5 ABRIL 2026

© 2026 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2026
Localizacion
PELICULA: MARIDOS Y MUJERES, Woody Allen (1992)
Soporte de imagen
-DIGITAL 12.800
Fecha de diario
2026-04-05
Referencia
11493

COLECCIÓN DE MISCELÁNEAS 110.1
“El problema del amor no es el desamor sino el tiempo. El amor existe en el tiempo. Y el amor más allá de ocho o diez años de convivencia se agota. La gente decide seguir por cobardía”. Manuel Vilas (Islandia)
Viernes, tres de abril de dos mil veintiséis

Anoche me entregué a Woody Allen, una vez más. Siempre disfruto de sus películas. Empecé a revisitar su filmografía a finales del año pasado. La cadena suspendió la programación y la ha reanudado ahora, y claro, he seguido. Anoche tocó Maridos y mujeres (1992), y me resultó genial, claro que, para que así fuera tuve que viajar en el tiempo, a los años ochenta. Aunque, bien mirado, los insolubles dilemas que plantea son eternos, especialmente, mientras persistan nuestros valores judeo-cristianos (a mí me da igual porque soy invisible).
En aquel momento la película resultó un acontecimiento con numerosos premios (incluidos Oscar), y despertó verdadero entusiasmo entre los críticos. Obra cumbre de Woody, la titularon algunos; o «Sabia, tenebrosa» (ese calificativo ahora no lo entiendo del todo, tampoco antes lo habría hecho) y hasta el mismísimo Boyero de entonces la definió como: “Uno de los films más perturbadoras de los últimos tiempos, de una violencia íntima impropia de Allen». (me pasa igual que con el anterior). El Boyero de ahora, habría atemperado, o no.
Yo, por el contrario, como me tomé la molestia de viajar en el tiempo, me pareció bien, pero ya, sin más, aunque la disfrutara toda, pero desde una mirada melancólica. Es una película de época y en aquellos momentos las relaciones matrimoniales entre parejas educadas, cultas, modernas, aunque con fuertes contradicciones con la dichosa culpa, motivada por multitud de elementos: valores religiosos (indetectables), culturales y sociales. Las cosas eran así entonces; ahora menos porque casi todos, en estas últimas décadas, nos hemos dedicado a migrar hacia la postmodernidad.
Casi cuarenta años después, sospecho que nada es lo mismo. Ni Woody haría una película tan bienintencionada y un poco timorata; los críticos no se mostrarían tan unánimes y entusiastas y yo, probablemente, ni la vería.
A los modernitos de aquella época nos gustaban mucho esas historias de deseos titubeantes cargados de culpa angustiada, aunque, mientras nos dedicábamos a la incansable teorización pensábamos que éramos glamurosos. Sí, creíamos en una modernidad más desinhibida, pero que pagábamos muy cara porque siempre resultaba problemática. Mucho sufrimiento para lo poco que se obtenía. Los pequeños burgueses acomodados acudían en tropel a psicoanalistas y terapeutas para neutralizar el impacto en sus débiles conciencias al intentar acceder a una modernidad urgente e imprescindible para alcanzar la felicidad, pero que, en esa clase social, casi nunca era asumida con naturalidad. Sospecho que ahora es peor, se ha sustituido el prejuicio inhibidor por la frustrante soledad…
La Fotografía: Fotograma de la película en la que aparecen los cuatro protagonistas hablando y compartiendo confidencias sobre sus respectivos matrimonios, mintiendo incesantemente los cuatro, pero persuadidos encantados de lo modernos que eran…

Pepe Fuentes ·