DIARIO DEL ESPANTO 4.1
“Pertenezcan a quien pertenezcan en origen los sueños, tú los has compartido. Y, en consecuencia, debes asumir la responsabilidad sobre lo que ha ocurrido en ellos. Porque, en definitiva, ellos se han infiltrado en ti a través del oscuro pasadizo de tu alma”. Haruki Murakami
Miércoles, veintiocho de enero de dos mil veintiséis
Anoche, la del martes al miércoles, las horas del sueño fueron invadidas por alucinaciones tormentosas que se parecían demasiado a las pesadillas: angustiosas y tenaces.
Recuerdo algunas imágenes como las de estar rodeado, acosado por seres fantasmagóricos y malignos que intentaban clavarme largas varas puntiagudas como lanzas. Me zafaba y corría aterrorizado, pero una y otra vez conseguían arrinconarme. Escapaba una y otra vez. Nunca me permití perecer, inmolarme por impotencia, miedo atroz o cobardía. Debió ser porque en los sueños nunca mueres. Aunque de eso no estoy seguro.
Desperté, después de una hora, volví a dormirme; y otra pesadilla apareció para agitarme; esta vez, una mujer conducía mi coche y se precipitó por una pendiente cayendo a un río donde vi cómo desaparecía bajo el agua (podía ver con toda nitidez el coche y sí, era el mío). A la mujer, no sé qué le pasó. Lo que me disgustó fue perder mi coche.
Me desperté a las cuatro y media de la madrugada. Toda la noche oyendo llover entre terrores. Ahora, a las siete y media, diluvia con fuerza.
Nunca me han interesado la interpretación de los sueños, ni he sido aficionado a ciertas teorías freudianas. Prefiero las literarias o poéticas, como la cita de Murakami de hoy, plena de sentido, de su novela Kafka en la orilla (precisamente); o Antonio Machado cuando escribe: “El que no recuerda sus sueños ni siquiera se conoce a sí mismo”.
Yo no recuerdo muchos de los míos (salvo los de anoche); luego solo me reconozco a veces. Sé que es así. No sé a qué sueños se refería Don Antonio, quizá a los no susceptibles de interpretación freudiana.
Probablemente, las causas de mis malas pesadillas estuvieron en cómo pasé el martes, de principio a fin, y especialmente por la película que terminé de ver por la noche (Maspalomas), pero esa entrada será mañana …
La Fotografía: Quizá la causa de mis terrores nocturnos tuvo que ver con que, de la pantalla de TV con las últimas imágenes de Maspalomas, me metí en la cama, sobrecogido por una tristísima película. Esta imagen puede parecer amable. No lo es, todo lo contrario, es desoladora. Los viejos no debemos contrastarnos nunca con los jóvenes, y jamás si puede haber deseo de por medio.