12 MAYO 2026

© 2021 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2021
Localizacion
pepe fuentes (Toledo)
Soporte de imagen
-DIGITAL 1600
Fecha de diario
2026-05-12
Referencia
1095

Diario de un hombre distante 1.1
“Quienes aman la vida no leen, el arte es para los que están hartos del mundo”. Michel Houellebecq
Sábado, nueve de mayo de dos mil veintiséis

Soy muy de Houellebecq, suelo darle la razón en casi todo. Por cierto, hace tiempo que no publica (que yo sepa), y ya lo echo de menos. Será, tal vez, que está arrepentido de ser un individuo pensante, reactivo a la vez que creativo (todos somos reactivos, aunque unos con inteligencia y otros menos, hasta sin ella incluso). Según quien escribió oportunamente un artículo sobre el genial francés, un tal David Lorao, dice, -quien experimenta el peso de la decepción y el vacío puede encontrar en la literatura un antídoto; una vía de escape, una forma de resistencia- y ahí está el francés (por cierto ¡muy de ese país Houellebecq! Eso me gusta).
Sí, lo que me encanta de él es que sea pluscua-imperfecto porque los lectores, por ejemplo, solemos serlo desde pequeñitos, cuando todavía no nos ha dado tiempo a saber de qué va este ruinoso negocio de la vida. Pero bueno, ya sabemos que pensar y crear se sustenta sobre inexactas exageraciones; si no carecería de sentido y sustancia.
Tiene razón cuando dice que, si estás encantado de la vida, que es exigente e imperiosa, epidérmica y sensitiva, y, por lo tanto, de urgente atención, no pierdes el tiempo con las ocurrencias de los convalecientes y atorrantes escritores ¿para qué? Una necia pérdida de tiempo, si lo que ellos te puedan dar lo tienes al alcance de la mano sin tantos rodeos.
También lo dijo, de algún modo, Friedrich Nietzsche: “Es necesario tener caos dentro de uno mismo para poder dar a luz a una estrella danzante”.
Una vez más esto de contarme mi vida (Vila Matas, otra vez, que tanto me ha hecho disfrutar en estos días con su estupenda novela: Lejos de Veracruz, de 2024) me hace entrar en contradicción. Pero, no renuncio: ¡qué sería de mi sin los escritores!
Una vez más, esta entrada, como tantas otras, se me está yendo de las manos, porque esto es un diario y no un confesionario, aunque tanto se parezcan.
Hoy ya es sábado y tengo un fin de semana por delante en el que viviré la mera y puta esencia de mi manera de ser y hacer de ahora: he pasado de ser todavía (estos últimos años), un tipo anhelante de lo que no tenía: sí, las cosas de siempre, compañía, amor, sexo, placeres; todas esas banalidades que constituyen lo que algunos llaman felicidad y otros amargura, si no lo consiguen, a ser, por fin, un tipo lúcido y autosuficiente que ha conseguido erradicar todo ese frustrante farfulleo existencial.
Después de un proceso redentor e inevitablemente sufriente (hasta Mi Charlie, se me ha muerto); he mudado de un pulcro estoicismo, tan aburrido (que sufridas y sosas son esas gentes, los estoicos, que tanto se parecen a los curas); a una especie de nihilista doméstico (vivo encerrado en mi Clausura), que me produce mayores rendimientos en la cuenta de mi felicidad. Pero, de esa exitosa evolución, mejor hablo otro día, porque esta entrada acaba aquí…
La Fotografía: Este autorretrato, de hace cinco años, de impecable perfil existencial y testimonial, sin la ignominiosa y humillante papada ya (me la había quitado hacía dos años); por cierto, esa operación caducará pronto porque me dijeron que duraba diez, pero esa provisionalidad me dio igual y ahora ya, de nihilista en zapatillas, mucho más y con mayor motivo y razón. Lo importante de esta fotografía es el concepto, el mensaje subliminal y biográfico que contiene: mi ser material y caduco, hierático y consecuente, frente a mi vieja Mamiya RB67, que me acompañó fielmente durante cuarenta años (en ese momento acababa de inaugurar mi era digital), coloqué mi compañera de medio formato en una vitrina como merecido objeto de museo.

Pepe Fuentes ·