2 AGOSTO 2026

© pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Fecha de diario
2026-08-02
Referencia
11724

Los MICROVIAJES 7.1
“El artista no debe expresarse a sí mismo, sino intentar expresar la verdad de la belleza. No hay belleza sin honradez. El arte verdadero, no hay otro (lo demás es entretenimiento), parte del mundo de lo sensible, pero siempre nos trae noticias de otro mundo, del trasmundo. Todo arte genuino es metafísico, espiritual. Reflejar o duplicar el mundo no es tarea del artista”.  Ignacio Sánchez Cámara
Jueves, veintiocho de mayo de dos mil veintiséis

Ayer acabamos destrozados de cansancio así que nos levantamos tarde y decidimos tomarnos el día con lentitud y placer. A las nueve bajamos a desayunar en un bar que se encontraba al lado del hotel. Volvimos, tomamos las cámaras y la mejor de nuestra disposición y comenzamos a caminar despacio, muy lentamente, hacia la zona de la catedral.
De ahí, después de bordearla, entramos en la iglesia adosada, desde la que se podía acceder a la catedral con entrada, pero no la teníamos. Solo la divisamos al fondo el interior.
Recorrimos la calle Sierpes y desembocamos en la plaza donde se encuentra el magnífico edificio del ayuntamiento, plateresco, en obras con andamios frente a la fachada que entorpecían la visión del magnífico edificio. Por un lateral, observamos que entraba y salía gente, decidimos acercarnos a curiosear. Pregunté al vigilante y me dijo que dentro había una exposición de cuatro obras pictóricas entre ellas dos Velázquez…
Nos lanzamos como locos al interior, a verlas, claro.
La exposición situada en un espacio relativamente pequeño, pero de gran riqueza arquitectónica, el techo abovedado, por ejemplo; reunía dos obras de Diego Velázquez: Santa Rufina y La imposición de la casulla a San Ildefonso. De Esteban Murillo: San Pedro penitente; y una vista de Sevilla anónima.
Cuatro obras que me parecieron superiores y de una calidad e importancia superlativa…
La Fotografía: Sobre todo la que me dejó sin aliento fue Santa Rufina (1629-1632), de pequeño formato: 33,50 x 38,70 cm, con marco. Representa a la patrona de Sevilla como una pequeña alfarera. Nada más enfrentarme con la obra me quedé impresionado por su naturalidad y hondura interpretativa que emanaba. La miré largamente y por supuesto la fotografié. Información obtenida de la Fundación Focus, propietarios de la obra:Su soberbia calidad, la frescura y espontaneidad de su técnica y el efecto de fuerte contraste de la cabeza iluminada con el fondo oscuro, la acercan desde luego al estilo juvenil del maestro, pero la gama de color de las carnaciones, de tonalidad clara, contrastan bastante con las gamas tostadas que solía usar Velázquez en su etapa sevillana. Si fuese suya, habría que situarla ya en Madrid, cuando los tonos grises invaden su paleta… Atribuido a Velázquez de antiguo, se creyó retrato de su mujer, Juana Pacheco, y como tal se exhibió en varias ocasiones a principios del siglo XX. De riguroso perfil a la izquierda, con el pelo recogido y un pendiente de arete en la oreja. La reciente limpieza ha permitido levantar todos los repintes antiguos que modifican un tanto la imagen y podían hacer pensar que se tratase de un fragmento de composición mayor. Liberada de ellos, se advierte que es un prodigioso apunte del natural, de una extraordinaria frescura, quizá concebido como estudio a conservar en el taller y utilizar cuando llegase la ocasión en composiciones mayores”.

Pepe Fuentes ·