7 SEPTIEMBRE 2026

© 2026 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2026
Localizacion
Toledo, mi vecino rehaciendo su tejado
Soporte de imagen
-DIGITAL 250
Fecha de diario
2026-09-07
Referencia
11788

LOS DÍAS 9 y 2 (2026)
“Pasar inadvertido puede ser muy placentero”. Robert Walser
Viernes, cuatro de septiembre de dos mil veintiséis

… A la primera vecina que me he encontrado ha sido a P., que vive a tiro de mi perspectiva visual desde mi casa, a unos 80 metros. Es una mujer madura, en torno a sesenta años y todavía activa laboralmente. Está lesionada en un dedo de un pie. Es con la que mejor me llevo de la calle porque nos conocemos desde que éramos niños. Nos hemos preguntado por la salud y comentado las circunstancias de su fractura.
Nada más despedirnos ha aparecido E., la que vive enfrente con su pareja (se interesó por mi supervivencia hace unos días). Una buena vecina. Es profesora de lengua y literatura en un instituto de la provincia (La Sagra). Iba a trabajar. Como practico la máxima cordialidad dialogante con mis vecinos, en parte porque los tengo un cierto aprecio y también porque serán los que tengan que llamar al 112 cuando palme; la he preguntado por su estado de ánimo con relación a su trabajo; y como es comunicativa me ha contado sus puntos de vista y sobre los valores que aplica en su magisterio. Le preocupa y practica una educación integral que forme a sus alumnos en valores humanos y sociales, aparte de los formales y propios de sus materias. Es una profesional concienciada y responsable.
A mí me ha parecido estupendo todo lo que me ha contado porque como soy un vecino empático me he alegrado de su bienestar. En cuanto a la calidad de la educación de sus alumnos, me traía sin cuidado, pero he seguido muy bien la corriente y la he prestado toda la atención del mundo.
Luego, otro vecino, que también se iba a trabajar, al parecer también es profesor y de la misma edad que ella. A ese le conozco menos y no es, ni mucho menos, tan simpático como mi vecina. Sí lo es su mujer, una mujer atractiva y grácil (pienso en ella como en una libélula). Me llama de usted, luego amigos no vamos a ser. No me apaño bien con quien me llama de usted, los que lo hacen se empeñan en alegar que es por respeto; pero no consigo ni siquiera imaginar que porque me llamen de usted me tengan más respeto que si me llaman de tú; más bien, me parece, que lo único que pretenden es interponer una aséptica distancia, como que sienten un poco de asquito hacia el viejo, en este caso yo.
Y, por último, el nuevo vecino de hace tan solo unos meses. Está reformando la casa baja que se ha comprado, colindante con el anterior. Es policía municipal y alto, muy alto y delgado. Tiene pistola porque le he visto llegar a su casa con ella al cinto. Impresiona. Por lo menos en la calle tenemos a un vecino armado, por si nos atacan los Dalton.
Tengo que reconocer que me he sentido bien con los múltiples contactos en menos de media hora, porque me han visto y me han hablado, luego he estado presente en el mundo un rato (si nadie te ve, la inexistencia es total).
Alguna vez, de allá para cuando, socializar unos minutos está bien.
Y ya está, a las nueve me he metido en mi casa y ya no saldré, salvo a pasear por la mañana a ver si veo a las místicas en los próximos mil días, tal vez, no sé.
La Fotografía: Mi nuevo vecino, el profesor, que está rehabilitando el tejado de su casa. Mi ventaja sobre ellos es meramente estratégica en el sentido de que desde mi torre de clausura (en eso parafraseo a Montaigne, por lo de los ensayos y el retiro), desde la que tengo una visión cenital de sus casas y en parte de sus vidas. Ellos lo saben, imagino que piensan que los observo desde arriba; pero no es verdad, a mí me importa poco lo que hagan en sus casas y con sus vidas.

Pepe Fuentes ·