8 JULIO 2026

© 2026 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2026
Localizacion
Osuna, la Petra andaluza, Mayo 2026
Soporte de imagen
-DIGITAL 250
Fecha de diario
2026-07-08
Referencia
11718

Los MICROVIAJES
A Málaga y Sevilla: día 4 y 3
“Lejos de ser una terapia, el viaje define una ontología, un arte del ser, una poética propia”. Michel Onfray 
Lunes, veinticinco de mayo de dos mil veintiséis

… Del parque que pretendía emular a los nabateos (según Vargas Llosa), nos dirigimos al centro de Osuna. Comimos en la terraza de un bar de la plaza mayor, unas setas a la plancha, que estaban buenas, y un revuelto de patatas, huevo y chorizo que estaba horroroso, cocinado con muy mala idea, como para fastidiar. Lo consiguieron. Seguía soplando un viento intenso, molesto, ruidoso.
De la plaza, por una calle larga y en ligera pendiente de subida llegamos a la Colegiata, edificio renacentista de mediados del siglo XVI. En el centro mismo, muy cerca del pórtico principal de entrada, existía una inexplicable aberración arquitectónica: una pequeña casa de fachada blanca apoyada en uno de sus muros y en la torre. Jamás había visto en cualquier parte de España, una barbaridad semejante. Debía ser la casa del campanero, o del sacristán o yo qué sé. A la altura de los siglos de construcciones monumentales religiosas, nadie debe haberse percatado de semejante disparate, y los propios ursaonenses, tampoco. Como era lunes, la propia colegiata y el museo de arte sacro que contenía, estaban cerrados. Decepción.
De la Colegiata nos dirigimos a la renacentista Escuela Universitaria de Osuna, también del siglo XVI. De planta rectangular se organiza en torno a un patio central. Existió como universidad desde su construcción (1548), hasta su cierre como tal (1824), casi trescientos años. El edificio sigue abierto para actividades académicas y culturales.
En la visita, en la que fotografié bastante en el patio, perdí mis gafas de sol. Me di cuenta antes de alejarnos, volvimos y a pesar de buscarlas con insistencia y que apenas había nadie por ningún lado, salvo la señora de la limpieza, no las encontramos.
Me temo que soy un desastre: el domingo por la noche tenía una gorra y unas gafas de sol. El lunes, a la misma hora, ni una cosa ni otra.
Después de comer dedicamos un rato a evaluar las distintas opciones que teníamos para dormir esa noche, ya que quedarnos en Osuna no nos apetecía. Opiné que, de camino a Sevilla, podíamos pararnos a visitar Alcalá de Guadaira, de ochenta mil habitantes, donde hay un castillo interesante, y continuar viaje a Sevilla el día siguiente. Naty prefirió que viajáramos directamente a Sevilla, sin paradas (88 km). Eso hicimos. Teníamos hotel reservado para miércoles y jueves, luego había que buscar para lunes y martes. Encontramos un Eurostars a un precio razonable.
Llegamos a Sevilla en torno a las siete y media, la plaza de garaje no la teníamos libre hasta el día siguiente. Había que aparcar en otro (Plaza de Armas) y cambiar el coche la mañana siguiente.
Después de la operación de aparcamiento, volvimos hacia el hotel andando con la esperanza de encontrar un restaurante donde cenar, pero no lo conseguimos. Naty se enfadó conmigo. Ella tiene una especial habilidad para encontrar culpable de cualquier molesta circunstancia o contrariedad que sin duda afea la vida de ese momento (ella siempre es inocente). Claro, solo podía ser yo, no había nadie más.
No di importancia al incidente, solo me molestaba no cenar.
Preguntamos en el Hotel y nos indicaron que nos acercáramos a la Alameda de Hércules, que estaba cerca porque allí había varias terrazas restaurantes. Eso hicimos. Naty ya conocía la zona. Cenamos bien y tranquilos.
La Fotografía: Antes de marcharnos de la Petra Andaluza, fotografiamos el entorno en el que se dan unas formas inverosímiles, plásticamente fascinantes.

Pepe Fuentes ·