Octubre. Sólo hace diez días, me dije: -el diario del uno de Octubre de dos mil nueve, no existirá nunca-. Se lo hice saber a Naty, que me amenazó severamente. Creo que es la única persona en el mundo que verdaderamente piensa que esta reiterativa historia que no acaba nunca tiene algún sentido. Después de ella, también lo pienso yo (escépticamente), pero por razones distintas a las suyas. Sólo hay un problema: hoy no tengo nada que contar y mañana tampoco. Podría ir un poco más allá y adentrarme en capas de mi vida o de mis impresiones sobre el mundo más propias, íntimas y quizá inconfesables; pero no me da la gana. Este solipsista juego con el vacío no lo merece; o al menos todavía no lo considero necesario. Seguiré jugando conmigo mismo y perdiendo (o dejándome ganar). Por ahora, la única razón para que los días vayan sucediéndose aquí, acompañados de una fotografía, es que no puedo permitirme (todavía) que el reloj y el calendario se paren. Sé, y probablemente Naty sospeche, aunque no lo reconozca, que este diario es el testimonio y prueba irrefutable de una ominosa y enfermiza impotencia.
1 OCTUBRE 2009
© 2009 pepe fuentes