Diario de un hombre Enfermo (de cáncer) Coda
“Hoy no estoy muy ordenado por dentro. No puedo escribir. Sólo repito una frase: Amo las cicatrices, no las heridas. ¿Por qué repito eso como un paranoico? Amo las cicatrices, no las heridas”. Pedro Juan Gutiérrez
Jueves, tres de abril de dos mil veinticinco
Espero que sea lo último por descubrir en este feo asunto del carcinoma: La Herida, que será Cicatriz.
Ha sido esta mañana, nada más levantarme. Cuando se ha revelado saliendo detrás de aparatosos esparadrapos me he asustado. He bajado al plató y me he fotografiado con paciencia (es laborioso estando solo: prueba y error y así muchas veces).
Fuera llovía con ganas y las gotas de agua se asomaban por los cristales de la ventana para ver mi voluntariosa tarea para nada. No tengo otra cosa mejor que hacer que testimoniar mis ominosas heridas sangrantes que serán cicatrices (entonces, puro arte).
Era temprano. Antes de levantarme, en la oscuridad del dormitorio, hojeo los titulares de prensa (puro aburrimiento), porque no me interesan especialmente. Me he tropezado con una entrevista a Luis Antonio de Villena (insigne poeta), que ahí está el pobre, lamentando la vejez, como hacemos todos los de su edad (tiene dos años más que yo, que también me quejo).
No me ha gustado especialmente lo que ha dicho, porque ha bajado varios escalones de su sofisticada exquisitez para lloriquear vulgarmente. Luis Antonio, por Dios, tú no, no hace falta que conviertas la tragedia en un sainete barato. O, en una obviedad: “La vejez es fea, aunque tiene sus brillos ocasionales. La vejez no es bondad, sino dolencia, un cerco a la vida, restricciones e imposibles”. Yo sí puedo engolfarme en estas dolorosas simplezas porque soy un tipo desconocido, privado e íntimo; pero tú no, tú eres un artista grande y famoso.
Los que llegan tan alto están obligados a mantenerse firmes e inasequibles a los temblores. Serán ejemplo y consuelo para los atribulados.
Claro, a partir de ahí, dado que la entrevista era en un periódico importante, en el que abren el canal para que la gente corriente opine, te han cubierto de mierda injusta y apestosa. No te preocupes poeta, es pura envidia. Se han reído hasta de que lleves en la foto un fular (yo también me lo pongo a veces, pero en periódicos no salgo).
No obstante, es un hombre valiente porque acaba de editar un librito de tan solo 48 poemas, aunque no sé la extensión de estos, por lo que a lo mejor es un librazo, titulado: Miserable vejez (excelente título, por cierto, y valiente).
De la larga entrevista, obviando recursos fáciles como las quejas (la culpa de todo siempre la tienen los demás, que ya nos sabemos); me ha llamado la atención una respuesta por misteriosa e intrigante: “… Pero hay poemas que exaltan la juventud. Y no siempre a la juventud como nostalgia, sino a los cuerpos jóvenes que tanto acompañan en ocasiones. Al menos a mí. Un viejo junto a otro viejo suele abundar en su situación, pero cuando alguien como yo se rodea de jóvenes busca evadirse de la vejez…”. Interesante e inteligente opción vivencial de Luis Antonio. Para mí, viejo místico y soso, nada dado a las exuberancias mágicas y golosas, me resultan inimaginables esas alegrías sobre todo porque no sabría como propiciarlas o vivirlas (que conste que no sé cómo serán esas expansiones socializadoras). De cualquier modo, a mí no me cuadraría ser maestro en cualquier ágora particular, sobre todo porque nada tengo que enseñar a nadie.
Por otro lado, me asusta la sombra del patetismo siempre acechando, de noche y de día. Porque vamos a ver, ¿qué interés tienen los cuerpos viejos para los cuerpos jóvenes? Esta me la sé: Ninguno.
Estas reflexiones de hombre con futura e interesante cicatriz en la nariz (ahora solo es herida), me abocan a preguntarme ¿y entonces, qué puede hacer un viejo como yo para neutralizar la ansiedad de las horas en silencio? Me contesto porque esta también me la sé: Nada, te jodes y punto. Entrevistas no hace falta que des.
La Fotografía: Naturalmente soy consciente que lo que quería expresar Pedro Juan, no era de orden físico al que yo he reconducido simbólicamente la entrada de hoy porque me venía bien. Entiendo que él se refería a las experiencias del vivir; sí, pero mi fea herida de la nariz también tiene que ver con el vivir, aunque el cuento esté escrito con letra pequeña.