MONÓLOGOS SOBRE ARTE 36 y 4
“Sus últimos autorretratos eran como máscaras mortuorias. La mirada que Warhol dirigía hacia sí mismo era la de un hombre que vivía ya en otro mundo, como precozmente aniquilado por sus opciones existenciales (…) Su final es digno de aquellos grandes melodramas de Hollywood que tanto le habían fascinado. Una muerte extraña. Portada de los periódicos del mundo entero”. Jean-Noël Liaut
Sábado, diez de enero de dos mil veintiséis
… Sí algo caracterizó a Warhol de forma especialísima fue su capacidad de influencia sobre artistas y sobre todo, gentes del espectáculo. Convocó a cientos de personas a lo largo de su carrera, especialmente en su compulsiva actividad cinematográfica de la que se ocupó a partir de los años sesenta como guionista, productor y director. Aunque realizó películas a lo largo de toda su carrera (entre 1963 y 1968 produjo más de sesenta películas); esa actividad nunca tuvo especial repercusión ni en el momento de crearlas ni posteriormente. Muchas de ellas fueron experimentales e improvisadas. Creo que se lo pasaba estupendamente detrás de la cámara dando rienda suelta a su espontaneidad creativa y a la de sus colaboradores. Automatismos surrealistas, supongo, porque no he visto ninguna.
Fue un hombre creyente y practicante del rito de la iglesia católica bizantina rutena, que mantuvo toda su vida.
Siempre hubo una troupe que le acompañaba de noche y de día, aparte de sus ayudantes de la factoría en tareas especializadas de la producción.
“Se reunían todos ellos en La Factoría, en un entrecruzamiento constante de enigmas y alusiones codificadas de sobreentendidos, burlescos o equívocos, un mundo hermético y excluyente que poseía su propio lenguaje… En Estudio 54, Warhol grababa las confidencias de aquellos ídolos drogados y sobreexcitados y, al volver a casa de madrugada, clasificada cuidadosamente las cintas. Día y noche estaba rodeado de gente, pero al leer su diario íntimo uno se da cuenta de hasta qué punto se sentía solo, sin vínculos profundos, que lo unieran a nadie. Como no fuera a sus dos perros adorados”. Jean-Noël Liaut
Él fue su más íntima y trascendente obra de arte. Marcó inagotables direcciones de desarrollo al arte Pop y contemporáneo. El análisis y estudio de su obra supone una ingente tarea que ha llevado décadas y seguirá siendo inacabable.
“La actriz Paulette Goddard, musa de Charles Chaplin, le llamaba, Andy el Zorro Blanco, y así es ciertamente como lo veo yo también, como un zorro astuto y curioso, todo un raposo de pelaje platino, que no dejó nunca de explorar; un viejo zorro del desierto que olisqueaba en busca de la dirección del viento y que comprendió su época”. Jean-Noël Liaut
Terminó teniendo un abrumador éxito ganado a partir de su portentoso talento y su capacidad inagotable de trabajo.
“Tragedia y glamour fueron hasta el final los dos elementos warholianos por excelencia. Andy fue por sí solo la encarnación del sueño americano, el hijo de unos inmigrantes pobres que se convierte en el artista más famoso de su generación. La subasta de sus bienes en mayo de 1988 fue un acontecimiento del que se hicieron eco todos los medios de comunicación. Sus colecciones dispersadas por Sotheby’s, reportaron más de veinticinco millones de dólares. Un artista cuya fortuna personal se evaluó en más de cien millones de dólares tras su muerte. En noviembre de 2013, Silver Car Crash double Disaster (1963), se vendió en South Beach en 105 millones de dólares. Un monstruo sagrado. Yo añadiré, un monstruo sagrado con Toisón Dorado”. Jean-Noël Liaut
La Fotografía: La última obra que vi de la exposición del Thyssen antes de que me expulsaran perentoriamente: “Sombras presentadas en la galería Heiner Friedrich de Nueva York, del 27 de enero al 10 de marzo de 1979. Se trataba de cuadros en serigrafía que podían disponerse en un orden aleatorio. Estas obras misteriosas, puramente abstractas, ofrecían juegos de contrastes entre un fondo y 17 colores diferentes, vivos y ácidos, suponían una profunda renovación del repertorio de Warhol y nadie habría podido imaginar que consistían en fotos de las sombras proyectadas por pedazos de cartón. Un tema ideal para un artista que desde siempre había caminado enmascarado. Unas sombras que anunciaban el final de una época loca y despreocupada, como si el artista hubiera previsto la incertidumbre y la angustia que iban a caracterizar una nueva década con la llegada del sida”. Jean-Noël Liaut