DIGRESIÓN UNA: Sábado dieciséis de mayo, por la mañana, Museo Thyssen-Bornemisza. Exposición Raoul Dufy. Con él dimos una vuelta desde el impresionismo hasta las vanguardias, pasando por el fauvismo, cubismo y hasta las artes decorativas. Lírico, intimista, penetrante y originalísimo observador de una realidad que él ve a su modo; siempre sugerente, siempre artista. Gran sentido de la armonía cromática y una curiosa interpretación sobre la percepción de la luz: el negro representa en sus obras el grado máximo de luminosidad, el deslumbramiento por el que la visión se bloquea, se cierra y se transforma en ceguera. Artista sensible e inteligente; inquieto y siempre ávido de ir más allá en su carrera. Me gustaron especialmente algunas obras: El campo de trigo (1929), Naturaleza muerta con violín (1952) Interior con la ventana abierta (1928) y algunas otras. Su vitalismo y salvaje colorido (puro fauve) nos inoculó una cierta euforia, perfecta para continuar con la exposición de Paul Delvaux. Raoul Dufy, que por sus reflexiones parece que también tenía alma de fotógrafo, dijo: «Los impresionistas buscaban las relaciones de las manchas de color entre ellas, lo cual estaba bien, pero nosotros necesitábamos algo más que únicamente esa satisfacción de la visión. Hay que crear también el mundo de las cosas que no se ven»…
26 MAYO 2015
© 2002 pepe fuentes