26 AGOSTO 2013

© 2013 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2013
Localizacion
Toledo (España)
Soporte de imagen
-35 MM- ILFORD SFX. 200 (800)
Fecha de diario
2013-08-26
Referencia
6564

…Decidí hacerlas volver para llevárselas al pastor que, a estas alturas, no sabía dónde se habría metido. Las ovejas me obedecieron (ahora el más viejo era yo) y volvieron sobre sus pasos. Las dejé en la orilla del río y me fui a buscar al pastor. Por fin le encontré sentado tranquilamente a la sombra. Le conté que me había traído a seis de sus ovejas desorientadas y que las había dejado a unos trescientos metros. No se lo creyó y me dijo que debían ser algunas de las cabras de Fortunato (no me enfadé con él a pesar de que se muy bien cómo es una cabra, pero para el pastor, que parecía haberme calado, yo no debía ser un tipo fiable). No obstante, se vino conmigo de mala gana a buscar a las ovejas (o cabras, según él). Por el camino hacia donde las había dejado, charlamos cual Melibeo y Títiro y para mantener la innecesaria conversación, le conté que de niño y joven viví en este lado del río, y él, a su vez, me dijo que conoció a mis padres. También que tenía cuarenta y ocho años, luego a mis padres los conoció cuando era un chaval, aunque ya pastoreaba en el río, según me aclaró. Las seis ovejas perdidas aparecieron en una curva del camino presurosas y asustadas. Y sí, eran suyas, afirmó (te das cuenta, le tenía que haber dicho, pero no, no le dije nada). Me dio las gracias sentidamente. Di por finalizada la operación de salvamento de ovejas descarriadas y le dije que me iba. Se despidió diciéndome: -gracias alhaja-. Decididamente nuestra relación había mejorado mucho en la última hora. De vuelta, me dio por pensar que quizá lo de pastorear se me daría bien, aunque alguna oveja perdería, seguro. Probablemente, con las ovejas sacaría algo de beneficio, desde luego más que con la fotografía de la que no saco nada de nada. Además, las ovejas, seguro que me reconocerían de algún modo y hasta quizá me apreciaran por mi dedicación a su bienestar. Sí, pensaré seriamente en hacerme pastor y así, mientras procuro que perros rabiosos (o leones) no me maten las ovejas, haré poesía bucólica, como un Virgilio redivivo: «Por sí solas volverán las cabras al redil, llenas las ubres de leche, y no temerán los ganados a los corpulentos leones» Virgilio.

Pepe Fuentes ·