EL DÍA DE LOS EPÍLOGOS 59
Diario del espanto (5). Pesadillas y una película que me provocó sensaciones reactivas (Maspalomas); y dos series que en estos días también me están conmoviendo (El marginal y En el barro, ambas argentinas y del mismo equipo creador). Aunque, en este caso me están encantando. Por la noche vivo en ellas.
Diario de mi felicidad (5). Entradas largas en este capítulo; quizá la más importante la confirmación de que una antigua predicción de una vidente se ha cumplido escrupulosamente: en ella detectó Mi casa, como un referente de mi sentido vivencial diario, pleno y encantado. También me ocupé de relatar un viaje al Museo Thyssen, para ver una exposición de Vilhelm Hammershoi. Y de novelas de estreno: David Foenkinos y Manuel Vilas que en ese momento colmaban mis expectativas. Otro de los matices de mi satisfacción, un poco rendida y algo desvitalizada también, son mis rutinas a las que estoy maniáticamente apegado.
Colección de misceláneas (3). Películas: Habitaciones rojas, de Pascal Plante (2023), original y revulsiva; y, por último, una serie mexicana que me impresionó por su fuerza y su excelente realización: Las muertas, de Luis Estrada, a partir de la novela homónima de Jorge Ibargüengoitia.
Me acuerdo (3). Breve semblanza de mi abuelo (materno); la persona más secreta, silenciosa y anónima de mi familia. Repasé su trayectoria vital, a grandes rasgos, lamentando profundamente que fuera un marginado, no solo por el mundo, sino, sobre todo, por su propia familia, entre los que me incluyo. Fuimos insensiblemente injustos con él. La única que se salvó fue mi madre y tal vez mi abuela, pero de esto último no estoy seguro. También de los muchos viajes de Naty y míos a Lisboa. Por último, una entrada-recuerdo de mi padre que en este mes habría cumplido 99 años y de nosotros, la familia de tres que fuimos.
Diario íntimo (3). Crónica en dos entradas de una depresión dominguera (siempre, las depresiones eligen el domingo, es como una fatídica broma pesada). No merece la pena que me extienda en explicaciones. Por último, la terrible constatación de que la vejez y el sexo son incompatibles. La vejez avanza inexorable en el cuerpo y en el ánimo, y va destruyendo la capacidad para practicar el sexo y cultivar los deseos. Es el prólogo del final. Poco después todo se acaba. Ah, y es mentira lo que dicen algunos de que el deseo no acaba nunca, por lo que es una malísima noticia ya que es lo único que te hace imaginar que todavía estás vivo.
La vida superflua (3). Me sirvió de idea fuerza para escribir una de las entradas, una cita de Alberto Olmos, en la que decía que un diario personal se escribe para contar la muerte, y no la vida. Reflexioné sobre eso. Ah, también hice una crónica de una visita a mi antiguo dermatólogo, porque mis males genitales no mejoran. La escribí en clave estética inspirada por la imagen del especialista, que me parece un tipo pulcro y profesionalmente eficaz, que es otra de las expresiones de la estética. Por último, ayer mismo, reincidí sobre la inexistencia de la vida sexual en la vejez, y en un querido creador de películas: Roy Andersson.
Diario de un hombre invisible (2). Un poco de todo, pero desde la invisibilidad, por supuesto. Eso quiere decir que nadie me ha visto; que escribí a una mujer desde la página de contactos y ni siquiera me contestó (ninguna lo hace, cuando saludo son brindis al sol). Y algunas situaciones más en las que nadie ha reparado en mí. Me escribió mi agente de asuntos amorosos para decirme que tenía una candidata, Inés, de Madrid. Contesté que estupendo, que podíamos vernos cuando quisiera Inés, pero la bella candidata ¡ojalá! dijo que se iba de viaje (todas lo hacen), y, es más, todavía no nos hemos visto. Creo que el encuentro será mañana, ya uno de marzo, a las cinco de la tarde (hora torera); pero todo dependerá de que yo me presente en mi versión visible, porque si no, a lo mejor tampoco.
Monólogos sobre arte (2). Un jueves, por la mañana, visité en mi ciudad la exposición sobre manierismo toledano, en el Museo de El Greco. Cuento que me mereció la pena la experiencia, aunque salvo por el Greco, el culmen del manierismo hispano, y por las obras expuestas de Juan de Borgoña, lo demás no me pareció especialmente destacable.
Los días (1). Anuncio ilusionado de nuevas lecturas, pero creo que eso ya lo he dicho antes.
La Fotografía: “El Museo Thyssen inaugura la muestra ‘Hammershoi, El ojo que escucha’ con 70 lienzos que nos animan al silencio y la quietud. Una exposición que deslumbra en tiempos en los que tanto se busca el recogimiento”. Texto de prensa en El Confidencial, a propósito de la presentación de la exposición, que tuve el inmenso placer de ver, y de la que hablaré enseguida, el mes que viene.