MONÓLOGOS SOBRE ARTE 37.1
«Una idea, tan abstracta como podría concebirla un escultor o un pintor, puede expresarse mediante el registro “objetivo” de la cámara, porque la naturaleza tiene todo lo que el artista es capaz de imaginar; y la cámara, controlada por la inteligencia, va más allá de la estadística.» Edward Weston, 1 de febrero de 1932
Domingo, once de enero de dos mil veintiséis
Eran las siete de la tarde del veintiuno de noviembre del año pasado, y estaba en la puta calle (me habían desalojado del Thyssen y de la exposición de Warhol y Pollock); y para la Cena Rara todavía quedaban dos horas. Me organicé fatal.
Decidí salir a toda prisa hacia la Fundación Mapfre, que estaba muy cerca, pero cerraban a las ocho. Allí había una exposición de Raimundo de Madrazo, que me apetecía ver, desde luego; pero también estaba la de Edward Weston, mucho más interesante para mí porque me he dedicado a fotografiar y con una mirada muy cercana a la de Weston.
Entré a toda prisa en la primera sala la de Madrazo, pero sabiendo que ni siquiera me daría tiempo a ver ni la mitad, cambié a la de Weston, también corriendo, corriendo.
La obra de Edward Weston, estrechamente ligada al paisaje y a la historia cultural de Norteamérica, destaca por su extrema sencillez, profundidad y originalidad. Desde esos rasgos principales, la fotografía de Weston ofrece una perspectiva única del desarrollo de la fotografía en su conquista de un estatuto artístico y su importancia en la modernidad de las artes visuales.
Weston fue pionero en el uso de un lenguaje fotográfico moderno: creadas con una cámara Graflex de gran formato, con las que creaba imágenes de extrema y cuidadísima técnica, detalle y nitidez. La combinación entre su maestría técnica, su interés en la forma y su fascinación por la naturaleza dio lugar a numerosas imágenes emblemáticas de naturalezas muertas, paisajes, desnudos, retratos… imágenes primordiales para entender el ejercicio de profundización en un lenguaje innovador: la fotografía a lo largo del siglo XX.
La Fotografía: Saguaro (1938); yo también fotografié Saguaros (2008), en las inmediaciones de Tucson (Arizona), setenta años después. Pero ni de lejos conseguí una imagen como la de hoy, y me habría gustado. A la hora de hacer mis fotos (medio formato, Mamiya RB67), en mi subconsciente seguramente estuvieron presentes sus imágenes; pero en absoluto racionalmente, nunca he sido consciente de fotografiar “al estilo de”; siempre me he dejado llevar por mi propio instinto en cuanto a temática y concepto. Hoy he vuelto sobre un libro de gran formato de Weston, que se había llevado Naty, pero me lo ha devuelto en préstamo, y he descubierto con asombro, que en lo que se refiere a la fotografía de naturaleza, paisajes, primeros planos de motivos vegetales y, sobre todo, lugares abandonados; muchas de mis fotos, sin saberlo a priori, se parecen a las suyas: la misma lectura e interpretación fotográfica; salvo naturalezas muertas y desnudos (que apenas practiqué). Compartí con Weston, setenta años más tarde, inquietudes estéticas, salvando las distancias de talento y calidad de obra, claro. Aunque sintiera la trascendencia de la belleza de esas maravillosas plantas en el momento de la toma, las mejores imágenes posibles ya estaban hechas por el maestro.