MONÓLOGOS SOBRE ARTE 36.2
“Para evaluar sus méritos y sus flaquezas, encuentros y lecturas que han alimentado el retrato de este hombre orquesta, a un tiempo, ilustrador, pintor, fotógrafo, cineasta, autor, a falta de ser auténticamente escritor, creador de revistas y descubridor de talentos, o de cómo el hijo de unos pobres inmigrantes rutenos, se convirtió en un artista venerado o despreciado”. Jean-Noël Liaut (biógrafo de Warhol)
Jueves, ocho de enero de dos mil veintiséis
… Los años sesenta fueron clave en la vida de Andy Warhol, la treintena de su edad, ya que son fundacionales en cuanto a establecer las coordenadas por las que se moverá su obra, a grandes rasgos y, sobre todo, en lo que se refiere a construir un cuerpo filosófico que sostendrá su personalidad como artista.
Los artistas considerados como precursores del movimiento pop fueron: Marcel Duchamp, Kurt Schwitters, Man Ray, Max Ernst y Jean Arp… todos ellos insignes vanguardistas de la constelación surrealista, que provocaron una convulsión en el mundo artístico ya que hasta ellos, el arte evolucionaba a un ritmo cadencioso entre los siglos XIV y XIX por ejemplo, en los que los tránsitos duraban siglos o varias décadas; mientras que en las primeras décadas del siglo XX se movió a un ritmo vertiginoso galopando a la grupa de una incontenible modernidad.
Quizá, se me ocurre, que el comienzo del XXI, no está siendo ni mucho menos tan dinámico, a no ser por la rutilante aparición de la IA, tan prometedora como alarmante y todo al mismo tiempo. Es más, los artistas estrellas de finales del XX y principios del XXI me parecen tediosos y triviales, con sus vasos de agua medio llenos o un plátano sujeto a una pared con cinta americana, de Maurizio Cattelan (6,2 millones $); figuración de tiburón en formol de Damien Hirst (12 millones $); o «Rabbit» (1986), Jeff Koonns (91 millones $). Obras que puedo ver de un simple vistazo y que no me mueven ni la más remota fibra sensible, a no ser la articulación mandibular de un incontenible bostezo.
Parece que el único interés del arte de vanguardia está en el precio-espectáculo que alcanzan obras que parecen bromazos; y ya vamos por precios (que no valor) que pueden alcanzar cientos de millones (Willem de Kooning) con una obra de pura abstracción y de tamaño medio, titulada: Interchange, 1955 (300 millones $).
Uno de los precursores de este arte-espectáculo fue, sin duda, Andy Warhol, quizá el más grande de todos, porque fue el primero que se atrevió a realizar obras nunca hechas antes, si exceptuamos a Marcel Duchamp y sus Ready-Made (fuente; urinario de pared al revés, que cambió el paradigma del arte para siempre).
Detrás del espectáculo del arte pop, él, fue el gran precursor: un alquimista genial que transformó lo ordinario y cotidiano que consumían las clases populares (en sus orígenes subyacía toda una mitología de humilde ruteno que él trajo al gran arte) y que convirtió en oro puro, a través de un virtuoso y asombroso ejercicio de prestidigitación.
Lo consiguió a partir de su propia imagen y actitud social. Él integró en una misma pieza, artista y obra, y todo en la misma ceremonia de mágica y glamurosa materialización…
La Fotografía: A veces pienso que su obra hasta podría calificarse de basura si de ella extrajéramos quirúrgica o milagrosamente a su artífice. Sí, ya sé que esa apreciación es una boutade, por no decir una simpleza, porque, a fin de cuentas, a mí me fascina Andy Warhol, pero más como hombre espectáculo de imaginación desbordante y profeta de una modernidad ya legendaria. En la exposición había varias obras de las llamadas Oxidation Paintings (expresionismo abstracto). Al verlas, pensé: –aquí se ha meado alguien– El proceso creativo se basaba en la reacción química entre la orina y la pintura de cobre para crear patrones de oxidación en el lienzo. Sobre la pintura se esparcía la orina al ritmo casual de una meada de Andy o sus amigos que pasaban por allí (La Factoría plateada); por efecto de la reacción química entre la orina y la pintura de cobre que creaba patrones de oxidación en el lienzo. Cuestan cientos de miles de dólares, pero a ciencia cierta es imposible saber lo que verdaderamente valen, como cualquier obra contemporánea. A mí no me gustaron en absoluto (no pude abstraerme de la más directa asociación con una vulgar meada).