DIARIO ÍNTIMO 143.2
Puede que la memoria de un hombre no retenga con claridad más de cien días, aunque haya vivido miles. No se puede hacer mucho al respecto. Tenemos nuestra provisión de días y los gastamos como borrachos negligentes. Sebastian Barry
Miércoles, seis de mayo de dos mil veintiséis
… Ayer hizo cincuenta y un años que me casé por primera vez, con el peso de la culpa en la que tanto tuvo que ver la ciudad de la que he hablado en días pasados, pero sobre todo mi estupidez y mi miedo. Ya no importa, el paso del tiempo se ha encargado del asunto… nunca entenderé como actúa ese fenómeno cósmico o divino en la evolución de la vida humana ¡y qué importa ya!
Se adquieren referencias, información, un mecanismo de guardar recuerdos, propuestas de enmienda, aunque eso, tal vez y solamente sea prevención por las veces que la vida nos ha dado bofetones en plena cara… aunque sigamos siendo siempre los mismos, con una capacidad infinita para equivocarnos sin aprendizaje. A lo largo del tiempo continuaremos recibiéndolos hasta el último segundo como payasos tambaleantes, sin risas ni aplausos, en la función en la que no hemos cesado de perder y perder. A mí me pasa.
Hoy, mi madre habría cumplido, si viviera, noventa y siete y como no, también sigue haciendo noventa y siete años que nació. La diferencia de edad con nuestros padres es inalterable, se mantiene en el tiempo para siempre, porque siguen viviendo en nosotros y nosotros en ellos, aunque ya no estén, pero estuvieron. Y, luego, un poco más allá en el camino, la función terminará, las luces se apagarán para no volver a encenderse. Parafraseando a Bécquer: ¡que solas se quedan las casas y los escenarios cuando sus habitantes y actores se van!
No sé porque estoy escribiendo así, tan lloroso y fatalmente melancólico, si hoy solo quería escribir de lo bien que lo pasamos el sábado pasado mis amigos y yo, disfrutando por habernos visto y comiendo estupendamente. Lo que me surge escribir, cuando me siento frente a la pantalla y teclado, nunca sé muy bien que será hasta que no empiezo, porque puedo tener más o menos algo planeado (como hoy), pero luego tiran de mí otras cosas, otros matices, y es que contarme la propia vida (Vila Matas), nunca se cómo me saldrá…
La Fotografía: Estas personas, junto a mi familia de Chicago, son los míos de ahora (también hay dos amigos más, importantes, pero no tan frecuentes). Y ya no habrá nadie más, las entradas están agotadas y la función en el último acto. No hay posibilidad de cambios así pasaran mil años más. Ellos, guapos, guapos, esplendorosos diría, con los que me sentí feliz el sábado, al mismo tiempo que decrépito a su lado (tienen doce años menos que yo). Naty, mi exmujer (supo escapar a tiempo de la debacle); Armando (mi hermano), no se ha escapado, por ahora no siente la necesidad; y Mamen, la mujer de Armando (cuñada de adopción), inteligentemente se mantiene a una cierta distancia de seguridad.