23 OCTUBRE 2014

© 2014 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2014
Localizacion
Lucía Mae, (Toledo, España)
Soporte de imagen
-120 MM- ACROS 100 (50)
Copiado máximo en soporte baritado
2
Fecha de diario
2014-10-23
Referencia
7154

CARTA A LUCÍA MAE (VII): Hola Lucía, como todos los años, esta carta es de felicitación: siete estupendos años cumples hoy. ¡Felicidades! Vamos bien los dos: tú, creciendo y aprendiendo este complicado asunto del vivir; y yo, resistiendo como un jabato cohibido y algo flojo ya en la decadencia, cada año más insistente, por otro lado. Pero al menos ahí sigo, enviándote cada año una misiva (siete de siete). Sí, decididamente este asunto que compartimos va bien, muy bien, a mí al menos me deja contento. Pues eso, quedémonos con eso. Estos últimos años te he contado mis impresiones del poco tiempo que compartíamos en verano, pero no me apetece seguir repitiendo esa fórmula. De todas formas, tampoco quiero omitir que te encontré muy crecida en todos los sentidos: guapísima y aprendiendo todo rápidamente. Me pareces una niña inteligente y ávida de vivir y aprender. Me gusta mucho que seas así. A medida que creces tengo ciertas dudas sobre el contenido de estas cartas, porque claro, las leerás cuando ya tengas unas impresiones más amplias y matizadas sobre muchas cosas, luego no creo que deba escribirte como si me dirigiera a una niña de siete años que ya no tendrás. El caso es que el poco tiempo que compartimos al año, apenas si nos da para matizar nada y ni tan siquiera para conocernos un poco. Ahora, en estos tiempos, Lucía, todo cambia vertiginosamente. No sé cómo será el mundo infantil en relación a los adultos cuando leas estas cartas, si es que lo haces, pero ahora es todo muy distinto a cuando fui niño, a cuando lo fue tu padre. Ahora, vuestros padres, los que tienen responsabilidad sobre vuestra educación (no sé cómo lo hacen los demás que también la tienen, los profesores, por ejemplo) os ofrecen una dedicación inmensa, cuidadosa y plena de cariño. Todo el tiempo que tienen libre es para vosotras y todos los demás padres hacen lo mismo con sus hijos, según creo. Antes no fue así. Mis padres, yo mismo después, cuidábamos de los hijos en lo esencial, pero el resto del tiempo nos ocupábamos de las otras cosas de nuestras vidas. El otro día, hablando por teléfono con tu padre, me contaba algo que ya sé: la total dedicación a enseñaros y a compartir con vosotras actividades de todo tipo. No dejo de asombrarme y  preguntarme cómo habría sido mi vida con unas circunstancias parecidas. También me pregunto cómo será vuestra vida después de la infinita atención que recibís. Protagonistas de todo sin pausa ni descanso. Esto es algo completamente nuevo en la historia que yo pueda recordar. Quiero imaginar, o más bien deseo, que así seréis personas más equilibradas afectiva y emocionalmente. Mejores personas, seguro (solo habrá que construir alguna que otra defensa ante las frustraciones que puedan venir). Entonces, tanto y feliz esfuerzo por parte de ellos, habrá merecido la pena, aunque apenas os quede espacio para ir conociéndoos en vuestros silencios. Procedo y pertenezco a otro tiempo y como irás sabiendo poco a poco, a un mundo muy distinto al tuyo; el mío fue pobre, escaso en todos los aspectos, infinitamente más deficiente en todo; estuve obligado a llenar ciertas soledades y eso fue importante en mi vida. Quizá lo mejor y peor de mi vida. No, no creas, querida Lucía, que lamento eso, porque lo que soy ahora es consecuencia de todo lo que me ha ocurrido a lo largo del tiempo y no, ni mucho menos doy la espalda o reniego de nada de lo que soy en este momento. No, no echo de menos nada y todas las personas importantes de mi vida: mis abuelos, mis padres, tus padres, tu abuela Carmen (los años que compartimos), Naty (tan importante para mí como ya sabes) y vosotras, tu hermana y tú, todos, han hecho y hacéis que mi vida sea una buena vida. Nadie ha sido culpable de lo que no he llegado a ser, al contrario, siempre he recibido ayuda de todos y nunca me ha faltado nada; de las deficiencias y escaseces me he encargado yo. Todo ha sido perfecto, todo ha estado bien para mí, sin duda. Hasta la salud. Qué barbaridad, Lucía, lo que acabo de escribir suena a fatal despedida, pero no, todavía no tengo ninguna intención de irme a ningún lado, no, simplemente he empezado a escribirte y como suele pasar cuando escribo, dejo que las palabras acudan, tomen el mando y lo que salga, bien estará, o no; pero ahí quedará. Siempre hay motivos para que sea así. La escritura, para mí, solo puede ser impremeditada y libre porque si no, sencillamente, no escribiría. Es mi libertad, tan importante y necesaria ahora en mi vida. No te canso más porque me he puesto serio y eso es un rollo en un día de fiesta, así que, querida Lucía, felicidades otra vez, y hasta dentro de unos meses. Un gran beso para ti.

Pepe Fuentes ·