DIARIO DE ENVEJECIMIENTO 72 y 2
“Vencer al sexo real de tu polla con un sexo más evolucionado. Ser sexualmente un hombre del futuro, un hombre del año 756892, donde toda forma de dolor y abominación y mentira y humillación sexual haya sido vencida para siempre”. Manuel Vilas
Miércoles, trece de mayo de dos mil veintiséis
… Lo que dice Vilas es una exageración insostenible porque los humanos de ahora no somos como los dinosaurios, que como especie existieron durante millones de años. Nosotros, como mucho, tan solo trescientos mil años, hasta el momento. Es más que dudoso que la especie perviva más de quinientos, mil o tal vez diez mil, como mucho. Seremos la especie más breve del planeta. Para mayor inconsecuencia, autodestruida.
No sé por qué escribo esto hoy, tan lejos y tan cerca de la extinción y que, en todo caso, a mí no me afectará porque me quedan, como mucho diez añitos, y de aquí en adelante me deslizaré por una pendiente que, por la inercia que provoca el creciente desnivel, hará que aumente la velocidad hasta un pavoroso vértigo.
En la era sexagenaria, el cuerpo y la salud me han respetado, manteniendo de principio a fin un perfecto estado de forma (hasta sexualmente, que, por cierto, es bastante difícil de sostener a esas alturas); pero que, al doblar la esquina septuagenaria, las sombras, los abandonos y la soledad se han cernido sobre mí hasta el malestar, creándome un creciente estado de crisis y pánico. Por el momento, más o menos, controlado, pero esa tregua no durará mucho. Me temo.
Siempre digo a mis amigos sexagenarios, a partir de mi experiencia: aprovechad la edad y no os entristezcáis, porque lo peligroso y lo malo está por llegar. Y lo hará, sin duda. Septuagenarios del mundo: perded toda esperanza de plenitud a no ser que asumáis la abstinencia de todas las pasiones del pasado.
La Fotografía: Forma parte de una serie que realicé hace cuatro años, con varias imágenes, y que he ido publicando en el diario a lo largo de estos años, cuando el texto lo requería, generalmente entradas en las que me refería a mi retroceso incesante frente al mundo de la mujer, pero, todavía con imágenes en color, fuertemente contrastadas y de colores intensos. Me reservé esta, intuitivamente, quizá porque sabía que vendrían malos tiempos. La revelé, cómo no, en blanco y negro. Ahora, cuatro años después, siento que el momento ha llegado porque después de un incesante empeoramiento, ineludiblemente, he alcanzado la muerte de mi vida amorosa y sexual. Es el momento de esta imagen, en la que avanzo flanqueado por mujeres inalcanzables hacia la extinción y olvido del más poderoso motivante de mi vida: el amor y el sexo. Es una pérdida irreparable a la que tendré que sobrevivir en un duelo que soportaré lo que dure mi vida física y consciente.