MONÓLOGOS SOBRE ARTE 40.1
“El capitalismo cultural ha conseguido lo que ni las armas, la censura, los decretos y las persecuciones lograron antes: ocupar el espacio interior más libre del ser humano y dominarlo pacíficamente. Y lo peor es que la sociedad lo ha aceptado no con resignación, sino con alegría, con esperanza, con deleite”. César Antonio Molina (2015)
Sábado, siete de marzo de dos mil veintiséis
… Anoche (en tránsito del jueves al viernes), llovió toda la noche. He oído el agua en mis ventanas a distintas horas…
Hoy, viernes, tengo un día muy movido para lo que es habitual en mi vida, que no es nada.
Saldré de mi casa a la una, más o menos: primero me pasaré por la clínica dental para recoger mi férula en reparación; luego a Madrid, a Arco, mi cita anual irrenunciable. A la salida he quedado con Maite, con la que llevo meses cruzando mensajes y conversaciones telefónicas, pero que no nos conocemos personalmente. Será un estimulante final de día.
Llegué a Ifema a la hora que tenía prevista, a las 15:10. Lo primero que hice fue comer (demasiado, y no sé por qué). Me costó cara la broma: 30 € en un maldito autoservicio de cosas asquerosas, bocadillo grasientos y cosas así. No empecé bien la visita a la representación iniciática de los secretos del Arte extremadamente moderno.
Mientras comía me escribió Maite, la amiga con la que había quedado a cenar después. que me preguntó: Qué tal va tu día??? Estás disfrutando de ARCO y sus extravagancias? Todavía no, ahora estoy comiendo, le dije.
Después comencé a visitar la muestra (arte por dinero, o al revés, más bien esto último). Yo, sempiterno pobre, no estaba invitado a la fiesta. Y como yo casi todos los que pululábamos por los pasillos (los negocios se hacen en la intimidad); nosotros los que pagamos entrada solo somos mirones, intrusos a los que los gurús de la ceremonia ni siquiera miran.
A mí me encantaría ser inmensamente rico y que me recibiera una galerista sofisticada (muchas lo son y me gusta el arquetipo, aunque suelen ser muy delgadas y algo resecas, pero elegantes a la vez que distantes, mistéricas diría, y eso también me gusta; a la que compraría una obra única, naturalmente, de un artista famosísimo para que me transmitiera algo de su fama.
Pero no, yo no conozco a ninguna galerista ni nacional ni internacional. En realidad, del mundo del arte no conozco a nadie, luego artista no soy, pero eso ya lo sabía.
Enseguida comencé a aburrirme. Demasiados años consecutivos viendo lo mismo. Sobre arte contemporáneo he escrito de todo aquí (bueno y malo), y lo más gracioso es que no tengo ni puta idea de arte y menos del contemporáneo.
Sospecho que en la feria casi todo lo que se exhibe es mentira, puro artificio y chatarrería. Solo un pretexto para que circule el dinero, la vanidad y el postureo. También para que teóricos de toda laya se pongan estupendos, conceptuales siempre (sin cuento no hay contenido, solo chamarilería), con los conceptos que más que metafísicos parecen esotéricos.
Seguí un año más el plan contemplativo-pasivo, salvo porque fotografío lo que me llama la atención y luego lo cuento aquí, y solo para eso voy… La edición de este año la iré trayendo entrecortadamente al diario, en días alternos, supongo…
La Fotografía: Este hombre adusto, serio, sólido, podría ser yo en la Feria; pero no, no lo soy porque no poseo los valores que traslucía e irradiaba ese hombre; además, sombrero no llevaba, sino gorra de visera azul, aunque sí fui vestido de negro. Mayor evidencia: en ningún momento me senté, no tuve motivos para hacerlo.