Confuso y perdido, intenté fijar premisas: en el retrato intervienen dos personas en un mismo escenario, con una cámara intermediando. El resultado depende de ambos, pero la mayor responsabilidad recae en el fotógrafo (creo): es el catalizador (o quizá lo sea la cámara, no sé), o al menos es el que decide el encuadre y el momento del disparo. También es el intérprete, el que pulsa los resortes emocionales del fotografiado. Quizá un buen retrato tenga que ver con el ascendiente emocional del autor (fotógrafo) sobre el intérprete (fotografiado). Bien, una vez llegado a este punto, ¿qué…? Volví a Barthes, y me encontré con que él, como fotografiado, asumía un gran papel. Me tranquilicé un poco, «Entonces, cuando me siento observado por el objetivo, todo cambia: me constituyo en el acto de «posar» me fabrico instantáneamente otro cuerpo, me transformo por adelantado en imagen» R. Barthes.
13 DICIEMBRE 2008
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