27 ABRIL 2026

© 2026 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2026
Localizacion
TEATRO ROJAS. Carmen, nada de nadie, (Diez de Rivera).
Soporte de imagen
-DIGITAL 50
Fecha de diario
2026-04-27
Referencia
267

COLECCIÓN DE MISCELÁNEAS 114
“La democracia ya no inspira el menor escalofrío y, como aspiración, es sosa y anacrónica”.  E. Cioran
Sábado, veinticinco de abril de dos mil veintiséis

Ayer tocó teatro. Una excepción. Ya no suelo ir, o tal solo en mi ciudad, que lo tengo a mano.
Representaban en el Teatro  de Rojas de mi ciudad: ‘Carmen, nada de nadie’ (Carmen Díez de Rivera), de Francisco M Justo y Miguel Pérez García, dirigida por Fernando Soto, estrenada el diecisiete de enero de dos mil veinticuatro.
Salí de mi casa a las siete, con la disposición de acercarme lentamente, con tiempo.
Me dirigí al Puente Alcántara nuevo, el del sur, lo crucé y giré a la izquierda, tomé una senda estrecha con la ciudad arriba y el rio abajo, que me gusta mucho. Luego, calles estrechas, cortas y solitarias, con continuos giros, siempre en cuesta, que me llevaron a la Plaza de la Bellota y de ahí a la Plaza Mayor, donde está el teatro. Como era pronto (19:30) subí hasta Zocodover, di una vuelta y bajé por la calle del comercio, cuatro calles, Martín Gamero y a las escaleras del teatro, donde me senté a ver pasar la gente y ver llegar a los viejos matrimonios y grupitos de señoras muy mayores y arregladas (los hombres no van en pandilla al teatro, pero sí las mujeres y no sé por qué de esa eventualidad). Ni un solo joven (menos de 25), fue al teatro en Toledo ayer.
Luego estaba yo, de los más viejos de la función.
La obra, hagiográfica, y no rebajo la calificación, sobre Carmen Díez de Rivera, a la sazón jefa del Gabinete de Presidencia de Adolfo Suarez, desde enero del 76 a mayo del 77, momento crucial de la transición, en la que se centra la obra, también alude a su vida personal, en las que se dice que era hermana de con quién pretendía casarse (los novios no lo sabían, claro); lo que no se dice es que el padre de ambos fue Ramón Serrano Suñer (el hacedor del primer gobierno de Franco e insigne falangista). Detalle sin aparente importancia pero que denota blandura histórica y dramatúrgica por parte de los autores. Es un hecho relevante (habría que haber metido bisturí ahí), porque dice sobre la hipocresía de aquellos personajes tan pulcros y exquisitos.
La obra tuvo un problema serio, quizá solo para mí, y es que me pareció terriblemente tediosa. Centrada en el dilema Pc sí; Pc no, una y otra vez (el gran ausente: el zorro rojo); para que fuera finalmente que sí, como no podía ser de otro modo; unido a que Carmen, tan solo me pareció un personaje de carácter funcional con mucha determinación, pero previsible como personaje dramático; Suárez, ni fu ni fa; y el Rey, que parece que empuja, pero desganadamente; y luego la mamá, engreída y molesta, que solo parece que traen a colación para revelar el secreto inconfesable, pero que solo lo hace a medias y sin credibilidad.
Hice la foto de los plausos y salí disparado del teatro, sin aplaudir ni nada; cuando salía oí entusiasmados ¡bravos! Debe ser cosa de aquí, de la ciudad, tan agradecida.
Volví a mi casa atravesando el centro y vi muchas terrazas abarrotadas de gentes que parecía que se lo pasaban bien, pero eso no era para mí, ya que soy un solitario. La diversión y la gastronomía no es para gente sola. Enseguida alcancé calles vacías y penumbrosas por las que llegué hasta la misma puerta de mi casa.
La Fotografía: Los intérpretes de la rutinaria obra: Ana Fernández, en el papel de Sonsoles Icaza, la madre; Oriol Tarrasón, en el de Adolfo Suárez, hombre ejemplar, comparado con la pandilla de sujetos sospechosos del presente, cualquier comparación sería inadmisible y ofensiva para él y que al final deviene en hombre sin memoria, tal y como sucedió (Alzheimer); Beatriz Argüello, en el de Carmen Díez de Rivera (en la realidad genética, -Serrano Suñer-, pero nunca fue reconocida por el preboste del momento (principios de los cuarenta), aunque luego venido a mucho menos. Mujer moderna de personalidad poderosa y clarividencia política; y Víctor Massán, en el del Rey Juan Carlos, el del traje de las mangas cortas en la obra, intrépido y eficiente mujeriego en su vida íntima (jugaba con ventaja). Demérito en la actualidad (título ganado a pulso a lo largo de los años). Aunque habrá que reconocerle que en el momento clave de la transición estuvo bien. Luego, a sus cosas.

Pepe Fuentes ·