hicimos una excepción en Porto: visitamos la Fundación Serralves. Otra vez un arquitecto singular (casi nunca defraudan), en este caso Álvaro Siza. El hecho de ir no fue por ver lo que se exponía, aunque lo vimos (quizá cuente un poquito mañana), sino por la obra de Siza: paredes blancas, volúmenes rotundos, aberturas en la superficie texturizada de los muros distribuidas con un sentido de la proporción y el equilibrio magnífico. Las perspectivas que se abrían a lo largo de los cuerpos del complejo de edificios y los pasillos o huecos, eran proporcionados e invitaban a recorrerlos despacio: ir y volver sintiendo que estás envuelto por una creación singular que mima la luz y el sentido de la armonía. ¡Qué placer fotografiar en lugares bellos!
6 ABRIL 2008
© 2008 pepe fuentes