5 OCTUBRE 2016

© 2009 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2009
Localizacion
Londres, (Inglaterra)
Soporte de imagen
-35 MM. Kodak. High-Speed Infrared 3200
Copiado máximo en soporte baritado
3
Fecha de diario
2016-10-05
Referencia
3924

DIGRESIÓN CINCO.- 45 Años. Reino Unido (2015). Guión y dirección: Andrew Haigh. (relato de David Constantine). Interpretes: Charlotte Rampling, Tom Courtenay. La vejez, otra vez la vejez. En estos últimos días solo veo películas de viejos, sobre viejos, de las cosas que nos pasan a los viejos. Historias de viejos, como yo. En ninguna de ellas hay esperanza, ni alegría, porque apenas si les queda ya un atisbo de vida. Todo está hecho, todo acabado ya. Excelente y brillante película. Vibrante muestra de emoción desolada. Una tristísima melodía de acabamiento del ciclo existencial y del amor. Toda esa sinfonía de impotencias se representa en los ajados y frágiles rostros de los protagonistas, especialmente en el de Kate (Charlotte Rampling). Aparentemente no sucede nada terrible, ni especialmente dramático, salvo que, realmente, todo había sido una tremenda, inexorable e inevitable impostura. Nada menos. Pero eso no es nada especial. Siempre es así y no es transcendente si ha servido para sobrevivir sin demasiado dolor. A fin de cuentas, todos, al final, podemos sentir que hemos vivido en una larga connivencia con nuestro propio miedo. Hayas hecho lo que hayas hecho, vivido como hayas vivido, siempre puedes sentir que tus elecciones y las acciones que has emprendido podrían haber sido otras, más acordes con tu naturaleza. No hay solución para eso. Un inesperado golpe de azar, o del destino, provoca que todo, al final, se venga abajo estrepitosamente. En esta historia de amor, después de cuarenta y cinco años de al parecer amable convivencia, se pone cruelmente en evidencia que todo podría haber sido de otro modo; o no, y todo fue siempre un juego de apocamiento, de cobardía, pero aceptada con la mayor honestidad y lealtad. Luego, a fin de cuentas, los protagonistas de esta historia optaron por una sensata elección que les proporcionó una vida apacible. Haigh cuenta una historia desbordante de inteligencia, sensibilidad y lucidez. Toda ella, de principio a fin, construida genial y sentidamente a partir de un sutilísimo repertorio de gestos, miradas, actitudes y silencios. Sobrecogedor el crescendo del tempo dramático que sucede  en el rostro de Rampling con una intensidad insoportable y en solo cinco días. Sospecho que si el aciago detonante no hubiera aparecido nada sustancial habría cambiado; sencillamente porque nada tiene solución realmente, salvo si se cierran los ojos, aunque eso tampoco sea una solución.