COLECCIÓN DE MISCELÁNEAS 107.1
“En este mundo en el que vivimos, el que no se deprime es un psicópata”. Manuel Vilas
Viernes, seis de Febrero de dos mil veintiséis
Soy heteróclito, diverso, paradójico y viejo… y candidato a la inclemente depresión.
Para combatir la amenaza, esta tarde, he probado a estarme quieto todo el tiempo, confundiéndome con el mobiliario para que no me descubriera. No ha funcionado, es más, ha sido peor porque me ha localizado y he quedado a su entera merced por pasividad.
Me gusta lo mejor y lo peor del género humano… bueno, un poquito más lo peor, por aquello del morbo y de la plena convicción de que la naturaleza humana es, en su más auténtica expresión, maligna y miserable. Pero, eso sí, siempre que no se manifieste cerca de mí; porque los malos me dan miedo. Soy débil y acobardado.
En la entrada anterior, en este mismo capítulo, elaboré una rendida y admirada visión de lo mejor del ser humano, experiencia estética y moral plena de belleza homologada, a través de una película: Belfast (Kenneth Branagh, 2021): en ella habitaba un niño de mirada dulce y vibrante vitalidad, ingenua e inteligente y todo al mismo tiempo. Niñez perfecta (trasunto de Kennet Brannagh que luego maduró como genio ya); padres: matrimonio enamorado, solidario, apasionado, perfecto… (y encima eran muy guapos); abuelos amorosos y tiernos, salidos de la más mirífica e ideal fábrica de ancestros ideales. Ambos abuelos paternos caminan hacia la muerte dulcemente, sin amargura. Daba gusto verlos.
Me encantó semejante exaltación de las mejores almas humanas que concebir se pueda. Por ello, creo que me encuentro entre el más acendrado idealismo y la más profunda estupidez (un poquito más, esto último).
Ahora, las ocho y media de la mañana, escribo a mi propio dictado en voz alta. La última moda de la casa: manifestar toda disquisición en voz alta y profunda, como prueba de vida ante mí mismo.
¿Por qué suelto este abominable rollo ahora, declamado y enfatizado hasta el secreto desvarío? Sencillo, porque ya no me aguanto más; y supongo que si me exteriorizo con ademanes evidentes parezco otro.
A las nueve y media he decidido irme a caminar. Diez minutos después ha comenzado a llover. No he vuelto sobre mis pasos, he seguido, como todos los días. He vuelto dos horas después como una sopa. Probablemente me he castigado por algún pecado no cometido (no peco nunca, ni de palabra, obra u omisión)., pero es lo que tiene estar bautizado, que sin darte cuenta cargas con alguna culpa que ni te imaginabas.
Esta entrada estaba, en principio, pensada en dos partes: la luz y la sombra; el bien y el mal; la virtud y el pecado… pero como me está saliendo larga, la segunda parte, la del mal tenebroso, la dejaré para mañana…
La Fotografía: Un hombre sin pasado, Aki Kaurimäski (2002). Esta mujer canta melancólicamente (supongo), sobre las maravillosas historias que aún perduran, pero se equivocaba (a su edad, nada perdura, salvo alguna recalcitrante imagen de la que ni siquiera se acuerda bien). Nada perdura, salvo en el efímero momento en que sucede, luego ya nada.