23 MAYO 2026

© 2026 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2026
Localizacion
PELICULA: LOS DESTELLOS, Pilar Palomero (2024)
Soporte de imagen
-DIGITAL 12.800
Fecha de diario
2026-05-23
Referencia
10653

COLECCIÓN DE MISCELÁNEAS 116
“No hay nada peor que una verdad aburrida”. Darío Sztajnszrajber
Martes, diecinueve de mayo de dos mil veintiséis

Últimamente he visto algunas películas españolas, más concretamente, de directoras, a saber: Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa; Los pequeños amores, de Celia Rico; y Los destellos, de Pilar Palomero, y algunas otras que intenté pero que desistí enseguida porque rezumaban obviedad y vida de vecinos. Todas ellas exaltadas por los críticos exageradamente.
No, no es que no me hayan gustado por alguna razón mayor, exceptuando el aburrimiento, que ya de por sí lo es; simplemente porque el único dilema, si es que se puede llamar así, radica en la decisión que toman algunas personas en sus entornos familiares de hacer unas cosas u otras, y ya está. Pero eso sí, con muchas desgarraduras emocionales y lágrimas; y presididas por buenos sentimientos, humanistas y generosos. Reblandecimiento cinematográfico general.
Los domingos, o la niña que quiere ser monja de clausura y la familia no lo acepta porque se sale de la normalidad. Todo previsible, salvo la decisión de la niña; ¿pero? Y qué más. Si la niña quiere ser monja, que lo sea por Dios, y ya, no hay ni causa ni recorrido para una película. Como si quiere ser bombera, pongo por caso. Creo yo.
Los pequeños amores: la madre que vive sola en un pueblo y se rompe una pierna o algo así; la hija va a cuidarla y la madre se aferra a ella porque está sola. ¿Y?…  La hija también, en la ciudad ¿Y?… El asunto no me cunde, luego, pasto de olvido (y aburrimiento).
Los destellos, más de lo mismo. Un matrimonio y padres separados desde hace años. El padre está en fase terminal y solo; y entonces la hija que ama a su padre se vuelca en cuidarlo, y su madre y exmujer del enfermo se acerca de vez en cuando y echa una mano (hasta a su novio lleva); y todos lo velan con los ojos vidriosos de emoción y tristeza; y de paso los espectadores entre lo que me encontraba y así, todos juntos acompañamos al enfermo y hasta bailamos con él; y como era previsible, se muere, era su papel.
Recuerdo vivamente cuando volvía de Madrid los viernes a ver a mi madre gravemente enferma. Y en esa habitación pasábamos tres días sin salir (también Naty), como fue de necesidad durante meses; pero claro, habría sido inimaginable que hubiéramos puesto una cámara y montado una película, que podría haber sido conmovedora pero aburrida hasta lo insoportable.
Eso, ahora, a los críticos y gentes del cine les gusta mucho porque hasta les dan Goyas a sus realizadores; y a los críticos no digamos, que más todavía, si cabe.
Me llama la atención que hayan sido creadas todas por mujeres, de estas tres, pero hay muchas más, que en la emotividad básica y en los pequeños escenarios de casas y barrios, con las pequeñas cosas de familias y vecinas han encontrado una veta de éxito asegurado. Se dan dos poderosas razones para la emergencia de este tipo de cine: emotividad y género.
No, gracias por el intento, pero raramente acudiré al llamamiento.
La Fotografía: Los destellos, quizá la más estimable de las tres que he traído, especialmente por un inmenso Antonio de la Torre, que se muere sin solución y que, además, hace creíble la agonía. Me parece la más estimable porque la historia se despliega con un contenido guion, sin aspavientos y porque retrata fielmente al ser humano en sus momentos finales, lo que me hizo proyectarme en esa situación y pensé que yo también sería Antonio en ese trance (en el mejor de los casos). Es más, creo que los seres humanos, ante la inexorable muerte por enfermedad, estamos todos preparados para la Gran Dignidad que solemos mostrar. Intuyo que es un atributo de grandeza con el que venimos dotados al nacer y que guardamos como oro en paño hasta el morir. Mejor así.

Pepe Fuentes ·