DIARIO DE ENVEJECIMIENTO 75 y 6
“No hay palabras suficientes. No hay acontecimientos suficientes. No hay memoria suficiente para rememorar toda una vida y ponerla en orden, darle exactitud”. Richard Ford
Martes, once de agosto de dos mil veintiséis
… Doy por terminado este largo relato por entregas del repaso de hechos importantes de mi vida, en un tiempo en el que la metástasis del envejecimiento se extenderá hasta el fallo multiorgánico, lo temo con angustia y pesimismo.
A estas alturas ya no hay regeneración posible porque no queda tiempo ni margen para una reforma integral. Tal vez necesitaría ayuda o compañía para paliar la sensación de capitulación y derrota en todos los frentes, pero eso, me digo muy seriamente: no va a suceder.
En la vejez las razones y argumentos de la vida se reducen a los duelos por las pérdidas en todos los órdenes (las ya sufridas y las por venir). Estos últimos días he escrito de pérdidas y ausencias, y junto a ellas o en ellas, mi propia pérdida, la más importante porque es la que me habita. Me estoy perdiendo en el caos de mi estupor.
“Pensar el duelo es pensar la vida. Es asomarse a un universo solitario lleno de ausencias y miedos. El duelo camina entre el amor y lo perdido; entre lo deseado y lo que no fue, o fue en un tiempo que pasó. Nosotros, también pasaremos”. Gabriel Rolón
Para Rolón, quien encarna la pérdida es un ensombrecido, que también lucha por la vida y la dignidad. Eso es lo que he intentado desplegar en un morboso juego con los hechos en el tiempo en estas últimas entradas de diario, mi único recurso para apaciguar la angustia que provoca la soledad y el silencio. Menos mal que me quedan mis entradas aquí y la férrea voluntad de no morir mañana. La semana que viene, ya veremos.
La Fotografía: (2026, 73 años y un día, hoy). Foto de una de mis sesiones de toma de la semana pasada para celebrar el acontecimiento de mi Gran Salto en el Calendario que sucedió ayer mismo, sin accidentes ni contratiempos. Me hago acompañar por mis máscaras praguenses que utilizo en mis performances con propósitos metafóricos o simplemente lúdicos, sin más, como es el caso de la foto de hoy. Mis sesiones de toma para el odioso septuagésimo tercero aniversario de mi nacimiento estuvieron seriamente intervenidas por una frustrante falta de inspiración, y entonces se me ocurrió echar mano de mis infalibles personajes, que tanto me gustan.