25 JULIO 2026

© 2022 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2022
Localizacion
Toledo (España)
Soporte de imagen
-DIGITAL 1000
Fecha de diario
2026-07-25
Referencia
7953

Diario de la Soledad 13.1
“No hay alma inmortal. No hay cielo ni infierno. No hay Dios ni palabra de Dios. No hay cosa experimentada ni nombrada por los hombres que no haya sido concebida por los hombres. Todo es cultura y química neuronal, y todo acabará: los países, los idiomas, las doctrinas, los propios hombres y las obras de los hombres”. Fernando Aramburu (Los vencejos)
Miércoles, veintidós de julio de dos mil veintiséis

Ayer no caminé, tuve tareas domésticas de obligado cumplimiento (limpieza de la casa y ordenación de algunos desórdenes). Con la soledad como telón de fondo, a cualquier hora del día o de la noche, el virtuosismo vivencial crece y se perfecciona. No es que me rija por principios estoicos, hacia los que tengo ciertas reservas, las mismas que hacia las religiones o banales idealizaciones, como: hay que ser felices, hay que tener esperanza… que dicen las gentes creyentes (tengo una conocida que dice en su estado de wasaps: “siempre con esperanza”), no sé a qué esperanza se referirá, otra mujer no porque, que yo sepa, lesbiana no es; probablemente se trate de buena voluntad, sí, algo así como que, si todos somos buenos (y yo lo soy, además de sonreír a todas horas, se dice), todo estará bien. No mantengo trato con esta mujer (sería por mensajería, siempre tan frustrante), porque me hablaría de su “felicidad” (y esperanza) y eso me provocaría un hastiado malestar. O tener que desengañarla con un exabrupto: “mira guapa, ni esperanza, ni felicidad, ni hostias…”. Todo mentira. La única verdad está en el puñetero cuerpo y a tu edad y la mía ya empiezan a oler mal.
No, no soy tan salvaje, no lo diría, sencillamente porque todo el mundo nos merecemos la experiencia de nuestro puñetero desengaño que tenemos reservado, sin que tenga que venir cualquier listo a arrancarnos la venda de los ojos. Por Dios, que la desesperanza no nos la quite nadie, es íntima e intransferible, y hasta enriquecedora.
A otra cosa: de la abstracción conceptual a la vida lineal: me he despertado a las cinco de la mañana (en mi despertar a destiempo de hoy no han intervenido los Dalton), me he levantado a las seis y a las siete menos cuarto me he ido a lo que aquí, en mi ciudad, llamamos dar la vuelta al “Valle”, que de valle geográfico no tiene nada; ese nombre viene a partir de la beatífica espiritualidad del nombre de una virgen muy nuestra, materializada en forma de imagen de madera ricamente vestida, maquillada y subida a un altar con fondo azul celestial, en una ermita sobre una roca.
He reentrado en la ciudad por el sur, y es ahí donde siempre me pregunto, mientras cruzo el puente de San Martín, el mejor de los que tenemos, por dónde cruzar la ciudad de sur a norte, para desviarme hacia el este y llegar a mi casa. He optado por el puro centro.
Las calles vacías, alguna persona de allá para cuando, y ya eran las ocho. Es una de las razones, quizá la única, por la que me gusta mi ciudad, porque es la materialización del vacío en todos los sentidos.
Se me está yendo el santo al cielo y la entrada de las manos, como siempre, y no he terminado, así que seguiré mañana…
La Fotografía: Este hombre viejo pertenece a los de mi condición. Podía ser yo perfectamente porque la carretera es la misma que he transitado; pero yo no llevaba bolso e iba vestido de verano, adecuadamente inelegante: pantalón corto, camiseta de hombreras, gorra y deportivas. A mí ya me da igual la corrección y la pulcritud. Las convenciones sociales me traen sin cuidado porque lo importante es la pureza de intenciones; de hecho, mis hermanos de clausura calzan sandalias en sus iglesias y no pasa nada porque ellos están eximidos de inútiles protocolos porque se relacionan con el mismo Dios.

Pepe Fuentes ·