19 FEBRERO 2011

© 2009 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2009
Localizacion
Cabezarados, (España)
Soporte de imagen
-120 MM- ROLLEI-INFRARROJA 400
Copiado máximo en soporte baritado
3
Fecha de diario
2011-02-19
Referencia
3572

“Yo no sé lo que sé hasta que no me lo dicen mis propias palabras”. Antonio Gamoneda. A veces ni así. He convocado a las palabras e incluso a las sensaciones. Y a la memoria. Ni así se me ocurre nada digno de ser escrito. Mi malestar es culpa del dichoso y paranoico guión que sigo con indigna sumisión. La estúpida auto imposición sólo me ocasiona desazón e impotencia; precisamente ahora, que ya sólo es momento para la omnipotencia y la irresponsabilidad. Esta incomprensible reconvención viene a propósito de una considerable cantidad de fotografías, realizadas intermitentemente, a lo largo de muchísimo tiempo y que carecen de conceptos (y a fin de cuentas, qué más da). No tengo palabras para ellas. Llevan toda mi vida fotográfica moviéndose como almas en pena y creciendo inconteniblemente. Son la prueba irrefutable de que algo no funciona bien en mi cabeza. Me pregunto: ¿si has realizado ese inmenso esfuerzo habrá sido por algo, no? No sé, –me contesto- y a continuación entro en una especie de estupor desalentado. El desventurado capítulo agrupa las imágenes creadas a partir de un vago y confuso propósito de acercarme a la consciencia del paso del tiempo: movimiento inexorablemente dramático. Pero no he tenido en cuenta (ni lo tengo, porque sigo insistiendo), que eso no está a mi alcance, a no ser que caiga en el más absoluto simplismo metafórico. Ya decía no hace mucho Manoel de Oliveira (tiene ciento dos años): “El tiempo carece de movimiento, el movimiento está dentro del tiempo. A mí me costó aprenderlo”. A mí ni siquiera se me había ocurrido nunca, pero creo que tiene razón. Lo único que puedo constatar es que los motivos que aparecen en las fotografías de este capítulo muestran deterioros irreparables, pero sospecho que eso es otra cosa, que tiene más que ver con los condicionantes físicos que metafísicos. Hasta hoy, cuando escribo estas palabras, al capítulo lo llamaba erróneamente TIEMPO (perdido, tal vez). A medida que he escrito y reflexionado lo he cambiado por MEMORIA. No obstante, espero que la escritura vaya disipando la falta de visibilidad que hay en mi cabeza. La serie:-Tierras cansadas-