MONÓLOGOS SOBRE ARTE 38 y 2
“Manierismo es una exageración del estilo que conduce normalmente al barroco. Formas gráciles o alargadas, composiciones afectadas e incluso alambicadas, a veces evanescentes o exacerbadas, como un refinamiento que vacilaría entre la gracia y la exageración, entre la poesía y la afectación, entre el preciosismo y el expresionismo. Es la pretensión de imitar la manera de los maestros, queriendo superarlos (yendo más allá que ellos, si no más alto). Es preferible al academicismo, que renuncia a superar; pero menos que el clasicismo, que sólo imita a la naturaleza o a los antiguos”. André ComteSponville
Viernes, trece de febrero de dos mil veintiséis
… En la muestra manierista no estaba encontrando la sensualidad imaginativa, vital y de colores intensos de los manieristas italianos, origen natural del movimiento; casi todo lo contrario, más bien obras severas con fuertes reminiscencias renacentistas e incluso anteriores (flamencas). Debía ser porque fueron obras creadas en Toledo y esta ciudad ha sido severa siempre.
Hasta El Greco, máximo exponente del manierismo tardío, pero personalísimo, se movió en el raro intervalo de la luminosidad veneciana y el esencialismo mariano, místico y conventual toledano (no hay que olvidar la personalidad de la ciudad y el rigorismo de Felipe II; y estos, a fin de cuentas, eran los que pagaban.
La primeras muestras de manierismo toledano, anteriores al Greco, están protagonizadas por Juan de Borgoña, pintor excelso, mientras que sus sucesores y escuela, presentes algunos en la exposición toledana, especialmente Francisco de Comontes y Juan Correa de Vivar, bajan ostensiblemente en interés y calidad.
Le secuencia histórica de la llegada del manierismo a Toledo, viene determinada por la llegada de pintores italianos contratados para la decoración de El Escorial; además de Juan de Borgoña, unos años antes y la escuela que crea; y, por fin el asentamiento y estilo revolucionario de El Greco (1577), que, curiosamente llegó desde Italia. Todo ese proceso sucede desde los inicios del XVI a los del XVII, hasta que con la muerte de El Greco (1614), acaban las supuestas veleidades manieristas en Toledo. Pero, salvo en el caso del Greco, todo lo demás no fue especialmente significativo, máxime si tenemos en cuenta que la ciudad intensamente conservadora desde siempre y para siempre, no fue sensible al manierismo porque, a fin de cuentas, se trataba de un estilo que Giorgio Vassari definió como maniera moderna, que huía del encorsetamiento. Ya dijo doscientos años después, Pérez Galdós, que Toledo era una ciudad fuera del alcance de cualquier concepto de la modernidad de otras ciudades y que arrastraba una decadencia que se remontaba al final del renacimiento.
Y más allá de cualquier consideración está, naturalmente, El Greco; pero eso necesitaría un análisis específico y aparte y este diario está para otras cosas.
Continué viendo la exposición que, sin entusiasmarme, disfruté como para que me mereciera la pena haber ido. Después, crucé la ciudad de oeste a este, por el centro, atestada de excursionistas culturales (incluidos institutos) y grupos de turistas, y volví a mi casa, de la que ya no salí en lo que restaba de día.
La Fotografía: San Nicolás, san Bartolomé y san Ptolomeo, h 1510. Óleo sobre tabla, de Juan de Borgoña. Esta obra, de procedencia incierta, presenta una inusual iconografía. Insertos en una arquitectura renacentista, representa a San Nicolás de Bari, identificado por las tres esferas o manzanas doradas; a San Bartolomé, portando el cuchillo con el que fue martirizado y a Ptolomeo, con una esfera armilar en la mano. La inclusión de este astrónomo, astrólogo y matemático debe estar influida por el clima de recuperación de saberes de la Antigüedad clásica, en la que vivió Borgoña, pintor predilecto de uno de los humanistas más destacados del momento, el cardenal Cisneros. Cartela exposición