9 ENERO 2026

© 2024 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2024
Localizacion
Mi Charlie, Yo y una Silla.
Soporte de imagen
-DIGITAL 50
Fecha de diario
2026-01-09
Referencia
10246

La vida superflua 7
“El pasado no cuenta, es tiempo expirado y negado, es tiempo de error o de ingenuidad e insipiencia y acaba por ser tiempo digno de lástima…». Javier Marías
Lunes, veintinueve de diciembre de dos mil veinticinco

Ayer, domingo, pasé un día malo, muy malo. No había razón, pero así me salió el vivir, mal, muy mal. La calma exangüe y rutinaria que suele acompañar mi espíritu y mi cuerpo día a día se desmoronó y me adentré en un trance embrutecido, desanimado. Los resortes sensibles se apagaron y las horas fueron avanzando difusas, planas, desvitalizadas. Y pesarosas y hasta bastante negras, diría.
Primero, el indeseable paseo de la mañana, por aburrido, que como cada día suele ser por las mismas sendas, a ninguna parte, de ida y vuelta, no me dan placer (salvo por la novela que vaya escuchando).
Luego, ya en mi casa, me moví de una habitación a otra, como un autómata, aunque pasé casi todo el día en la torre de Clausura. Nada deseaba, solo que el odioso día acabara de una puta vez. Para abreviar y adelantar el final, tontamente, me acosté antes que nunca: a las diez de la noche. Aunque sepa que el día siguiente empezará antes, pero será el mismo de hace un año, o dos o tres… hasta como lo mismo todos los días. Solo cambia lo que escriba para este diario (solo escribo entradas).
He hecho una comprobación, por curiosidad y puro displacer: ver lo que escribí hoy hace un año en el diario y ha sido alucinante, para morirme de risa de tanta inacabable circularidad.
Escribí sobre Un hombre sin pasado, de Aki Kaurismäki (2002): A un hombre de mediana edad, tres delincuentes le dan una paliza que le provoca la pérdida de la memoria y su identidad pasada. Acababa de llegar a Helsinki, donde no conoce a nadie. Debe recomenzar su vida desde cero.
A mí me encantaría lo mismo: estrenar una vida nueva sin memoria y sin la sufriente textura del pasado. Ya no tendría que maldecir la anodina y aburrida realidad diaria, que tanto me asquea; solo descubrir una nueva vida como intrépido explorador.  Ese maravilloso plan solo tiene un inconveniente, conseguir el borrado del pasado, aunque si tuviera que soportar una paliza, mejor declinaría: cornudo y apaleado, no gracias.
Es necesario que el mundo invente un recurso inocuo, como unas pastillas, una varita mágica, o simplemente un suave zarandeo. Traería a cuenta algo así porque, entre otros beneficios, el mundo se ahorraría las miles de vidas de los suicidas.
Hasta que se invente la máquina de borrar pasados y experiencias innecesarias y banales, como la mía, a lo mejor puedo probar dándome un golpecito en la cabeza, y a ver qué pasa. Pero no creo que funcione porque ganar una nueva vida no puede salir tan barato.
La Fotografía: Imagen que ya no se dará ni en dos mil veintiséis ni nunca. Mi Charlie murió el tres de septiembre pasado. Amaba a ese perro como a pocos seres vivos he amado nunca. En una de las comidas que tuve con Gabriel el mes pasado, me ofreció comprarme un perro, el que yo quisiera. Mi hijo sabe de mi soledad absoluta y pensaba que un perro aliviaría esa ingrata sensación (o no tanto). Entre un perro y una persona para seguir con mis días, preferiría un perro. Eso también lo sabe Gabriel porque me conoce bien. Renuncié a su generoso gesto que también a él le dejaría más tranquilo en cuanto a mí equilibrio emocional. Ahora ya no deseo involucrarme en otra relación sentimental con otro Charlie (un perro para mi vida solo podría ser otro como él).

Pepe Fuentes ·