1 AGOSTO 2026

© 2026 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2026
Localizacion
Sevilla. Centro de Arte Contemporáneo. Cristina Lucas. Alicia 2009
Soporte de imagen
-DIGITAL 250
Fecha de diario
2026-08-01
Referencia
5348

La vida superflua 14
“Llevo sesenta años de servicio a la vida, sí, y no hay jubilación, solo está la muerte. Así que abrazaos los unos a los otros con todas vuestras fuerzas, hasta que crujan los huesos”. Manuel Vilas (El mejor libro del mundo).
Viernes, treinta y uno de Julio de dos mil veintiséis

Dice Vilas que lleva sesenta años al servicio a la vida, y yo me pregunto ¿a qué vida, a la suya, a la del mundo, a la del género humano o a cuál? A pesar de ser mi escritor preferido, yo, a este hombre a veces no lo entiendo.
Hoy acaba una semana, es viernes, y es el final, sí, porque para mí los fines de semana (sábado y domingo), no pertenecen a mi mundo ni al discurrir de mi tiempo lineal de ahora; es como si caminando aparecieran frente a mí, doy un saltito y los evito como si me librara de unos obstáculos con los que podría tropezar.
Antes, en los findes, hacía muchas cosas, y en el colmo de la desesperación iba y venía a Madrid. Hasta hace nada, incluso iba al teatro y cosas así. Ahora sería imposible.
Los fines de semana cierro la puerta de mi casa y de mi alma y entro en trance de soledad pasiva. Tendré que inventarme una liturgia para esos dos días de cada siete, ejercicios espirituales, penitencias y cosas así: productivas para el alma (la que no tenemos) pero que no sirvan para nada, por ejemplo.
Se nota que no sé de qué escribir hoy. Pues no, lo hago por hacer, sin deseo, ni habilidad y tampoco desahogo.
Lo siento Vilas, querido escritor de mis entrañas, a pesar de que, como hombre bueno que eres, recomiendes metafóricos abrazos, no te entiendo. Solo podría admitir abrazos simbólicos (quizás te refieras a esos), o ni siquiera, porque, físicos, reales, de cuerpo contra cuerpo, no volveré a dar, salvo a mi familia.
Esta mañana he estado en mi banco, en el que trabajé (no exactamente en este, sino en otro que fue deglutido por el que he estado esta mañana). Me ha atendido una mujer en la cincuentena, cercana, amabilísima y hemos establecido, sin pretenderlo, una larga conversación, como si fuéramos amigos. Era la segunda vez que la veía, pero nos hemos dedicado a ensayar una aproximación personal que nos salía con naturalidad y empatía, como amigos que no éramos. No nos hemos abrazado, pero casi.
No sé por qué a algunas mujeres les caigo bien, lo noto; pero a la mayoría (99,9) les caigo fatal, y ellas a mí.
Una vez extirpado el deseo sexual (nos pasa a los viejos); para qué queremos a seres que han movilizado nuestros deseos, en mi caso mujeres: ya para nada, en ese sentido, mejor lejos. Prescindibles, a no ser que sean buenas mujeres (no sé si hay).
Cuando volvía a mi casa he llamado a mi hermano y hemos hablado furiosamente escandalizados con la invasión que sufrió ayer nuestro país en Ceuta, por gentes de un país hostil. No es la primera vez que lo hacen. Dejándonos llevar por un análisis sin matices, a lo bestia, nos hemos dicho que para qué queremos un ejército que se supone que esta para proteger la ley y las fronteras, si cualquiera que pasa por delante nos invade. Mejor licenciar al ejército y el presupuesto de mantenimiento dedicarlo a otra cosa. A ver, no es que nos gusten las boutades sobre lo que nos pasa, simplemente es que, al tratarse de un estado fallido, con nuestra aquiescencia (la de los españoles), caben todo tipo de sarcasmos lamentables (reír para no llorar). Hemos dicho, mi hermano y yo, y nos hemos quedado muy contentos con nuestra ocurrencia.
Lo dejo ya porque hoy no tengo de qué escribir. No se me ocurre nada de nada.
La Fotografía: Ahora estoy leyendo con entusiasmo sobre psicoanálisis; los casos clínicos que cuenta Gabriel Rolón, que a veces me hacen llorar (soy de lágrima fácil). En sus relatos clínicos alude constantemente al subconsciente, piedra angular del análisis freudiano que él practica (también de los sueños). Pues bien, la fotografía de esta obra (Cristina Lucas) performativa, o más bien simbólica-figurativa, me sugiere el subconsciente, o tal vez sea el síntoma del que habla Rolón.

 

Pepe Fuentes ·