mi paseo cotidiano en plena oscuridad. Se me ha hecho de día en plena caminata.
Llevaba ya una hora oyendo La soledad, y en uno de los últimos capítulos, cuenta su experiencia terapéutica y humana con una mujer de noventa y cinco años a la que visitaba terapéuticamente en una residencia geriátrica, con la que tuvo un incidente al comienzo porque, torpemente, la marginó por su avanzada edad, y ella le reprendió con dureza: “Me miró un rato antes de hablar. ¿Usted trabaja acá? Asentí. Y cada vez que viene habla con todas menos conmigo. Hizo una pausa antes de increparme. ¿Acaso piensa que porque soy vieja ya no tengo nada qué decir? Me sorprendió. Intenté una respuesta. ¿Sabe qué pasa, abuela…? Me fulminó con la mirada. No me llame así. No soy abuela y apenas si soy vieja… La dañé porque le estaba quitando el derecho a hablar y a la soledad…”.  (Según el autor solo se está solo con los otros, mientras que el aislamiento es libertad vagando por la memoria y los sueños en viaje de placer).
También cuenta el último acto de la historia con Elsa, cuando la asiste en su último aliento: “Una mañana recibí un llamado del hogar. Elsa agonizaba. Salí corriendo. No había nadie con ella, pero no estaba sola. Estaba sitiada por los recuerdos. Le tomé la mano. Me agradeció con un gesto. Después cerró los ojos, se le cayeron algunas lágrimas y al rato dejó de respirar”. Una bella y dignísima forma de morir.
Esta madrugada, cuando hacía tiempo para levantarme, me preguntaba cómo será la mía, mi muerte, y si habrá alguien que tome de la mano como un pisicopompo para ayudarme en el trance de salir de la vida.
Lo he dudado con fundamento. Yo no seré Juan Carlos, porque él tiene novia y yo no. Además, se va a psicoanalizar y yo tampoco.
La Fotografía:  Museo de Bellas Artes, Sevilla. Clérigo muerto, de Valdés Leal (1622-1690). La obra se inscribe dentro de la temática de la vanitas y el memento mori, recordándonos la vacuidad de los honores, títulos y riquezas terrenales ante la inevitabilidad de la muerte. En la parte superior las inscripciones «Ni más» y «Ni menos», simbolizando que todos los seres humanos terminan igual ante el juicio divino, sin importar su estatus (IA). Apropiada para hoy. Hablo de la vejez y de la muerte; y también de la vida a través de los relatos de Rolón. Podría haber elegido un lado u otro, la vida o la muerte, pero a mí, de natural, y más en este tiempo, me sale instintivamente la muerte. Me sigue pegada a mis talones.

Pepe Fuentes ·