5 JUNIO 2019

© 2019 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2019
Localizacion
Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa (Bolivia)
Soporte de imagen
-120 MM.-PAN F 50
Fecha de diario
2019-06-05
Referencia
9255

PEQUEÑO VIAJE A LAS TIERRAS DEL INCA
Capítulo cinco: Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa (Bolivia),
diez de febrero, domingo
VI
“Hay dos mundos, el mundo de la pasión y el mundo de la nada: es todo”.
Henry de Montherlant

Volvimos exhaustos, naturalmente. El siguiente punto eran las fumarolas y géiseres. Llegamos en torno a las seis y media, gracias a que Alberto hizo una conducción deportiva. La luz estaba decayendo rápidamente. Fotografiamos aceleradamente. El aire frío era insoportable, dejaba las manos y dedos paralizados, entumecidos. A partir de ese punto solo nos quedaba llegar al hostal de montaña, muy cerca de la Laguna Colorada. Antes, remontamos el punto más alto (4.980 metros). Hice dos tomas apresuradas (sin luz apenas) incorporando unas piedras de tamaño mediano que parecía se hubieran precipitado en una remota lluvia de piedras. Iniciamos la bajada, con la Laguna Colorada al fondo. El parador era una construcción alargada de piedra, de una sola planta. El interior, después de avanzar por un largo pasillo, desembocaba en un comedor bastante grande, cuadrangular. Las habitaciones se alineaban en una de las paredes (a nosotros nos adjudicaron la 7). El baño era tan escaso que ni cabina de ducha tenía. Cama grande con varias mantas, ya que no tenía ningún sistema de calefacción y el frío se hacía notar. Dejamos las maletas en la habitación y salimos al comedor, sin ducharnos claro. En el comedor cenaban algunos orientales (Bolivia parecía tierra de coreanos y japoneses). Cenamos sopa de verduras y unos espaguetis a la carbonara durísimos. Tomamos un áspero vino chileno…

COROLARIO: En el pequeño escenario de las fumarolas y pequeños embalsamientos de agua azufrosa fotografiamos poco, pero con ganas. La escasa luz que le quedaba al día, en contraste con el humo blanco que brotaba de los borboteantes oquedales, hacía que el lugar pareciera una teatral y onírica exhibición de la naturaleza.

Pepe Fuentes ·