Me acuerdo de mis obsesiones “artísticas” 5 y 2
“Swendenborg nos invita a todos a salvarnos mediante una vida más rica. A salvarnos mediante la justicia, mediante la virtud y mediante la inteligencia también. Y luego vendrá William Blake, que agrega que el hombre también debe ser un artista para salvarse. Es decir, una triple salvación: tenemos que salvarnos por la bondad, por la justicia, por la inteligencia abstracta; y luego por el ejercicio del arte”. Jorge Luis Borges
Viernes, diecisiete de julio de dos mil veintiséis
… Mi modus operandi consistía en que, en esos lugares, completamente abandonados, con varias habitaciones donde habían dejado olvidados algunos utensilios polvorientos, o ni siquiera eso, me situaba e ideaba secuencias de imágenes con escenificaciones que encarnaba yo (estaba solo, alguna vez vino Naty que también participó); o disponía objetos de los que había hecho acopio y que representaban el atrezo de un posible relato sin palabras. Imágenes como las de la Abramovic (a la que no imitaba, por supuesto); pero ella desde la fama y yo desde el anonimato manchego.
Era niño otra vez, jugando sin cesar, como hacía en el cerro y la casa donde nací. A los tres o cuatro años, seguía a mi madre a la que preguntaba contantemente qué podía hacer, mis palabras eran: “made, qué hago, me aburro”, a lo que mi madre, que jamás jugo conmigo (a pesar de eso fue la mejor madre del mundo), me contestaba -pinta monos- y ya está. Entonces, no pintaba monos, pero ideaba juguetes o juegos a los que jugaba yo solo (no había niños allí). Mi padre tampoco jugó conmigo nunca; salvo cuando me llevó, como para hacer una gracia, una culebra en su zurrón de campo, y me la dio para que jugara con ella, y claro la culebra me mordió ¡menuda gracia!
A mis sesenta años (en realidad desde que me compré una cámara, a los veinticinco) seguí haciendo lo mismo que con tres. Esa es la razón primordial del arte, me parece, ser el niño de entonces.
Tal vez, por eso, donde siempre me he sentido mejor y más inspirado para fotografiar ha sido en pleno campo, en plena soledad y en pleno silencio…
La Fotografía: Mi relación con las cuevas siguió: volví y también fotografié bastante en 2016, y, por último, en 2021 (foto), pero ese año ya fuimos la familia completa: Naty, Nuestro Charlie y yo.