COLECCIÓN DE MISCELÁNEAS 110 y 2
“Yo quiero la historia de España contada a través de los secretos matrimoniales de millones de españoles y españolas, eso quiero yo, que acabemos con este monstruoso silencio, que lo digamos todo, que digamos que sustituimos el erotismo por la compañía, que sustituimos la pasión por la seguridad, que vendimos la vida por la tranquilidad. Aquí no folla ni Dios después de diez años de matrimonio, decidlo, coño, decidlo, haced una gran manifestación en la Gran Vía, sería revolucionario, y nos cambiaría para siempre. Manuel Vilas (Islandia)
Viernes, tres de abril de dos mil veintiséis
… El matrimonio, de acuerdo con las experiencias que conozco y a las que me acerco en contextos artísticos (literatura, cine, teatro); me parece que a estas alturas de la evolución cultural de las sociedades occidentales (las salvajemente religiosas son otra historia, llevan paradas desde su primer minuto); fue y todavía es, una de las instituciones del orden social básico más difícil de gestionar y sacar adelante; es más, ahora, si los cónyuges reaccionaran con total coherencia y honestidad casi ningún matrimonio sobreviviría al desgaste del tiempo, más allá de un poquitos años. A no ser que se apuntalaran con insensatos acuerdos de permanencia interesada. Los valores eternos que han venido sosteniéndolo son mentira por antinaturales: amor, pasión, entrega, fidelidad, cuidados y compañía eterna… ya no funcionan, las máscaras han caído y una vez rebasados los límites razonables de tiempo solo quedan dos vías: acuerdos o fuerte represión.
Lo digo por experiencia propia (y la de Vilas, o la del propia Woody y la de casi todos).
Las dos parejas sobre las que se sostiene la película se separan, una se vuelven a unir (la otra no), y esta, lo único que acierta a explicar es que lo hacen para ayudarse y protegerse contra el peso de la soledad; además de que los aspectos románticos y sexuales son secundarios, confiesan.
Quizá los matrimonios que permanecen solo sean cosa de viejos. Yo, ahora, también viejo, pero sin matrimonio; cuando más falta me haría (y a todos) ¡Menudo plan!
La Fotografía: Al comienzo: dos parejas modelo, maravillosamente adaptadas a su estado civil, social y culturalmente. Un espectáculo hiperrealista, fantasioso y virtuosamente elaborado por un Woody en plena forma (1992, con 57 años), que además interpreta genialmente su papel de pobre hombre maduro, esclavo de sus pulsiones sexuales imposibles hacia una mujer joven y atractiva. Un clásico de la obvia ridiculez masculina. La otra pareja, que huye hacia el conflicto de la separación (necesidad de libertad, dicen, cuando en realidad es que están hastiados); vuelve derrotada, maltrecha y ya resignada de por vida. Otro clásico, pero esta vez de dos, marido y mujer. Conversación entre estos últimos (he añadido el fotograma por la importancia de las edades en este dramático y fatal juego):
-El, Jack (Sydney Pollack, 58 años): A nosotros nos va muy bien, en serio nos va bien. Creo que hemos aprendido a aguantar mejor los problemas del otro ¿verdad?
-Ella, Sally (Judy Davis, 37 años, como personaje de la película tendría más): Sí, y yo al menos he aprendido que el amor no solo tiene que ser pasión y romanticismo obligatoriamente, también es compañerismo… es como un protector contra la soledad.
– Él: Esa parte es muy importante, el tener a alguien con quién envejecer, creo que lo que resulta duro, lo que hace daño a la mayoría de la gente son los sueños irreales.
– Ella: por supuesto.
Pregunta del terapeuta que los trata: ¿Y todo aquello de lo que no habla, como los problemas sexuales, por ejemplo?
– Los dos, al unísono: Eso sin resolver…
– Ella: Bueno, hay ciertas cosas que no se pueden resolver, y que se tienen que aceptar…
-Él: Y, cuando eso ocurre, pues no hay forma de… la cosa se pone fea.
-Ella: Pero se aprende a vivir con el problema y al final una llega a esconderlo bajo la alfombra
– Él: Y así funciona y eso es lo raro, que funciona bien, normal…
– Ella: Y no puedes obligarte a estar de acuerdo con una visión abstracta del amor o del matrimonio, cada situación es distinta
-Él: Lo que funciona, funciona, y cada caso será distinto, el nuestro es de una manera y el de otros de otra…”.