DIARIO ÍNTIMO 140 y 2
“Es posible que no seamos capaces de amar precisamente porque deseamos ser amados, porque queremos que el otro nos dé algo (amor), en lugar de aproximarnos a él sin exigencias y querer sólo su mera presencia”. Milan Kundera
Lunes, dos de marzo de dos mil veintiséis
… Inés, según fui sabiendo a medida que ella contó, tuve la impresión de que en todas las decisiones y acciones que había ido tomando a lo largo de su vida y que la constituían ahora, había mostrado seguridad en sí misma determinación y valor. Y claro, a un acobardado como yo, eso me resultaba envidiable y peligrosamente atractivo.
No es el momento de que revele esos detalles que me admiraron porque le pertenecen, son pura privacidad. Solo puedo decir que todo lo que contaba tenía el incontrovertible valor de alguien que sabe cuidarse y que ha encontrado un determinado sentido a su vida. Sí, ya sé que la vida nos va haciendo rodar caprichosamente y en muchas ocasiones nada podemos hacer para corregir la inercia a la que nos avocamos, salvo procurar orientarnos a partir del sentido que hayamos elegido para nuestro mejor vivir.
A medida que hablábamos yo percibía que nuestra confianza y sintonía crecían. Tuve la sensación de que desde el titubeo y reserva inicial pasamos a una cierta cercanía y, sobre todo, a sentirnos cómodos y disfrutar de habernos encontrado. Por mi parte, hablé de mis circunstancias, pero con levedad y ligereza, y no mucho (para no equivocarme demasiado).
Para mí, la tarde de domingo, en las que suelo deprimirme un poco, estaba resultando estupenda.
Fue pasando el tiempo sin darnos cuenta (al menos es lo que me pasó a mí), hasta que se puso el sol y apareció el frío. Era el momento de despedirse, pero no porque el sol nos hubiera abandonado, sino porque en un primer encuentro es conveniente medir el tiempo y dejar que las sensaciones, buenas o malas, se sedimenten.
El protocolo de este formato de encuentro entre desconocidos, con el sueño de amor intermediando, consiste, y así lo hemos aceptado, en reportar a nuestro representante, mediante videoconferencia. A mí no me toca hasta el 17 de marzo.
Nos despedimos contentos, con un abrazo afectuoso y eso fue gratificante y genial.
Volví a mi casa y en el camino de vuelta pensé en nuestro encuentro sombríamente, pero no por causa de ella, todo lo contrario; sino precisamente por ella y el momento de su vida en el que está, tan alejado del mío.
La Fotografía: … Ayer, en el Zoo, fue como vivir exactamente el momento de hace veintiséis años, pero con la aburrida decepción de lo que percibí como ya visto y que no había cambiado en absoluto. Hasta los animales parecían los mismos, pero bajo una capa de polvo; sí, ya sé que un elefante lo será eternamente, pero si el escenario sigue siendo el mismo, viejo y desfasado, sin haber alcanzado la categoría de clásico y nunca lo hará (el paso del tiempo solo puede perjudicarlo); la visita me resultó tediosa e incómoda. A pesar de mi desencanto general, qué satisfacción ver la gran belleza del Rinoceronte del grabado xilográfico de Alberto Durero (1515).