MONÓLOGOS SOBRE ARTE 40 y 6
“…En cambio, en los pintores clásicos, tienes la impresión de que, por mucho que despliegues tus dotes verbales, nunca le llegas a la suela de los zapatos a la obra. Acabas diciéndole al exégeta: cállate y déjame mirar. Cuando una obra contemporánea nos seduce a primera vista, al margen de que conozcamos la idea sobre la que se sostiene, lo hace del modo más primitivo: por su color, por sus formas, nos devuelve a un espacio infantil, que debería ser de una insoportable ingenuidad para nuestro mundo moderno. Me da igual si luego envolvemos la experiencia con complicadas teorías”. Rafael Chirbes (Diarios)
Jueves, dos de abril de dos mil veintiséis
… Dicen los teóricos que al mirar el arte contemporáneo uno se ve a sí mismo: “En el arte contemporáneo, el espectador tiene que mirar contemplándose también a sí mismo. El que no entienda esto, no puede disfrutar del arte moderno”. Ángeles García. Será por eso por lo que me gusta tanto el arte de esta nueva era: puro narcisismo, aunque ese equívoco espejo solo me devuelva una imagen que no me parece la mía.
La Fotografía: A lo largo de muchos años he ido viendo obra de Joan Fontcuberta en la Feria (desde hace décadas ha sido considerado como un artista-fotógrafo total, uno de los primeros del país y hasta del mundo entero (creo). A mí nunca me ha resultado un artista atractivo; y en cuanto a su obra, cambiante siempre y rebosante de personalísimas ocurrencias y conceptos, tampoco. Sin embargo, recuerdo vivamente una foto suya de los años setenta, cuando todos éramos analógicos, que me cautivó: un ciclista con la cabeza hundida en el manillar pedaleaba afanosamente, pero al que no se le veían las piernas, eran transparentes. Para aquel tiempo esa imagen estaba impregnada de magia e imaginación. No supe si tenía recado o no (el asunto del concepto); lo que sí sé es que se me quedó grabada indeleblemente en la retina, porque ese tipo de imágenes son las que siempre he querido hacer; sí, que llevaran en su interior fantasía, misterio, sugestión e imposibilidad… sazonadas con estimulantes toques surrealistas.
A lo largo de estos últimos años, cuando visitaba la feria y no veía obras del sempiterno artista, me preguntaba: ¿dónde estará el divino catalán? Tal vez se haya retirado ya, o que su galería se haya arruinado, me decía. Pero no, los artistas excepcionales nunca se retiran y menos si son conceptuales (conceptos hay para tomar y dejar). Y de pronto, al volver una esquina, me lo encontré -oh, qué gran sorpresa, este año ha venido Joan- me dije, contento-. Esta es la obra que trajo: videos con distintas puestas en escena en los que aparecían Dinosaurios haciendo el gamberro en un palacio regio neoclásico; verdaderamente bien concebida y resuelta, pero sobre todo muy graciosa. Y, además, su propósito lo contaba con estilo sencillo y descriptivo, en el que eché de menos el nervio de algún abstruso concepto, acorde con el nivel artístico del autor. La obra se titulaba, Mirabilia, y en la presentación entendí que, metafóricamente, la pedrada que vino del cielo supuso el advenimiento de la modernidad y la muerte de las viejas estructuras de poder, o algo así: “… Esa extraordinaria potencia simbólica los erige tanto en iconos de la modernidad -sustituyendo el dragón de las civilizaciones antiguas- como en parangones de aristócratas y reyes, felizmente apoltronados en sus palacios, sin ser conscientes de la caída del meteorito”. Joan Fontcuberta.