Me acuerdo de mis obsesiones “artísticas” (y 4)
“…el arte puede ser bueno, malo o indiferente, pero que, sea cual sea el adjetivo empleado, debemos llamarle arte, y un arte malo sigue siendo arte, igual que una mala emoción sigue siendo emoción”. Marcel Duchamp
Miércoles, veinte de mayo de dos mil veintiséis
… Fueron dos los escenarios propios, propicios, coherentes, adecuados.
Solo podían ser esos.
Otros, imposible.
Espacios cerrados, espacios abiertos.
Soledad en todos. Y silencio.
También miedo a ser sorprendido,
observado, violentado.
La ceremonia era reservada e inviolable.
Terror a la agresión de la mirada indiscreta.
Una casa abandonada, una vía muerta…
como metáforas iniciáticas.
El alcance estaba más allá siempre y ahí me perdía,
me encontraba, y volvía a perderme, constantemente.
Sin fin ni finalidad.
Más allá de mi extraña obsesión, nada buscaba, nada existía, nada, nada
y luego, la nada otra vez.
Y el vacío.
Y el mundo exterior lejos, ajeno, prescindible, molesto, temible.
No ingrato porque nunca ha habido ni intercambio, ni diálogo, ni presencia
ni existencia. Ajeno siempre.
El mundo allí; yo aquí.
Un tren que nunca llegará y eso ha sido lo mejor siempre.
Lo que nunca llega.
El tren, lejano, la vía muerta y yo, muerto en la vida, y vivo en la muerte.
Y ahí permanezco. Permaneceré siempre.
En la vía muerta. Perfecta metáfora de mi Arte que, aunque haya sido malo, o imposible, lo ha sido.
Eso basta. Todo está bien, entonces.
La Fotografía: “La misión del arte hoy es introducir el caos en el orden”. T. W. Adorno