26 JULIO 2016

© 2016 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2016
Localizacion
Toledo (España)
Soporte de imagen
-35 MM- SFX 200 (800)
Fecha de diario
2016-07-26
Referencia
1360

EL CUENTECITO DEL SIETE DE JULIO. Dejamos el coche en una cuneta de una vía de servicio paralela a una autovía de escaso tráfico que bordea lejanamente el sur de la ciudad.Charlie y yo nos adentramos entre la áspera vegetación de monte bajo de la zona. El propósito era encontrar la casa en la que viví de niño durante tres años con mis abuelos maternos. No era fácil encontrarla. La semana anterior lo habíamos intentado y, después de caminar por abruptos y secos senderos durante casi tres horas, abandonamos cansados y desorientados. Decidí corregir la dirección dirigiéndome más hacia el este, pero no conseguía encontrar el cerro cubierto de encinas, retamas, enebros y cornicabras donde sabía que se encontraba. No estaba dispuesto a abandonar la búsqueda sin intentarlo hasta el límite de mis recursos y paciencia. La casa que buscaba era una pequeña construcción de piedra y barro, apoyada en una especie de muralla que circundaba una amplia extensión de monte en torno al monasterio cisterciense de Montesión (San Bernardo). La finca y el monasterio, entonces, eran propiedad de un señor acaudalado que vivía en Madrid, don Tirso Rodrigáñez, conocido, simplemente, como Don Tirso, que había creado una escuela para los hijos o familiares de sus jornaleros. En esa escuela aprendí a leer y escribir e incluso a multiplicar, pero no mucho más. Ah sí, se me olvidaba, también me enteré, o más bien interpreté, un principio esencial de orden teológico que, si me hubieran hecho caso, habría cambiado el sentido monoteísta y aburrido del catolicismo, haciéndolo infinitamente más interesante y literario, me parece, porque afirmé categóricamente: -que había tres dioses-. Así entendía yo lo de la dichosa e insondable trinidad católica: como un estimulante e infinitamente más entretenido politeísmo. Después de ese ímprobo esfuerzo de mi escasa inteligencia dije, muy ufano y seguro de mí mismo -y no aprendo más porque no quiero- (ambas frases reídas por la familia y que aún permanecen literalmente en mi memoria). Lo curioso de la frasecita es que fue premonitoria y cierta: en los colegios no aprendí nada más…