27 JULIO 2026

© 2026 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2026
Localizacion
Toledo (España)
Soporte de imagen
-DIGITAL (100)
Fecha de diario
2026-07-27
Referencia
10852

Diario de la Soledad 13.3
“Se me hace a mí que el ejercicio incesante de la libertad ha de obrar en el individuo efectos devastadores. La libertad, así entendida, es trabajosa, es agotadora, es un tumor; obliga a estar en guardia las veinticuatro horas del día y a soportar cantidades ingentes de soledad en medio de los otros. Sea como fuere, hay que estudiar mucho para ser libre y yo intuyo que ese filtro lo pasan pocos, porque no pueden, porque no saben, porque no quieren”. Fernando Aramburu (Los vencejos)
Sábado, veinticinco de julio de dos mil veintiséis

…El ejercicio de la libertad siempre es imperfecto y, desde luego, al menos en mi caso, no creo que sea una elección voluntaria (un poco sí); pero más bien es consecuencia de la soledad, que, como es sabido, puede ser deseada o no; y es ahí donde yo me pierdo, porque no sé si la he elegido por las actitudes o decisiones que he ido tomando; o me ha venido impuesta porque nadie me soporta. Bueno, supongo que de todo hay y que todo tiene que ver con todo.
El grado de libertad que se alcanza es directamente proporcional al nivel de soledad que se puede soportar; o, dicho de otro modo, alguien alcanzará la libertad absoluta si consigue mantenerse alejado de todo el mundo.
Pero es todo el mundo el que también procura mantenerse alejado de uno. Siendo viejo la parte que corresponde a los otros se da por sí sola. La tormenta perfecta.
De lo que se infiere que: los viejos no tienen otro remedio que ser libres, sí, es el momento de la vida en la que el ser humano puede alcanzar el mayor grado de libertad de su vida, siendo autónomo claro, porque si no, pues no.
Así que, lo mejor es apasionarse con esa perspectiva, o reconvertir la soledad no deseada en libertad muy deseada y, entonces, todo, más o menos, equilibrado (hasta la idea de felicidad no es descabellada, en ese caso).
Otras cosas: la noche pasada, los Dalton, decidieron, a las dos y media de la madrugada montar una tertulia a voces (ellos no saben hablar de otro modo) y despertar al vecindario (somos pocos, pero somos), y a mí desde luego. No tenía maldita gana de llamar a la policía, pero después de media hora aguantando, lo hice. Debieron venir porque diez minutos después se callaron. Malditos sean por robarme el sueño cuando les da la gana. Y yo, sin ser capaz de defenderme. ¡Menuda mierda!
Hoy he comenzado a leer a un psicoanalista argentino, Gabriel Rolón, al que no conocía. La obra se titula Historias de diván, y es la exposición de algunos casos de terapias que ha llevado a cabo. Muy bien expuestas, comentadas y dialogadas (psicoanalista-psicoanalizado); en la que la primera de ellas me ha parecido genial y ejemplarizante: un tipo que tenía organizada su vida afectiva y sexual a partir de dos mujeres, una esposa y madre de sus dos hijos; y la otra amante hipersexual con la que enloquecía de placer. La eterna dicotomía entre el orden y la desordenada pasión. El paciente se sentía cómodo con la ambivalencia ordenada a partir de su deseo y voluntad de orden. Quiere ambas cosas y no entiende que no pueda ser así (considera que es un derecho lógico e inalienable); pero llega el momento que tiene que elegir y de eso va el caso terapéutico.
Más adelante dos analizantes más, uno de ellos es tan intenso, sensible e íntimo, que caminando rio arriba, una de ellas me ha hecho llorar. Promete grandes emociones Rolón, porque, además, tiene varias obras publicadas. Lo pasaré bien oyéndole (lee él mismo). Adictivo.
Hoy comienzo el fin de semana y estaré todo él enclaustrado en mi casa, luego rabiosamente libre, aunque tal vez frustrado. o no, eso siempre depende de las circunstancias sobrevenidas. Veremos.
La Fotografía: En una de sus obras, Fernando Aramburu, dice que se echa la siesta, yo también (para eso también soy libre). Cuando he despertado, desde la cama, he visto esta foto posible (la he hecho con el móvil); las fotos que se ven colgadas son de mi primera exposición hace casi cincuenta, en Madrid (Galería Redor-Canon, 1979). Como no vendí ninguna, me las traje a mi casa (como si me las hubiera comprado), y ahí están todas, colgadas en dos tramos de escalera. Es genial porque es dar continuidad a los hechos de mi vida vivida, real y tangiblemente. Me gusta la imagen y lo que representa.

Pepe Fuentes ·