21 JULIO 2009

© 1982 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
1982
Localizacion
Tete (Toledo, España)
Soporte de imagen
-120 MM.- TRI X 250
Soporte de copias
ILFOBROM GALERY FB
Viraje
SELENIO
Tamaño
46,5 x 58,2 cm
Copiado máximo en soporte baritado
2
Copias disponibles
4
Año de copiado
2002
Fecha de diario
2009-07-21
Referencia
920

Un día de finales de Mayo, viernes, creo recordar, decidí hacer uno de mis microviajes. Me dirigí en dirección éste y en ese lado, a corta distancia y con un cierto interés, sólo tengo Aranjuez. Bien es verdad que nunca sabes dónde puedes encontrarte un secreto. A mitad del camino decidí desviarme para visitar un pequeño pueblo donde vivían unos amigos de los que no sé nada desde hace diecisiete años. A medida que me acercaba sentí una creciente inquietud. Puede producirse alejamiento con las personas que has apreciado y sentido como amigos, pero siempre permanecen en tu memoria afectiva. Probablemente lo que más deseaba, sin querer reconocerlo, era llamar a su puerta y darles un abrazo; pero sabía que no lo haría. Pensaba -han pasado tantos años que pueden haber muerto, o haber sufrido desgracias insuperables y yo he permanecido ajeno-. Aunque el distanciamiento fue por ambas partes, no podía evitar sentirme un miserable por no haberme preocupado por su vida. Ellos siempre fueron muy generosos conmigo y los míos. Turbado e inquieto entré en el pueblo que apenas reconocí e intenté llegar a la calle donde vivían. Al doblar una esquina, frené bruscamente; a unos cien metros, delante de mí, cruzaba una mujer que me pareció mi amiga de entonces (ahora, quizá, ni siquiera me reconocería); iba con varios perros sujetos por correas. Me azoré tanto que cuando quise controlar hacia donde se dirigía la había perdido de vista. Me dije: -si es Tete y está en la calle, puedo tropezarme con ella nuevamente y no tengo ni idea de lo que hacer: ¿cómo explicar mi presencia allí, sin haber ido a su casa? ¿o cómo no saludarla, disimular y huir cobardemente?-. Seguí adelante preocupado. No encontraba su calle, quizá la evitaba porque me daba miedo llegar a su puerta y que allí estuvieran plantados, ellos, mis amigos, y me pidieran cuentas por mi silencio de casi veinte años. Podía irme sin volver la vista atrás, pero no, algo de valor me quedaba, así que seguí buscando y finalmente creo que llegué a la fachada del caserón antiguo donde vivían, aunque no estaba absolutamente seguro. La puerta grande, de madera barnizada, estaba cerrada, así que no paré, seguí adelante por miedo a que se abriera súbitamente o que en ese momento volviera mi amiga con sus perros. Me marché hacia Aranjuez. –Quizá vuelva-, me dije; sí, tengo que hacerlo y conseguir llamar a su puerta…