DIARIO DE MI FELICIDAD 17
“Este es un libro sobre el olvido, sobre cómo vamos a olvidar todo cuanto supimos o pudimos vivir. No es un libro sobre esa mujer que tanto me amargó o me amó o lo que sea que pasó, o sobre mí mismo, aquí busco el tiempo, que es lo que nos hace enloquecer: el tiempo”. Manuel Vilas
Lunes, dieciséis de febrero de dos mil veintiséis
Tengo buenas noticias que darme, estupendas diría.
Antes de seguir diré que el fin de semana, súper, súper festivo (enamorados, carnaval y alguna otra cosa que yo tampoco viví), lo he pasado enclaustrado, pero tranquilo.
Lo único que siento en mi continuada clausura es que mi mesa sufre un permanente estado de guerra, de sitiado por las que yo y solo yo considero circunstancias de emergencia. Como fatal: guisos hechos al por mayor y apaños de mierda de supermercados o industriales. Me odio por no cocinar, por perezoso para quererme un poquito más y ofrecerme al menos unos espaguetis, aunque solo sea eso, guisos sencillos y sabrosos. Mi cocina: zona devastada por la pereza y el abandono.
Las buenas noticias, razón de mi felicidad, son de orden literario, a saber: esta mañana me he comprado Coloquio de invierno, la última publicada por Luis Landero, uno de mis escritores de cabecera, y eso es una fiesta.
Apunte de prensa a propósito de esta obra que me tiene en ascuas: “La novela se despliega como una sucesión de relatos personales que no buscan deslumbrar: En ese gesto se va dejando al descubierto no solo lo vivido, sino la manera en la que uno aprende a explicarse a sí mismo. Lo que emerge no es un fresco social ni una intriga coral, sino algo más frágil y reconocible; un conjunto de vidas narradas desde la conciencia de su propia imperfección”.
Dice Luis Landero, a propósito de esta novela: “A cierta altura de la vida, uno ya no espera redención, solo un relato aceptable”.
A las nueve he comenzado a oírla (audible), mientras caminaba los 8 km que me han tocado hoy. Me está encantando. Espero terminar mañana, o pasado, pero no mucho después; porque el miércoles me está esperando la última de mi escritor favorito: Manuel Vilas, Islandia, en la que relata la relación de pareja de once años, con su última mujer y la separación de ambos, amigablemente, creo. Me enteraré mejor cuando la lea.
En este caso no lo oiré, lo leeré, porque tomo muchas citas de las novelas de Manuel (es mi escritor preferido), y además, prefiero marcar yo el tempo de lectura.
Será un gran acontecimiento para mí, de los que me hacen feliz.
Echando un vistazo a las últimas publicaciones, me he tropezado con también la última de David Foenkinos, Todos aman a Clara, la que también tendré presente.
¿Quién teme al paso del tiempo, el desamor y la soledad, existiendo novelas que leer? Nadie, supongo, yo al menos no.
La Fotografía: El sábado por la mañana, con un aire endiablado y frío, me acerqué a la orilla misma del río Tajo, que venía crecido y bordeaba la ciudad furiosamente. Pasé un tiempo largo fotografiando y hechizado por el agua vertiginosa.