DIARIO DE MI FELICIDAD 23
“Después de desayunar, me siento optimista y decido escribir (…) lo tengo todo listo y aun así no ha llegado la hora. Quien manda en el momento de la escritura es el cuerpo. Necesita quietud para que lo trate la escritura. La tarea preparatoria del escritor es restaurar la virginidad del cuerpo. Debe extraerle cada marca, cada recuerdo y cada voz, y debe ingresarlas en la mente. El cuerpo de un escritor solamente conoce una emoción: la exaltación. Y ni siquiera es suya, pertenece a la escritura, llega con ella, se va con ella y deja al escritor exhausto y con trabajo por deshacer. Me da miedo que la escritura tan paciente se canse de esperar, pero hay algo bueno…”. Eva Baltasar (Peces)
Lunes, veintidós de junio de dos mil veintiséis
El fin de semana… bueno, bueno… solito en mi casa, limpiando, cocinando, yendo al Súper que me gustaba (Mercadona), pero ya no. Tengo que cambiar de proveedor de productos y comida. Sobre todo, porque ahora es una fuente frecuente de decepciones. Sí, porque, además, la frutería-verdulería es una puta mierda; y luego están los productos que solía comprar: iba derechito a la estantería donde habían estado siempre, cargado de certeza y despreocupación y ahora, con demasiada frecuencia me encuentro con que ya no están, los han retirado. Me quedo frente al vacío que ha dejado el producto que estaba, pero ya no, perplejo, atónito y desolado preguntándome ¿y ahora qué hago? Si, tengo que cambiar de Súper, he aguantado demasiadas pérdidas en mi vida y ya no soporto ni una más, y menos en Mercadona, que tontamente creía fiel e infalible.
El sábado, y también el domingo, lo pasé sin alegría, solo y en paz conmigo mismo. Nadie me llamó y a nadie llamé. Los Dalton (los okupas de al lado) no me molestaron demasiado.
El domingo por la tarde vi un partido de fútbol de la selección; a todo el mundo le gustó porque ganamos, a mí no tanto; por ahora me parece un equipo corriente adornado de aciertos fulgurantes que al rato convierten sin esfuerzo en pura vulgaridad.
Terminé una gran novela de una autora nueva para mí: Eva Baltasar, Peces. Se convertirá en una autora de referencia de mi necesidad de lectura. Esta obra me ha parecido certera en la narración, ordenada; moderada, precisa y exquisita en la adjetivación; y lo más importante, desgarradora cuando la historia de amor fou deriva hacia la desesperación y la imposibilidad. Grandísima, Eva Baltasar.
Celebro alborozado el descubrimiento de una autora desconocida que me acompañará con frecuencia en mi vida. Es como si descubriera feliz y apasionadamente una amante que me acepta sin cuestionarme ni preguntarme nada.
La Fotografía: “La sonrisa es una fuerza capaz de mover lo inconmovible”. Orson Wells
Mis nietas son las dos mujeres jóvenes que mejor sonríen del mundo. Me causa una gran alegría que sea así. De ellas me despedí el viernes a medio día. Emma, después de darnos un gran abrazo y cuando ya nos alejábamos, de pronto, se paró y volvió corriendo a darme otro gran abrazo. Me hizo llorar de sentimiento, de pena y alegría y todo al mismo tiempo.