Lo que dije ayer parecía una idiotez (y quizá lo fuera), aunque no, no tanto, porque, ahora más que nunca, y de forma muy obvia, siento un abismal desequilibrio entre mis posibilidades y mis necesidades. Es lo que tiene envejecer: los deseos permanecen vivos en carnes impotentes o moribundas. Qué poca gracia tiene eso, maldita sea. Bueno, nada de lo que dije ayer y de lo que estoy diciendo hoy tiene que ver con lo que pretendía escribir cuando he encendido el ordenador. Pero, afortunadamente, tengo todas mis facturas pagadas y hago lo que me da la real gana. Pretendía, y aún lo pretendo, escribir sobre dos exposiciones de fotografía que vi el veinticuatro de Junio: Cindy Sherman y Thomas Ruff (también Frank Montero, pero a esa llegué cansado y casi no miré)…
3 SEPTIEMBRE 2011
© 2009 pepe fuentes