26 FEBRERO 2024

© 2024 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2024
Localizacion
Colecciones Reales. Madrid, España
Soporte de imagen
-DIGITAL 25.600
Fecha de diario
2024-02-26
Referencia
6291

DIARIO DE UN CONDENADO 3
El amor todo lo puede. El amor es una de las impotencias de la razón. Pero ya lo dijo Strindberg,“el mundo es una mierda”, lleno de hombres y mujeres despreciables. Angélica Liddell
Viernes, veintitrés de febrero de dos mil veinticuatro

Ayer salí a comer con mi amigo Ángel. Menú diario de pobres y trabajadores, que viene a ser lo mismo (nosotros solo pobres, ambos somos pensionistas). No íbamos elegantes ninguno de los dos, yo un poco más porque estrenaba zapatos. Comimos mal, yo por lo menos, aunque ambos nos empeñáramos en decir que lo habíamos hecho bien. Cosas del vivir mirando para otro lado. Nos reunimos a las dos y nos despedimos a las cinco, más o menos. Hablamos de lo de siempre, luego nos aburrimos un poco por estar siempre de acuerdo en todo, especialmente en política porque según dirían los maniqueos y sectarios woke, somos fachas ¡¡¡pues qué bien!!!  Todo menos ser como ellos, odiosos apóstoles-predicadores de “verdades” que tan solo son eslóganes y facilonas consignas de catequesis. Ayer incluimos un tema nuevo, la música (clásica). También hablamos de novela histórica (cualquiera que nos oyera pensaría que somos unos tipos cultos, pero yo no, desde luego que no).
Algunas veces hablamos de mujeres, como yo en este diario, pero ayer no. Para qué, si las mujeres no forman parte de nuestras vidas.
Para ambos, las mujeres que ahora nos desprecian (y nosotros a ellas) nos han apasionado siempre, cuando el deseo era una posibilidad; ahora que ya no, para qué perder el tiempo en cuestiones que no nos afectan y tampoco nos divierten y tampoco nos estimulan y tampoco nos excitan ni nada de nada (así sin comas, para que duela más).
Volví a mi casa y crucé algunos mensajes falaces con una fotografía de una mujer oriental que ha entrado en mi vida virtual por la puerta de atrás, simulando que es quién no es. Me he dejado porque estaba aburrido, pero ya me estoy cansando del jueguecito adolescente de esa mujer travestida de joven y oriental diciendo cosas como que respeta y admira mucho a los hombres maduros como yo ¡¡¡que ridícula falacia!!!
Sí, soy consciente de que hoy no tengo nada que escribir aquí, pero es que veo el contador de tiempo y no se para, inexorablemente el parpadeo de los segundos no me da tregua y es aquí donde descargo la ansiedad que me produce la maldita y fatídica luz intermitente. Creo que me querré morir pronto y que el puntito parpadeante se apague para siempre. No todo es tan malo para los seres humanos porque nosotros siempre tendremos la potestad y el poder de apagar la dichosa lucecita (antes eran los segunderos de los relojes) cuando nos dé la real gana. Omnipotentes y poderosos porque ese sería el momento de suprema libertad en el que podemos vencer a la vida, a la muerte y a nuestro destino.
Creo que ya puedo dejar por hoy la contabilidad (entradas al diario); sí, porque tan solo soy un triste contable y nada más.
PS: hoy, por la noche, debería salir a dar una vuelta, es viernes y recuerdo que eran las mejores noches del fin de semana, bueno no, esas eran las del sábado, pero a mí me hacían más ilusión las de los viernes. Cuando vivía, claro, porque ahora ya no.
La Fotografía:  «Lucrecia dándose muerte» (1685), de Carlo Maratta, en la exposición «Las colecciones reales”. Esa mujer decidió apagar el botón de su tiempo en la tierra con un cuchillo, salvajemente, transida de dolor trascendente. Una bellísima obra de un maravilloso pintor barroco. Sí, hoy traigo una fotografía de una noble y dramática pintura que hice el otro día, absolutamente pertinente por contraste para el día de mierda que será hoy.

Pepe Fuentes ·