23 SEPTIEMBRE 2026

© 2026 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2026
Localizacion
pepe fuentes, Toledo
Soporte de imagen
-DIGITAL 125
Fecha de diario
2026-09-23
Referencia
11764

DIARIO DE ENVEJECIMIENTO 76.1
“Hablemos más de la muerte y el deseo, que comprensiblemente es en los viejos un deseo desesperado, de atajar la muerte, resistirse a ella, recurrir a los medios que sean necesarios para ver la muerte con cualquier cosa menos claridad”. Philip Roth
Lunes, veintiuno de septiembre de dos mil veintiséis

La última entrada en este capítulo fue el once de agosto. Emplazaba la continuidad en una semana y, asombrosamente han pasado cuarenta días y no se me ha ocurrido volver a entrar en este receptáculo de perplejidad y tristeza. A mí me pasa lo mismo que dice Roth, busco en el deseo inapropiado, desesperadamente, la fórmula de alejar cualquier percepción de una realidad hiperrealista y desoladora.
Todavía sigo creyendo en que el movimiento me ayudará a escapar de la trampa mortal donde estoy apresado.
Ayer salí de mi casa a las diez y media en dirección a Madrid. Tenía una cita con una mujer desconocida personalmente (solo nos habíamos relacionado mediante mensajería y llamadas telefónicas).
Habíamos quedado a las doce, más o menos (la llamaría cuando estuviera al pie de sus ventanas para que bajara). Eso hice y sí, bajó y nos reunimos.
Suponía que la presencia física y real nos defraudaría a ambos, y me temo que así fue. Es inevitable. Ahora que nuestros cuerpos se han deteriorado tanto es imposible que las presencias no nos supongan una honda decepción porque a las fotos mejoradas añadimos idealizaciones sobre lo que deseamos, en clave joven porque lo ideales son acríticos, irreales y atemporales. Lo hacemos todos, seguro, ellas y ellos. Yo mismo, hasta llegar a situarme frente a esa mujer, me sentía sin edad, imbuido de la idealización de cómo fui hace treinta años; y no, tan solo era y soy un jodido viejo de setenta y tres.
De ella no supe su edad exacta (no pregunté, eso no se hace); pero al parecer, sobre la edad de referencia de la página de contactos tenía seis menos que yo.
En realidad, da igual que fueran seis, o tan solo tres; es lo mismo porque solo podíamos defraudarnos. Y lo hicimos, aunque no lo dijéramos por pudor y porque las derrotas de los sueños ya cuesta mucho sostenerlas. Mejor un pudoroso silencio, pasar de puntillas por la incómoda situación, despedirnos educadamente y pensar en otra cosa sin solución de continuidad.
La cita se organizó con un corto paseo por su barrio y un rato en una terraza de un bar hasta la hora de comer. Después, la comida y, por último, la llevé a su casa en mi coche y ella me invitó a subir para enseñarme su piso e invitarme a un café. Acepté, por supuesto. Menos de una hora después me despedí cordialmente, ambos lo hicimos, y volví a mi casa. No creo que volvamos a vernos.
Lo que sucede en estas situaciones no es ni sencillo ni fácil, porque experiencias así se viven como si nos echáramos unas paletadas de tierra encima. Para cualquier otra opción parecida por venir, nos lo pensaremos mucho porque el precio que pagamos es muy alto. Como me dicen mis amigos, estate quieto ya de una puta vez, tío. Tienen razón.
La Fotografía: “Me asustan los viejos. Son lo que seré”. (Ordesa. 2018) Manuel Vilas. Cuando Manuel escribió esa sentencia tenía 56; y sí, todavía no lo era. Ahora tiene 64 y está casi pisando la línea del antes y el después, aunque todavía no; lo será cuando cumpla 70, es decir todavía le quedan seis. A esa edad ya no podrá echarse novia, como la que ha tenido hasta el año pasado. A esa edad tendría que pensar en escribir lo mismo que yo ahora: -Me asustan los viejos porque me asusto yo, que ya lo soy-

Pepe Fuentes ·