DIARIO DE MI FELICIDAD 15.2
“El mejor motivo para no ceder sea cual fuere nuestra edad a las tentaciones autodestructivas es la fidelidad a la risa». Fernando Savater
Viernes, dieciséis de enero de dos mil veinticinco
La cita de Fernando acabo de leerla ahora, a las ocho y veinte de la mañana. Él es un hombre contradictoria y decididamente optimista, pero inteligente (ambos valores suelen ser refractarios en el inmenso mundo de mis prejuicios). El artículo (the objetive) era sobre el suicidio y se hacía eco del aumento entre jóvenes; relacionándolo con el de los viejos, que, al parecer, nos suicidamos menos: “… a cierta edad, por fin, nos convencemos ya de que somos mortales, no como especie sino como individuos. ¡Anda que no nos ha costado enterarnos! Dice él. Tiene razón: para qué vamos a tomarnos la molestia y el terrible sufrimiento de matarnos si ya estamos medio muertos (el trabajo ya está hecho y casi terminado). No puedo imaginarme clavándome un cuchillo (grande) en las tripas, tipo seppuku ritual, como Mishima. No habrá problema, soy del barrio de Santa Bárbara, de Toledo; nada que ver con el espiritual Japón.
Hoy me he levantado de buen humor porque ayer me dediqué a gestionar las entradas a distintos sitios en Madrid, el domingo (nunca salgo en domingo); a saber, a un restaurante (a las 14:30), a la Fundación Mapfre, a ver la exposición de Raimundo de Madrazo (que no vi en noviembre) y revisitar la de Edward Weston, que vi alocadamente, de la que he hablado en estos días; y, después, a las siete y media, una obra de teatro: Una forma de vida, adaptación de la novela de Amélie Nothomb, autora que tanto me gusta (a mi compañera de aventura dominguera también). Pero no es eso lo extraordinario, aunque sí, porque todo lo del domingo me gusta; sino que esa movida la he planeado con una mujer (Carmen); y todo lo haremos juntos el domingo por la tarde. Asombroso ¡yo, escapándome de mi clausura, para salir con una mujer, en Madrid, a hacer sosas gustosas para mí! Es que no me lo puedo creer. Veremos cómo sale todo.
Por eso hoy por la mañana me siento sensible hacia la risa de la que habla Fernando, la que nos aleja de la sombra del suicidio.
Siempre hay motivos para reír, sobre todo aquí en nuestra pobre península, excluida la más lúcida, sensata y lírica Portugal, a ellos siempre les quedará Lisboa, Pessoa y el Fado. Vuelvo a Savater y la risa, refiriéndose a las iniciativas de los forajidos, siempre ideando “movidas” para robarnos (están por todos lados y utilizando todo tipo de tretas). Dice él, Savater: “Porque incluso los peores bribones, como también son incurablemente imbéciles, suelen siempre dar motivos de carcajada. Por ejemplo, este titular, leído —cómo no— en El País: «El Gobierno lanza una campaña para dar voz a la Madre Tierra». Si ese inútil artificio que distraerá 2 MM de euros o más ¿Cuánto se llevarán los forajidos gubernamentales? Bastante, seguro. Todo para que en un video hable la madre tierra (anciana en el video, claro, menudo alarde de imaginación), que dice “confiar en nosotros” (y en el psoe, cómo no). “La iniciativa busca reforzar la toma de conciencia ciudadana sobre la magnitud del reto climático y pone en valor el papel clave de la acción colectiva para garantizar una transición energética segura y orientada al bienestar!!!!!! Son máquinas de idear tonterías a cambio de pasta (para ellos, claro). La única conciencia firme que tenemos es que os burláis de todos nosotros a todas horas. Espero que eso no nos lleve al suicidio colectivo por humillación.
La Fotografía: Mi sala de la chimenea apagada (no se ve, la tapa el sillón del fondo); una noche cualquiera, en la que acabo de cenar mi ensalada diaria, que es como la comunión de un cenobita en su clausura; viendo alguna estúpida serie de Netflix (no puedo ejercer y hacerme el interesante degustador de exquisitas obras de arte a todas horas, tengo que compensar con basura televisiva, para equilibrarme y no suicidarme (el suicidio seguramente obedece a una pérdida de equilibrio emocional). Sí, el pie con calcetín negro de la parte inferior derecha de la foto es el mío. ¡¡¡Qué risa!!!