24 FEBRERO 2026

© 2026 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2026
Localizacion
MI CASA. último día de enero, un sábado ventoso por la mañana
Soporte de imagen
-DIGITAL (JPG) 32. (MOVIL)
Fecha de diario
2026-02-24
Referencia
11387.3

DIARIO DE MI FELICIDAD 19 y 3
“Un hombre que trabaja durante la semana en un empleo cualquiera. Que tiene una casa. Que no tiene amigos. Que es perfectamente feliz no teniendo amigos ni familia ni mujer ni amantes ni novias, pero sí una casa, heredada de su madre muerta”. Manuel Vilas
Sábado, veintiuno de febrero de dos mil veintiséis

… Soy el hombre de Vilas, salvo porque tengo dos amigos y no trabajo en nada, excepto en mi felicidad, que también es un empleo cualquiera. No tengo ni novias, ni amantes; pero si tengo una casa, heredada de mi madre muerta.
Ahora me acuerdo de que, hace muchos años, por lo menos treinta y tres, en un momento de intensísima incertidumbre y frustración por mi trabajo cualquiera de ese momento; decidí ir a una echadora de cartas que resultó ser clarividente algunos años después. Por cierto, en la última y estupenda novela leída de David Foenkinos: Todos aman a Clara, esta, después de un coma profundo y largo se convierte en atinada e infalible vidente, lo que confirma mi intuición: la videncia es verdad, no suele fallar, hasta donde yo llego: tiene que ver con el misticismo y este también es verdad. Aquella mujer me predijo: que la esencia misma de mi vida futura no pasaba por lo que estaba viviendo en ese momento, sino en torno a una casa, en el futuro, algo así como si esa casa fuera mi destino y mi altar de conexión con mi alma en plenitud, o más allá de cursilerías, con el destino intransferible propio. No lo entendí entonces (la casa ni siquiera estaba pensada); pero ahora sí, completamente, todo se ha cumplido.
El núcleo de mi felicidad desde hace 29 años, y especialmente estos últimos en los que vivo solo, radica y se sustenta en mi casa, en vivir y disfrutar de ella cada minuto del día. Y, aparte de que la hicimos entre dos (Naty y yo); el origen de todo estuvo en mis padres que la compraron y en mi madre de quien la heredé. El final y el comienzo de todo, para mí, estuvo en mis padres. Ellos fueron los artífices de mi existencia y de mi felicidad y sentido actual (mi clausura). Sin ellos, nada habría sido posible.
Lo dice mi autor preferido, Vilas, cuando escribe: “Que no tengo nada, eso ha pasado. Que voy hacia un gran vacío (…) Solo podéis ayudarme vosotros dos (padres), y estáis muertos”.
Más adelante, cuando Naty se fue después de treinta y un años (lo mismo que le pasó al propio Vilas con su mujer y que cuenta en Islandia, su última novela, aunque a él, su última pareja tan solo le duró once), no me pidió que liquidáramos la casa y me permitió seguir viviendo en ella (lo que predijo la vidente); lo que agradezco a mi expareja porque si no todo habría sido y sería terrible para mí.
No sé qué pensar: ¿Qué es más importante, lo que heredamos de las personas o las propias personas? Me contesto: cuando las personas de antes, las importantes porque nos han configurado y ayudado ya no pueden estar con nosotros, su legado las sustituye en el sentir tangible de la memoria y del vivir. Nunca otras personas podrán ocupar su lugar porque ya no significarán nada para la vida presente, la de verdad, la del resumen y compendio de todo.
Hoy he salido a caminar por la ronda de circunvalación de la ciudad, al otro lado del río (el mismo que para mí porque yo vivo al otro lado, siempre al otro lado de todo), porque era domingo y brillaba el sol. Me he cruzado con mucha gente, toledanos como yo, y casi todos de carnes flácidas y resecas, luego contemporáneos míos. Ni una sola cara, ni un solo cuerpo, ni una sola mirada ausente ha contribuido a mi felicidad de hoy; sin embargo, cuando he abierto la puerta de mi casa (lo único que me singulariza y me ancla a la vida), he exclamado con sentida entonación: -mi casa- entonces he sentido que todo estaba bien y tenía sentido.
La Fotografía: La casa anterior a esta en el mismo sitio, la que compraron mis padres, era de planta baja semiconstruida. La terminaron ellos ayudados por un vecino. Después, también junto con otro vecino (David, el padre de mi vecina de ahora), construyeron una habitación-trastero en el patio, con chimenea y todo. Ni siquiera tuvimos aseo hasta que nos fuimos a vivir a otra casa por motivos de trabajo de mis padres. La primera casa, estuvo alquilada durante treinta y dos años, hasta que la derribamos para construir la actual, mi casa desde hace veintinueve años (va camino de récord de las cosas que más durarán en mi vida).

Pepe Fuentes ·