1 DICIEMBRE 2023

© 2017 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2017
Localizacion
Toledo (España)
Soporte de imagen
-120 MM- ILFORD PAN F 50
Fecha de diario
2023-12-01
Referencia
8385

DIARIO ÍNTIMO  87
O del intermitente juego fatal con la depresión

Domingo, diecinueve de noviembre de dos mil veintitrés 

“Una fatiga de comienzo del mundo, la sensación de arrastrar el cuerpo, un sentimiento de fragilidad increíble, que se convierte en crispante dolor…”. Antonin Artaud
Domingo por la tarde. Estoy en la sala grande de mi casa, tumbado en uno de los  sillones.
Son las 5:22 minutos de la tarde  y no tengo absolutamente ganas de hacer ni pensar nada. Antes, había leído un rato la última novela de Vargas Llosa: Le dedico mi silencio, título cargado de oscuros presagios que traía la tarde que se me venía encima; pero no quedaban ahí los oscuritos augurios, porque dejé el silencio de Vargas Llosa, y abrí Del inconveniente de haber nacido, de Cioran. Dejé enseguida ambas lecturas pero no porque pudieran ejercer mala influencia (las lecturas no me desarbolan), sino porque no deseaba leer ni hacer ninguna otra cosa. Tampoco me apetecía ir al estudio a lo de todos los días y todas las tardes de la semana.
No sé si habré alcanzado o atravesado la línea de la depresión, pero me parece que sí, que esta tarde sí. Deberían existir aparatos para medir el grado de depresión; como los de la tensión arterial. Habría rebasado todos los parámetros y me tendría que haber ido a urgencias con la alarmante lectura a por un tratamiento para salir del paso.
Mi Charlie se ha tumbado junto a mí y me da con la pata tímidamente para que le acaricie.
Él percibe perfectamente mis estados de ánimo y en tardes como hoy procura ser silencioso y leve como un espíritu otoñal. Necesita mi contacto acariciador y yo el suyo. Quizá él también esté deprimido. Yo también.  En momentos así, necesitaría algo parecido a una caricia . Al menos lo tengo a él.
Por primera vez en muchísimos meses o años o yo qué sé cuánto tiempo, he dejado de estar un domingo por la tarde en mi estudio ocupado: escribiendo, corrigiendo, revelando.
Una tarde como esta de noviembre, gris, tristona, desvitalizada y breve porque se deja vencer acobardadamente por la avasalladora noche, no es nada propicia para exaltaciones vitales.
Hoy podría cerrar el estudio para siempre, o dinamitarlo.
Qué necesidad tengo de trabajar tantas horas cada día, todos los días de la semana, me pregunto. Y me contesto: Sencillamente, porque sí, porque si no, No. Y a la mierda todo.
La tarde, amarga y corta, terminará enseguida y luego vendrá la noche donde es posible esconderse, por eso me gusta tanto. Acojo la noche aliviado porque me ampara y protege.
Menos mal que no echo de menos a nadie. Es más, la presencia de cualquier ser humano cerca sería una maldita tortura. No lo soportaría. Mejor solo, mucho mejor, porque me entrego con delectación, enfermizamente tal vez, a la percepción del vacío, de la nada, del abismo. Es mi adictiva droga. Si se puede soportar sin ataques de ansiedad, no hay mejor narcótico que la soledad, para la vida pesada.
Pienso con espanto que, el día que se me quiten las ganas completamente de escribir, lo mismo que me está pasando esta tarde, abandonaré todo propósito.
Pasaré los días tumbado con los ojos semicerrados, recreándome en el vacío absoluto. Esperando la comunión total con la nada.
No sé por qué, últimamente, me viene a la memoria la imagen de mi tío una tarde que le visité en la residencia geriátrica: estaba sentado en una mesa en la sala de estar y coloreaba unas plantillas de dibujos junto a otra anciana como él. Había sido un profesional brillante y vital. Ahora, había vuelto a la actividad lúdica, complacida e infantilizada. Toda actividad vital en el mundo había acabado ya para él. Sentí una cierta tristeza y piedad por mi tío, aunque el parecía estar conforme y sonriente, esperando el momento de merendar o cenar, ya no lo recuerdo.
Algo no está bien en el diseño de la vida humana. Si realmente existió un creador (ahora ya no, se debe haber  fugado con una santa y no sabemos de su paradero), debería haberse esforzado más en su creación, sobre todo en lo que se refiere a los seres vivos, humanos o no. No debería haber perpetrado la crueldad de la vejez. Si era omnipotente como quieren hacernos creer podría haberlo hecho mucho mejor. Sí, algo así como un ciclo vital al revés (puede que esto sea una tontería).
Creo que voy a encender la tele y me pasaré horas viendo una serie o cualquier otra mierda que me interese poco y me aturda mucho (no lo hago nunca) a ver si así me diluyo en la nada, hasta que decida comprarme plantillas para colorear y entonces me sentiré mejor, como mi tío. Probablemente.
La Fotografía: Caracterización de la faz de la depresión vespertina de un domingo otoñal. En otras estaciones y otros días de la semana se manifiesta de otro modo.
“Como si el cuerpo cediera a una facilidad o a una pereza. O se dejara ir, a la vez fascinado e indolente, hacía un reposo cada vez más radical y hondo…”. Severo Sarduy

Pepe Fuentes ·