Diario de un hombre Invisible: 10
“Quiero encontrar al hombre de mi vida… marido ya tuve…”. María (68 años, anónima, en una página de contactos para ligar)
Sábado, catorce de febrero de dos mil veintiséis
Sábado, día de los enamorados según la tradición católica, que, al parecer, se celebra en todo el mundo.
Por mi parte, me dispongo a vivir el día señalado, repleto de experiencias caramelizadas en el mundo occidental, en la más absoluta sequedad y carencia sentimental (ni siquiera tengo a nadie a quién abrazar castamente); por eso me refugiaré todo el fin de semana en la invisibilidad del capítulo, pensado para días como hoy, precisamente. Pasaré todo el día en mi clausura. Mañana también.
Por si fueran pocos los acontecimientos festivos, además, es carnaval. Todo el mundo saldrá a la calle a reír, cantar y bailar. Y a ligar. A propósito de esto último, ahora me acuerdo de que hubo un año de mediados de los lejanos ochenta, en una noche como la de hoy, cuando salía a “cazar” experiencias amorosas todos los fines de semana, que una mujer que conocía y que me parecía muy atractiva, con novio oficial y todo, depositó su deseo en mí y me invitó a que nos perdiéramos en la noche (yo encantado). Nos apartamos del jaleoso ambiente festivo y terminamos en mi casa haciendo lo que nuestros respectivos cuerpos deseantes nos pidieron. ¡¡¡qué tiempos, por Dios!!!
Esta noche algo así no pasará. Mañana tampoco. Viviré íntimamente con mi decepción vivencial durante 48 horas seguidas. Luego, el lunes, también.
El otro día escribí a la mujer (María) que se presentaba de ese modo tan irónico y ocurrente, por la única razón de que me hizo gracia. Me empleé en ser yo también gracioso en el mensaje, sin mayores pretensiones. No debí conseguirlo porque, como todas, no me contestó. Algunas mujeres son lamentablemente perversas en sus actitudes, porque utilizan un recurso despreciativo: el sepulcral silencio, lo que hace que me pregunte ¿existiré, o seré un holograma? Lo peor de su grosería es que actúan sin sentido del humor, como resentidas y rencorosas, sin conocernos de nada. Las pueden zurcir a todas con hilo verde que habría dicho mi admirado Javier Tomeo.
A mediados de semana me escribió mi agente para los asuntos amorosos (hacía tres meses que no sabía de ella) diciéndome que tenía una candidata (es la cuarta que encuentra en nueve meses). Al parecer, se llama Inés, y vive en Madrid. Le contesté que vale, que a priori me parecía bien Inés y que nos veíamos cuando ella quisiera. Tengo total disponibilidad para los asuntos amorosos. Sin embargo, tengo dificultades para que alguna mujer me guste y la acepte. Me decepcionan todas.
Mi agente me contestó que, precisamente, la candidata Inés, estaría de viaje los próximos quince días (ya empezamos con los problemas). Es la tercera vez que me sucede, cuando se da la posibilidad de que una mujer y yo nos encontremos, ellas se van de viaje. Hay algo sospechoso en eso, gato encerrado seguro. Menos mal que, a fin de cuentas, a mí me da igual.
Veremos, ya contaré como acaba, que acabará, el asunto de la candidata Inés.
La Fotografía: Retrato de aquellos años en los que yo tenía bastante éxito con las mujeres (mediados de los ochenta, con mi treintena recién cumplida). La toma, con mi cámara, la hizo en Nazaré mi amigo y compañero de viaje a Portugal, Josito Herreros. El mes pasado hablé de ese viaje. Cuando volvimos, dejé a una novia de ese momento y me eché otra sobre la marcha ¡¡¡qué gusto, aquellos tiempos!!!