23 ENERO 2026

© 2026 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2026
Localizacion
Serie TV. Cien años de soledad, Rodrigo García (2024)-
Soporte de imagen
-DIGITAL 12.800
Fecha de diario
2026-01-23
Referencia
11375

DIARIO DE MI FELICIDAD 16.1 (continuación como post scriptum de la entrada de ayer)
«En silencio, sin nada que hacer, aburridos, podemos percibir la fragmentación interior y sentir la angustia de nuestra falta radical de identidad». Jorge Riechmann
Jueves, veintidós de enero de dos mil veinticinco

Ayer y en entradas anteriores escribí sobre mi felicidad; hoy, a modo de epílogo lo haré de todo lo contrario. Sí, a estas alturas ya he comprendido que esa entelequia es imposible, de por sí, el propósito además de ser ingenuo es impreciso porque no se sabe a ciencia cierta en qué consiste «eso». Me parece que todo radica en estar tranquilo y nada más. Los humanos nos hemos empeñado en bautizar la improbabilidad y a partir de ahí, todos a correr como pollos descabezados. Miles de filósofos desde el inicio del mundo letrado (generalmente estoicos han preconizado la extirpación de los deseos para conseguirlo; y por qué no la vida misma de paso, me pregunto), terapeutas, adalides de la autoayuda y otros crédulos instalados en todo tipo de peligrosísimos ideales, incluso y frecuentemente religiosos se han empeñado en fijarlo como fin absoluto. Por cierto, y a propósito de lo religioso o de la fe en la existencia de Dios; en la magnífica serie de Netflix:  Cien años de soledad, que me había resistido a ver; pero que ahora estoy gozando; José Arcadio Buendía, el fascinante patriarca, dice a propósito de la existencia de Dios, que creería en Él si le enseñaran un daguerrotipo con su imagen. Genial, José Arcadio.
Yo, ahora, para conseguir el perfecto equilibrio (supuestamente, la felicidad), busco la paz perpetua o la espiritualidad del desprendimiento (sí, el refugio seguro del estoicismo, pero escépticamente para que no falle la inteligencia, lo que da sentido a la vida humana toda).
Los protagonistas de la obra de Amélie Nothomb buscan un tipo de encuentro desde la invisibilidad corporal, y eso solo puede ser posible a través de la palabra o la fe en lo intangible que nunca podrá ser visto.
En estos últimos tiempos, años, en los que permanezco solo; he buscado torpe y estúpidamente, el configurarme sensatamente en torno a ese improbable pero no imposible objetivo;  para ello, pensé que la presencia amorosa en mi vida me ayudaría a reordenar mi yo fragmentado. Sin embargo, la experiencia a través de la ilusoria comunicación-incomunicación mediante mensajería con mujeres (soy heterosexual), fórmula inconcebible y engañosa porque solo está sostenida por palabras-ficción, radicalmente equívocas, resulta un desolador fracaso. Nadie se desprende de su narcisismo e individualidad a partir de tan solo palabras, sin cuerpos, sin los flujos de testosterona (o lo que sea), que provoca el cuerpo del otro.
No hay modo de construir nada con la premisa del vacío (los protagonistas de Amélie Nothomb, tampoco lo consiguen). Las relaciones interpersonales en el mundo actual, gravemente necesitado de tapar los agujeros que provoca una posmodernidad (en la que contradictoriamente creo, porque no hay salida), es imposible sostenerlas en un imaginario especular provocado por la angustiada necesidad y donde la auténtica protagonista es la ausencia. Todos a morir, pero eso sí, a manos de las dichosas y estúpidas redes sociales…
La Fotografía: Cien años de soledad. Jose Arcadio Buendía, enloquecido ya y atado a un árbol, junto con su mujer Úrsula Iguarán. Han permanecido juntos toda su vida y bajo su poderoso influjo y descomunal energía fundaron Macondo. Se amaron apasionadamente y permanecieron siempre juntos.

Pepe Fuentes ·