MONÓLOGOS SOBRE ARTE 38.1
“Lo que los europeos somos hoy es, para bien o para mal, el resultado de la interacción de dos vigorosas corrientes que se fundieron en el crisol de Roma: la cultura helénica y el pensamiento religioso judío, una peculiar aleación que quizás sea prudente seguir denominando civilización cristiana occidental. Mientras dure, que será lo que tarde el islam en extenderse y rematarla” (*). Juan Eslava Galán
Viernes, trece de febrero de dos mil veintiséis
Ayer, haciendo acopio de una descomunal carga de energía salí de mi casa con intención de ver una exposición sobre manierismo toledano, previo a El Greco, en el museo dedicado al cretense. Por el camino me acompañó el sol y el río, el uno tímido y el otro embravecido. Fui despacio. No pensé en nada que pueda recordar ahora. Llevaba la cámara con objetivo corto, el de visitar exposiciones.
Tardé en llegar, caminé despacio (eso ya lo he dicho). Como avanzaba por una cornisa con el tumultuoso río abajo, de vez en cuando me paraba para observarlo con asombro y miedo. De vez en cuando me hacía preguntas tontas: ¿y si me cayera al agua, me salvaría? Me contestaba: cómo coño te vas a salvar, imbécil, si apenas sabes nadar. Y entonces dejaba de mirar por si acaso me daba la tentación de tirarme para que mi muerte saliera en los periódicos (sería mi único momento de gloria triste, en toda mi vida). No desenfundé la cámara para fotografiar.
Y así, poco a poco, a la velocidad media de un septuagenario, llegué al Museo. Me coloqué frente a la joven que expedía las entradas, seguro de que no pagaría (ella no lo sabía). La miré con gesto interrogante, y ella dijo: -hay que pagar- No hice ningún gesto, ni dije nada. Fue ella la que dijo; a no ser que seas profesor o mayor de 65 años… la interrumpí, y le dije: tengo todo lo necesario para no pagar, por ejemplo, más de 65 años. Me miró incrédula y dijo algo parecido a -no puede ser- contesté con la certeza de mi edad: seguro que sí. Me dio la entrada, sin pedirme acreditación, que yo no la ofrecí.
Primero vi la muestra de obras del Greco, especialmente los Apóstoles, que siempre veo (no hay mucho más); bueno sí una copia del retrato del teólogo Diego de Covarruvias, junto al original que pintó Alonso Sánchez Coello veinticinco años antes. Me gusta ese juego con el tiempo a través de un mismo personaje en el que El Greco, que al parecer no conoció al retratado, añadió tiempo a su rostro, sutil y sugestivamente. La obra del Greco me parece superior al original.
Seguí avanzando despacio, recreándome, porque me gusta mucho la casa museo, su distribución y la ordenación de las obras. Había muy pocos visitantes: dos señoras ostensiblemente europeas (mujeres muy blancas, muy rubias y de gran envergadura y edad). Ahora la condición y aspecto europea es especialmente singular e identificable, casi una asombrosa excepción, algo así como que cuando los divisas te dices: ¡¡¡oh, europeos, por allí, a lo lejos, resoplan!!! Estas mujeres subían escalones muy trabajosamente y luego se sentaban a recuperarse. También había una mujer joven oriental y dos o tres personas solas más, de procedencia ignota porque se movían por zonas de sombra. A ver, que lo que he escrito antes no es xenófobo ni racista ni nada parecido, jamás he tenido tentaciones tan aberrantes; simplemente es que aquí, en el centro de la península no se ven muchos europeos, porque, como nosotros solo parecemos españoles (poco que ver con la europeidad), y luego están los muchos orientales, musulmanes y otras procedencias, los europeos puros son una extravagancia…
(*) La cita está extraída de una obra de Juan Eslava, de 1995: Historia de España contada para escépticos, de hace 31 años. Ahora, hay amenazas infinitamente más aterradoras que el islam: oriente (incluida Rusia), y los peores, posiblemente, los woke locales, una peste antieuropeísta porque, según ellos, la peor amenaza es el imperialismo liberal occidental ¡arreglados estamos!
La Fotografía: La primera que realicé fue de esta obra anónima que representa a San Basilio Magno (segundo tercio del siglo XVII) que podría atribuirse a varios autores, entre ellos, a algún discípulo de El Greco, aunque no lo creo, por tratarse de una obra más bien naturalista y posterior al manierismo (léase prebarroco). Lo fotografié porque me pareció majestuoso por tamaño y altísima calidad. Se trataba de una obra grande, en el más amplio sentido de la palabra. Pertenece al depósito del Museo del Prado y no supe porqué estaba aquí.