DIARIO DE ENVEJECIMIENTO 71.1
“Hablemos más de la muerte y el deseo, que comprensiblemente es en los viejos un deseo desesperado de atajar la muerte, resistirse a ella, recurrir a los medios que sean necesarios para ver la muerte con cualquier cosa menos claridad”. Philip Roth (Pastoral americana)
Martes, veinticuatro de marzo de dos mil veintiséis
Hoy, para mañana miércoles, no tengo entrada preparada, ni pensada, ni soñada, ni deseada; y lo que es peor, sé que mis circunstancias no me echarán una mano con alguna experiencia maravillosa o sorpresa utópica, o, casi mejor catártica.
Vengo observando, asustado por la sospecha, o más bien certeza, de que el paso del tiempo me hunde en la ciénaga cada día unos milímetros y así bajando y bajando hasta que el apestoso barro se me meta por todos los orificios de mi cabeza. Sí, sucede casi imperceptiblemente, pero ocurre día a día. Me va acobardando y haciendo que la resignación me haga cada día más pasivo, escéptico y desalentado.
Echo de menos propósitos que, aunque sospechando de su naturaleza improductiva (siempre he pensado que eso era lo de menos, dada mi vocación de incompetente marginal), sigan teniendo un mínimo sentido existencial para mí, suficientes como para poner en funcionamiento mi cuerpo y mi voluntad para desear, hacer, pensar o sentir.
Nunca me he rendido, siempre he perseguido mis sueños que no han sido otros que desear que todo lo que hiciera se acercara a la máxima perfección que estuviera a mi alcance; cuando creía conseguirla todo estaba bien y podía continuar con el mismo afán el día siguiente.
Sin embargo, ahora, paulatinamente debilitado física y espiritualmente, me hundo en el espeso y podrido cenagal que, aunque sea el mío, se me hace desagradable. ¿Hasta cuándo podré aguantar? Ayer le decía a mi querido amigo-hermano que será hasta cuando mi cuerpo pueda mantener autonomía física (psicológicamente acabará antes); cuando esa última y feliz circunstancia acabe, daré por terminada la desgracia de vivir la vejez en pleno uso de razón y consciencia (la vejez es una masacre, que también dijo Roth).
Escribo para confundir ambas cosas. Espero que eso me hará vivir más y algo mejor (aspiro a la dignidad hasta el último minuto); aunque bien visto, para qué.
Mañana intentaré escribir sobre el deseo, como sugiere Roth…
La Fotografía: Película: La comedia de la vida, de Roy Andersson (2007). En este fotograma, soy el tipo, aproximadamente igual de viejo, pero sin pelo y con las mismas sospechas sobre el poder de la predestinación; pero detrás de mí no hay ninguna mujer como la del fotograma (menos mal, sería una aciaga jugarreta del destino).