26 FEBRERO 2026

© 2023 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2023
Localizacion
Película Paraíso: Amor, de Ulrich Seidl
Soporte de imagen
-DIGITAL 8000
Fecha de diario
2026-02-26
Referencia
10043

DIARIO ÍNTIMO 138
En cuanto un hombre empieza a hablarte de sexo, te está diciendo algo acerca de él y de ti. En el noventa por ciento de las veces eso no sucede, y probablemente es mejor que así sea, aunque si no alcanzas cierto nivel de franqueza acerca del sexo y prefieres comportarte como si jamás pensaras en eso, la amistad masculina es incompleta. La mayoría de los hombres nunca encuentran un amigo con el que puedan sincerarse en ese aspecto. No es frecuente.
Philip Roth
Miércoles, veinticinco de febrero de dos mil veintiséis

No sé si los hombres hablan de sexo entre ellos o no; pero, ahora que recuerdo, con la mayoría con los que me relacioné superficialmente (trabajo y cosas así), nunca lo hice y claro, tampoco fuimos amigos. Sí lo hacía cuando llegaba un amigo a mi vida, y quizá pasábamos a ser amigos porque hablábamos de sexo.
Ahora que recuerdo, en la niñez-adolescencia, con los muy amigos no hablábamos de sexo real porque todavía no habíamos tenido experiencias; pero, sin embargo, si de sueños sexuales y sobre todo compartíamos masturbaciones, que era de algún modo hablar de sexo.
Ahora, en la devastadora vejez, tengo tres amigos y con los tres hablo frecuentemente de ello, es casi de lo que más hablamos y no porque lo practiquemos (yo al menos no), sino porque nos consuela. Dos de ellos practican poco o nada; sin embargo, el tercero sí sigue moderadamente activo. La razón aparente: es el más joven de los cuatro y además todavía duerme con su mujer, luego todavía vibra la actividad de vez en cuando. Obvio decir, que dos que no follamos nunca somos los más viejos.
Al menos, y al hilo de la reflexión de Roth, gracias al diálogo sobre sexo hemos consolidado y confirmado nuestra amistad. Algo es algo. Ah, pero la condición sine qua non es que los hechos sean ciertos y no alardes o insensatas payasadas. Seriedad, siempre, el asunto es por su naturaleza, junto con la muerte, el más trascendente e íntimo de una vida.
Además del fondo existencial que comporta esa necesidad vital, pone a prueba y convalida nuestros cuerpos. No entraré en detalles innecesarios.
Esta premisa contextual evolutiva (el dramático paso del tiempo) nos ha traído a mis amigos y a mí a circunstancias vitales devastadoras: nuestros cuerpos son zonas catastróficas en lo que se refiere al sexo, por lo que es inevitable que hablemos y celebremos el duelo anticipado por nuestra libido que durará tanto como nuestra incansable pulsión sexual, maldita sea.
Al menos ese intercambio confiado y frecuente entre amigos nos permite desdramatizar, consolarnos y afianzar nuestra amistad.
A pesar de su importancia, el sexo no está habilitado en la conversación familiar, entre padres e hijos, por ejemplo; y quizá sea, entre otras razones, porque se da por hecho que el sexo respectivo es el adecuado y no fuente de aflicciones e infelicidad. Nada más irreal. En lo que a mí respecta, sí he informado convenientemente a mi hijo de que mi vida sexual es una puta mierda por inexistente. El hacerlo es prueba de proximidad y confianza con él.
La Fotografía: Paraíso: Amor, Ulrich Seidl (2012). Mujeres europeas asomándose peligrosamente a la vejez, pero que todavía no renuncian a la excitación del sexo o si se prefiere al sueño del amor y acuden a las playas de Kenia para vivir una última (o penúltima), aventura de sexual. El hombre joven keniata, con sus atributos exuberantes les provoca tensión y excitación. ¿Sentido y felicidad, tal vez? Por su expresión alborozada diría que sí. Mientras el cuerpo aguante no hay porque rendirse. El límite: la propia humillación.

Pepe Fuentes ·