18 FEBRERO 2015

© 1983 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
1983
Localizacion
Alhambra (Granada, España)
Soporte de imagen
-120 MM.- PLUS X 50
Soporte de copias
ILFOBROM GALERY FB
Viraje
SELENIO
Tamaño
20 x 25 cm
Copiado máximo en soporte baritado
1
Copias disponibles
1
Año de copiado
2001
Fecha de diario
2015-02-18
Referencia
5206

DIGRESIÓN SEIS (1). Estoy de fiesta. Contento. Tanto, que la digresión que suelo escribir cuando he terminado un libro, o cuando he visto una película o una obra de teatro, la he adelantado al comienzo de la lectura de una novela que promete mil momentos felices. Se trata de –Como la sombra que se va- de uno de mis escritores de cabecera: Antonio Muñoz Molina. A este escritor no solo me une la admiración que le profeso como creador y divulgador (sabe de todo de lo que a mí me interesa), sino que, además, de algún modo, me siento muy cercano a él por algunos de los paralelismos de nuestras circunstancias de juventud (después no, claro, su talento le alejó a una distancia sideral de mis limitaciones). Somos de la misma edad, bueno él es dos años más joven y ambos empezamos a vivir en ciudades de provincia monumentales y angostas. Él en Granada, yo en Toledo. “Granada era la ciudad sin gloria de todos los días”. También compartimos oficio de oficinistas y anhelos artísticos. Fuimos padres en esa edad incierta en la que todavía no sabíamos qué queríamos hacer con nuestras vidas y mucho menos cómo afrontar nuestras paternidades. Sentíamos, en aquellos años en los que aún no habíamos doblado la esquina de la treintena, una gran frustración desorientada por lo que no conseguíamos hacer aun deseándolo y necesitándolo mucho. “Tenía esa convicción enfermiza, tan propia de los aspirantes a literatos en provincias, de que la vida verdadera estaba en alguna otra parte…” Antonio Muñoz Molina. Hay una curiosidad de aquellos años: fui con una cierta frecuencia a Granada a nada, a pasear por allí. Solo, con mi cámara. Claro, no conocí a Antonio, ni entonces ni nunca y tampoco lo haré en el futuro, aunque intuya que ese hombre y yo podíamos haber compartido ciertas afinidades y hasta afectos; sí, porque me reconozco en casi todas las cosas que cuenta de su década de la veintena que también fue la mía. Sé que voy a disfrutar mucho de su novela y por eso estoy de fiesta. Contento. Volveré a esta digresión cuando termine la esplendorosa novela que sin duda es –Como la sombra que se va-

Pepe Fuentes ·