17 SEPTIEMBRE 2026

© 2026 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2026
Localizacion
Toledo (España)
Soporte de imagen
-DIGITAL-
Fecha de diario
2026-09-17
Referencia
11789

Diario de la Soledad 16
“Lo que dura, dura. Lo que no, no. El tiempo lo soluciona casi todo. Y lo que el tiempo no puede solucionar, tienes que solucionarlo tú mismo”. Haruki Murakami
Lunes, catorce de septiembre de dos mil veintiséis

Hacía mucho tiempo que no dormía siete horas seguidas (desde las once de la noche a las seis de la madrugada; del domingo al lunes). Ha sido muy placentero, como si fuera joven. Me he alegrado tanto que me he levantado y enseguida me he ido a caminar nueve kilómetros de noche todavía, sin parar.
He ido oyendo una novela larga: Cambiar el agua de las flores, de Valérie Perrin, que me recomendó mi amigo Ángel. Es una gran novela de amor y desamor al mismo tiempo. Sí, porque el desamor es consecuencia de amores truncados dramáticamente, como el de Violette Toussaint hacia su hija Leontine; pero no de la incapacidad de amar de sus criaturas.
Es una historia donde todos los personajes que discurren por ella están señalados por la necesidad de amar, y aman, de ganar, pero a veces pierden, y siempre ríen, lloran y viven. Es una novela emocionalmente vibrante, construida a partir de personas reales, algunas despreciables; pero la mayoría entrañables: “… Dentro de un momento, cuando Julien se marche, porque se marchará, la soledad regresará para hacerme compañía, fiel e inmortal…” Violette Toussaint, protagonista de la novela.
Se ha hecho una versión cinematográfica que ya estoy esperando impaciente (se estrena este año).
Disfruto y camino, camino y me recreo con otros mundos y otras gentes, ya que en mi vida real no existen, apenas. Aunque sí; algunas como mi amigo Ángel, con quien veo fútbol enfadándonos juntos con la poquedad del equipo del que somos aficionados (Real Madrid); o nos desahogamos con furia contra la banda de políticos autodenominados socialistas-progresistas (léase delincuentes profesionales, vocacionalmente inmorales) que nos han traicionado y robado nuestro país.
O el emocionante relato de mi hermano del numeroso parto de su pequeña perra caniche, que alumbró desde la noche del sábado hasta media mañana del domingo, siete cachorros. Armando, asistido por su hija, ambos expertos en los partos de sus perras asistieron con éxito semejante prodigio de la naturaleza. Lucharon con amor contra la complicación de su embarazo y ganaron todos. Ningún perrito murió.
Yo, sin ir más lejos, hasta tengo razones para felicitarme; porque el sábado y el domingo he permanecido solo en casa con una paz y conformidad absoluta con mis circunstancias (algo menos, pero más que estimable, de aplauso). Para combatir el silencio he mantenido algunas charlas tranquilas conmigo mismo, como los jugadores de ajedrez que juegan contra sí mismos; pero yo sin afán de ganar o perder.
La cita de introducción la he pillado al vuelo de una publicación en Google, al abrir mi móvil esta mañana, porque he intuido que era importante, y una vez pensada lo he corroborado: lo es. El tiempo lo soluciona todo, yo le he entregado el mando y la conducción de mi vida. Con su pericia y oficio mi historia durará el tiempo que tenga que durar y acabará felizmente, justo a tiempo.
La Fotografía: Hoy, cuando volvía de mi caminata, desde la noche cuando me eché a la calle a la luz del sol al volver, he bordeado el Palacio de Galiana, donde viví con mis padres, a la sazón los guardeses-jardineros. En aquella época y después siempre lo llamamos “El Castillo” y todo el mundo lo mismo, hasta los propios dueños lo hacían (adinerados de familia ilustre, la del doctor Marañón, intelectual, doctor en medicina y personaje distinguido e histórico). Ahora, creo que lo llaman “El Palacio”. Da igual como lo denominen, sigue siendo un bellísimo lugar que bordeo a diario (nunca he querido volver a entrar), repleto de recuerdos y todavía misterios para mí. Los cipreses del primer plano, los plantó mi padre. En esta historia, la mía y la de los míos (también del Castillo), el tiempo condujo nuestras vidas con oportuna exactitud.

Pepe Fuentes ·