10 NOVIEMBRE 2010

© 2010 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2010
Localizacion
Manu, (Toledo, España)
Soporte de imagen
-120 MM- ROLLEI TECHNICAL 32 (100)
Soporte de copias
ILFORD MULTIGRADO BARITADO
Viraje
SELENIO
Tamaño
46,5 x 58,2 cm
Copiado máximo en soporte baritado
3
Copias disponibles
3
Año de copiado
2010
Fecha de diario
2010-11-10
Referencia
4298

M. es un chico muy joven, atento, afable, cercano. Siempre quiere mejorar en todo lo que hace. Trabaja en la noche (de eso le conozco) y además boxea. Es bueno en eso. No sé hasta dónde quiere llegar boxeando y me parece que él tampoco. Dice que, para que un combate sea pleno, hay que sentir dolor y si no, no vale. Creo que tiene razón, aunque el dolor maldita la falta que hace; pero, reinterpreto y asumo sus palabras en el sentido que, o se siente de verdad (dolor o placer), o la experiencia es plana, insustancial, prescindible. Sencillamente, mejor hacer otra cosa que la desgana. Me gustan mucho las películas clásicas de boxeo, las de los años cincuenta, también Toro Salvaje, de Scorsese. Literariamente, me encantó el relato de Norman Mailer sobre Muhammad Ali (En la cima del mundo), y los relatos cortos de Gay Talese sobre boxeadores, especialmente El perdedor, sobre la figura de Floyd Patterson. Aunque, paradójicamente (lo digo por mi propio sentido dramático de la vida), también me atrae un personaje como Arthur Cravan, que tenía más de exhibicionista que de valiente boxeador. Sobrino de Oscar Wilde (esa circunstancia debe marcar profundamente), poeta, conferenciante, crítico de arte y hombre espectáculo. En su delirio artístico-deportivo decía cosas como: “Rellenar mis guantes de boxeo con rizos de mujer” (eso lo entiendo bien). M. no es nada frívolo, como Cravan, es un hombre serio y consecuente con sus sueños de luchador. Algún día pediré a M. que me hable con ganas de las sensaciones que tiene peleando físicamente para vencer al –otro-. A mí me hubiera gustado ser boxeador y ganar todos los combates, solo que en mi caso, al –otro-, lo llevo dentro desde siempre. Maldita sea, y además suele ganarme. Quizá la clave sea transmutarme en él, porque al fin y al cabo lo tengo cerca. M. y yo sólo hemos compartido saludos y breves charlas afectuosas los fines de semana (siempre nos vemos mientras trabaja), y media tarde en -la habitación-. La sesión de toma funcionó muy bien, pero fue insuficiente, porque intuyo que había más posibilidades de las que aproveché.