25 ENERO 2026

© 2019 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2019
Localizacion
Uyuni (Bolivia)
Soporte de imagen
-35 MM- ILFORD SFX. 200 (800)
Fecha de diario
2026-01-25
Referencia
11361

DIARIO DEL ESPANTO 3
“La política saca a flote lo peor del ser humano”. Mario Vargas Llosa
Viernes, veintitrés de octubre de dos mil veinticinco

Trenes que se estrellan…descarrilan y matan a personas confiadas…
Los culpables, una vez más, han sido ellos, los forajidos (asaltantes de trenes con resultado de muerte) …
Han perecido cuarenta y cinco personas que se subieron a los trenes de la muerte sin saber que sería el fin de sus vidas. Decenas de heridos graves, también. Un final fatal sin que ellos ni siquiera pudieran sospecharlo, que les privó de la despedida de la vida y de los suyos que todos nos merecemos.
Los forajidos, a esa misma hora, disfrutando del dinero de la bolsa, sin pena ni culpa.
¿Quiénes fueron las víctimas esta vez? Muertos y heridos graves; y todos nosotros, millones de potenciales víctimas que hemos suscrito un contrato social fraudulento que nosotros siempre cumplimos, acatando las normas y pagando escrupulosamente lo que nos piden, sin regatear un puto euro e incluso yendo a las urnas cuando nos lo piden, sabiendo que nos estafarán con escarnio premeditado (yo no, por nada del mundo acudiré a su llamada de lobos encarnizados, supondría que acepto que se rían de mí o que me maten traicioneramente).
Ellos son responsables del atentado mortal por no haber sido escrupulosos y cumplidores con la parte que les correspondía del contrato: cuidar del buen estado de las instalaciones y así proteger la vida de las personas que confiamos en ellos a diario.
Siento tristeza por las víctimas que ni siquiera tuvieron ni la más remota posibilidad de salvación, pero también por todos nosotros, por lo que podríamos ser víctimas mañana de su infinita infamia, crueldad y desprecio. Al poder, sea del signo que sea, nunca les importan las vidas humanas.
Una capa de infame suciedad pegajosa, putrefacta y maloliente ha caído sobre nuestro país como una maldición bíblica. Nunca podremos liberarnos de esa repugnante lacra, a no ser que los más severos castigos caigan sobre ellos, los forajidos, y que ninguno se libre, que todos penen o mueran.
En adelante, pensaré seriamente volver a subirme en un tren, Me pregunto: ¿y si todas las vías están podridas?… Qué sería de mí y de todos.
La Fotografía: Trenes tranquilos, retirados, descansando eternamente de su ajetreada vida de años y años, llevando mercancías y personas de un lado para otro, en Uyuni, Bolivia. Presencié como las gentes acudían alegremente a homenajear a esas máquinas y vagones mitológicos que tanto hicieron por el progreso del género humano. Yo, también allí, me sentía exultante fotografiando esas fascinantes máquinas, vagones y la alegría de todos. A los humanos siempre nos han maravillado los trenes, que fueron ruidosos y humeantes (yo de niño, en invierno, iba todos los domingos por la tarde a la estación (vivía y vivo muy cerca) a presenciar la preparación de la salida del tren de las siete menos diez hacia Madrid, y ver cómo se perdía en la oscuridad de la noche. Y entonces la estación se vaciaba y solo quedábamos dos o tres críos jugando en el vestíbulo solitario y medio en penumbra. Ya no llegarían más trenes hasta el lunes. A mis pocos años, mis juegos más gratos y excitantes transcurrían en la estación toda la tarde del domingo, hasta la noche, colándonos en los vagones quietos y vacíos que nos hacían soñar con viajes a sitios remotos, y, también, vivir con loca alegría la inocente transgresión en la que incurríamos. Luego, llegaron los trenes herméticos, silenciosos y ultrarrápidos y ya nada fue tan romántico; sobre todo porque con ellos también vinieron los forajidos con la muerte en sus carteras.

Pepe Fuentes ·