MONÓLOGOS SOBRE ARTE 36.1
“Tradicionalmente, la historia del arte ha presentado el expresionismo abstracto y el arte pop, y por tanto, a cada uno de sus más conocidos representantes -Jackson Pollock y Andy Warhol- como polos opuestos. Pertenecientes a dos épocas y dos estilos diferenciados, la abstracción y el arte figurativo. Pollock ha sido considerado como un artista dentro de la genealogía de los grandes creadores, mientras que, para algunos, Warhol ha sido un simple apropiacionista de las imágenes y los objetos de consumo”. Cartela de exposición
Miércoles, siete de enero de dos mil veintiséis
El curso de mi aburrida existencia me cunde en este diario hasta dejarme atrás experiencias que no quiero privarme de traer a colación…
La tarde del viernes veintiuno de noviembre me acerqué a Madrid, primero a ver arte, y, luego, a la difusa Cena Rara, para experimentar o más bien demostrar que sigo vivo, aunque la cena en sí no demuestre nada; pero eso ya lo conté hace un tiempo.
Llegué a las seis, tenía entrada para esa hora en el Thyssen, para ver la exposición de Warhol y Pollock. Cometí un error de planificación porque pensé que cerraban a las ocho y no, lo hicieron a las siete.
Antes de terminar de ver la exposición, casi me echaron a empujones de voz en off –abandonen las salas- decían.
A priori, a mí me interesaba mucho más Warhol que Pollock. La muestra estaba descompensada: 70 piezas de Warhol, por tan solo 12 de Pollock. Además, algunas obras de artistas invitados: Lee Krasner, Rauschenberg, Helen Frankenthaler, Marisol Escobar (Venezolana, del círculo de Warhol), que subrayaban el relato de la exposición.
Tuve varias decepciones: horario de tarde, con premura (no estoy acostumbrado); y la escasa obra de Pollock que, aun reconociendo la vigorosa capacidad expresionista de las obras expuestas, habrían sido más emocionantes e impactantes sus grandes formatos, pero, al parecer, son delicados y frágiles para el transporte.
En cuanto a Andy Warhol, mi mirada estaba muy condicionada por mi entusiasmado interés por su figura, más allá de la materialidad de su ingente e inabarcable obra. Siempre he pensado que la obra física y objetual en sí, tan profusa y múltiple, está por debajo de lo que el artista fue, representó y significó para el mundo del arte del siglo XX: un salto hacia adelante, sin duda. Andy era la obra viviente, muy por encima de sus creaciones, que, además, vistas en sala, es posible que puedan defraudar como materializaciones de su genial universo.
Los Warhola, humildísima familia rutena emigra a Estados Unidos, a comienzos del siglo pasado (1914); primero el padre, para abrir camino y establecer el lugar donde se asentaría la familia: Pittsburgh. Siete años después se le unen la esposa y sus dos hijas mayores. En 1928 nace Andrew Warhola, posteriormente, Andy Warhol.
Pasó de la más absoluta y paupérrima vida imaginable al también inimaginable olimpo artístico del siglo XX. Estudió Arte comercial en una universidad local y en 1949 se trasladó a Nueva York y comenzó a colaborar con revistas como publicista (distintos productos, como zapatos, por ejemplo).
Uno de los pilares fundacionales de su obra fue la serie de botellas de Coca Cola (1960-1962)…
La Fotografía: “Lo que es genial de este país es que Estados Unidos ha iniciado una tradición en la que los consumidores más ricos compran esencialmente las mismas cosas que los más pobres. Puedes estar viendo la tele, ver un anuncio de Coca-Cola y sabes que el Presidente bebe Coca-Cola, Liz Taylor bebe Coca-Cola y piensas que tú también puedes beber Coca-Cola. Una cola es una cola, y ningún dinero del mundo puede hacer que encuentres una cola mejor que la que está bebiéndose el mendigo de la esquina. Todas las colas son la misma y todas las colas son buenas. Liz Taylor lo sabe, el Presidente lo sabe, el mendigo lo sabe, y tú lo sabes”. Andy Warhol (1975), La filosofía de Andy Warhol (De A a B y de vuelta).