Me acuerdo de mis obsesiones “artísticas” 5.1
“Somos demasiado parecidos a nosotros mismos, y el riesgo estriba en que acabemos pareciéndonos demasiado. A medida que uno vive, progresivamente, se afianza el mismo maniático, el mismo nimio personaje”. Enrique Vila Matas
Viernes, diecisiete de julio de dos mil veintiséis
… Los primeros años de la segunda década del siglo, los anteriores también, me dediqué enardecidamente a localizar lugares abandonados para en ellos montar lo que yo consideraba performances y a lo mejor tan solo eran idioteces alentadas por mi desenfreno existencial.
Intuía, allá a lo lejos, un futuro que llegó a ser presente, sin que tuviera que hacer nada (es lo que tiene el futuro, que está condenado a la nada del presente y si tiene suerte a un pasado, al menos reseñable sin tener que bostezar).
Al menos en los primeros veinte años de siglo fui tonto, otra manera de ser (mucha gente no llega ni siquiera a esa categoría, sencillamente porque ni siquiera son); o sea, que no está del todo mal. Sí, porque si no hubiera desplegado esa frenética actividad, siempre apoyado y alentado por Naty, mi vida de entonces habría sido más difícil.
Ahora, en la era de los resúmenes y balances, es el momento de fijar algunos detalles, como por ejemplo, el que siempre he sido un obsesivo compulsivo sin razones (o sí); aunque con matices porque mis obsesiones “creativas” no me causaban malestar, todo lo contrario, solo eran absurdas e estériles, como he podido ratificar con los años ¡Qué gracia más triste tiene todo esto!
Conociendo mis escasas habilidades para desplegar una dinámica activa y seductora para relacionarme con el mundo; me aterra pensar que habría sido de mí sin mis obsesiones y veleidades “artísticas”.
Es necesario creerse algo para poder aguantar el peso del mundo, y yo me creí artista, que, por cierto, no está nada mal; aunque siempre supe que probablemente era una de mis grandes mentiras.
Pero como decía Marcel Duchamp en la cita de la entrada anterior: “… y un arte malo sigue siendo arte, igual que una mala emoción sigue siendo emoción”.
Y una obsesión, lo mismo, añado…
La Fotografía: En 2013, descubrí con muchas dificultades, unas cuevas que fueron habilitadas como viviendas para agricultores de la finca donde estaban situadas, concretamente en el término municipal de Corral de Almaguer, en la entrada de la Mancha desde el oeste y ahora abandonadas, Paulete y los Canutos, dos enclaves que se encontraban distantes a algo más de un kilómetro. Fui mucho a esas cuevas, por las mañanas o por las tardes, o pasaba el día allí, tan solo acompañado por Mi Charlie, que se dedicaba a sus propias manías compulsivas, tenía más que yo porque podía pasarse horas desaparecido por el entorno, solo venía a beber de vez en cuando y se volvía a ir. Llegamos a tener una simbiosis perfecta. Esta fotografía, por ejemplo, la realicé en 2013, una tarde de otoño, y la recuerdo especialmente porque nada más terminar de comer con Naty, a las cuatro, cogí el coche y salí a toda velocidad hacia las cuevas (100 km), para conseguir hacer toma antes de que anocheciera. Claro, volví ya con noche cerrada.