DIARIO DE MI FELICIDAD 24 y 3
“Cuando la pasión es empujada por el deseo, se vislumbra el cielo. Cuando la mueve la pulsión de muerte, vemos el infierno. Sin embargo, antes sugiere que hay algo todavía peor para quienes hayan desconocido el fuego de la pasión, permanecer para siempre en ese vestíbulo horrendo, sin obtener premio ni castigo. Aquellos que no se la jugaron por nada en la vida no pueden esperar nada en la muerte. Ni siquiera la condena. Como esos amores que ni siquiera se convirtieron en historia, estas almas están condenadas al olvido. El peor de los destinos. Su tibieza fue tal que no le interesan a nadie ni a Dios, ni al demonio. Ahí están quienes evitaron enamorarse para no sufrir, también los que renunciaron a sus sueños por temor a fracasar. Los indolentes. Dante con ellos no se toma ni siquiera el trabajo de juzgarlos. A su manera, el poeta introduce un nuevo pecado capital, quizás el peor de todos, la cobardía. Un detalle perturbador antes de continuar el descenso. La mayoría de las almas están ahí”. Gabriel Rolón
Miércoles, diecinueve de agosto de dos mil veintiséis
… Mi felicidad es una tarea condenada al fracaso. Es imposible acceder a la felicidad sin el enamoramiento (el amor es otra cosa, siempre a posteriori), porque están indisolublemente unidos y se confunden entre sí.
El enamoramiento es la fase más riente, fascinante y colorista del hecho amoroso (no sé porque lo llamo “hecho”, tan frío y objetivo, quizá porque ya no me lo crea). Su aparición, se asocia y forma parte de la felicidad. A mí, al menos, me pasaría si eso me sucediera.
Se desarrollan enroscándose la una en el otro hasta ser materia sola y única (estoy bordeando la anticuada cursilería, como Rolón en el lado romántico de sus tramas literarias).
A mis 73 años, es imposible que eso suceda; pero no porque no pueda enamorarme, todos podemos, a cualquier edad; simplemente porque sería una rareza imposible que una mujer se enamorara de mí. Las viejas ya no lo hacen porque tienen mucho miedo o están muy cansadas.
El enamoramiento es cosa de dos (no concibo otras fórmulas), y las mujeres hace años que no me miran ni amorosamente ni de ningún modo. En justa correspondencia, yo a ellas tampoco. No hay espacio donde podamos encontrarnos.
A la felicidad solo podría acceder con una serie de enamoramientos sucesivos (es previsible que uno a uno, no me duraran mucho), que me alivien de la angustia.
En resumidas cuentas solo me queda seguir escrupulosamente el plan de clausura para, al menos, no tener que soportar incómodas molestias, a pesar de que el aislamiento sea la fórmula más retorcida y dolorosa, porque eres invisible, mucho más, si cabe.
Como dijo Freud: “No hay nada en el plan del universo que contemple la felicidad humana”. Sí, ya sé, no apuesto por la felicidad, sino por la nada como estúpido nirvana (todos lo son); luego iré al infierno de La divina comedia; a sufrir por toda la eternidad; pero es que ya no me salen las cosas de otro modo…
La Fotografía (y 3): …Y, especialmente, las niñas en las que nos fijábamos como objetivos a conocer y conquistar (alguno de mis amigos se echaron novia en aquellas remotas ferias). Todo era trepidante, excitante, feliz. Hoy, he comprobado como aquellos acontecimientos señalados y preferidos para mí, desde hace muchos años ya, los han trasladado a un inhóspito, desapacible y polvoriento descampado; donde, con desangeladas distancias entre unos y otros, se despliegan feísimas y cochambrosas atracciones al borde de ser arrumbadas en los cementerios de los cachivaches inservibles (toda una metáfora). No sé si acudirá alguien a esa exhibición de indecorosa fealdad. Serán pocos, seguro. No iré a comprobarlo.