6 ENERO 2024

© 2019 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2019
Localizacion
Toledo (España)
Soporte de imagen
-35 MM- ILFORD DELTA 3200
Fecha de diario
2024-01-06
Referencia
9367

DIARIO ÍNTIMO  89.2
Tragicomedia negra en tres actos
La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo (Génesis), mutó en mujer tentadora y encarnación del mal.
Jueves, veintiocho de diciembre de 2023

“Lo que empieza como comedia termina como tragicomedia”. (de los Detectives Salvajes, de Roberto Bolaño).
… El motivo que originó el cautiverio de mi personaje fue la fascinación sentida por la belleza y astucia de la partenaire, embaucadora fatal.
Ahora, con los hechos y el tiempo como testigos, una vez que los argumentos y actuaciones se desplegaron, me resulta inaudito y prefiero pensar que nada fuera verdad, que tan solo fuera una estúpida ficción que se hizo virtud a partir de mi necesidad.
El taimado autor, seguía y seguía forjando mil diferentes situaciones, mil mensajes, decenas de madrugadas virtuales calientes como consecuencia del delirio falaz de una acosadora insaciable y perversa.
Todo era una farsa: un vulgar argumento de serial televisivo vespertino que contenía en sus pliegues sustancias tóxicas que causaban enajenaciones preñadas de daño, frustración e incredulidad.
Solo uno de los personajes gozaba, el peor de los dos, el que menos se merecía tan arrebatador y gratuito placer. Lo obtenía fácilmente, tan solo mintiendo fabulosa e incesantemente.
En el tiempo real en el que la nefasta representación sucedía, mi personaje se encontraba hundido en un momento de grave desorientación existencial. Tardé una eternidad y miles de mensajes y situaciones inauditas en percatarme de que simplemente estaba siendo víctima de una monumental estafa, una conjura urdida únicamente para infligirme daño, sin causa ni razón. Los diálogos de los personajes podían ser tan alucinantes y contradictorios como pasar del amor posible al imposible; del elogio respetuoso al desprecio aversivo. Así todo el tiempo.
“Los perversos narcisistas perfectos son estructuralmente perversos. No conocen ni el sufrimiento ni los remordimientos. Ellos no están enfermos, es su entorno al que enferman. El perverso narcisista no sufre, somos nosotros los que sufrimos en su lugar. Se trata de alguien frágil. En principio es alguien que debería sufrir exageradamente, pero que, por un sistema de proyección y, sobre todo de identificación proyectiva, se justifica: por tu culpa. La paradoja también es para él objeto de placer y de omnipotencia. Hay una erotización de las defensas perversas, es decir, los perversos experimentan placer con la manipulación. El otro (la víctima) está totalmente confundido, mientras que el agresor sabe muy bien donde se encuentra. Cuanto más desvaloriza al otro, mejor se siente, cuanto más lo paradoja, más fuerte se siente”. Jean Charles Bouchoux
La inteligencia diabólica de la protagonista femenina enseguida me detectó como víctima perfecta y como objeto triunfal de sus retorcidos manejos. Para ella, era la única razón de yo existiera.
En su delirio mórbido, pero desoladoramente estéril, su papel era de femme fatale más allá del bien y del mal, inasequible a las contrariedades mundanas y a la vulgar derrota.
Tanta sofisticación dramática y argumental no se correspondía con su puesta en escena: un nada original vestuario de señora convencional con algo de dinero; y unos pretenciosos y relamidos escenarios pequeñoburgueses desoladoramente carentes de imaginación, en cuanto al atrezo (existen pruebas fotográficas que no vienen al caso).
Sin embargo, mi personaje aparecía en el escenario como un bulto informe, vestido de harapos, alienado y carcomido por un embrutecimiento primario.
Lo que ella estaba lejos de comprender desde su abrumadora posición ganadora sobre el también indudable perdedor; era que todo era tan solo una ficción teatral efímera. Y luego, una vez que el telón bajara (los telones siempre bajan porque antes subieron), su personaje quedaría enterrado en las tinieblas de su infinita y doliente frustración, irredimible para siempre; mientras que mi personaje emergería sano, como si nada hubiera sucedido, porque estaba libre de toda culpa.
Aunque solo fuera por esta vez el bien se impondría al mal. Era cuestión de principios y justicia divina, o mejor poética.
La representación duró mucho, demasiado. Durante casi un año, cruzamos miles de mensajes especialmente de madrugada en las que predominó su negación a cualquier tipo de propuesta explícita por mi parte de compartir el espacio escénico y enfrentar nuestros argumentos y razones sentimentales (algo tan sencillo y natural como que nos viéramos, a lo que se negó siempre). Era imposible que accediera porque todo su montaje se desenvolvía, siniestramente,  en la sombra. Era una lúgubre voz en off…
La Fotografía:
“Yo envío contra vosotros serpientes venenosas,
contra las que no valen encantamientos,
os picarán mortalmente –oráculo del señor Jeremías.”
Antonio Gamoneda

Pepe Fuentes ·