CARTA A EMMA LOUISE XVI
Viernes, veintiocho de agosto de dos mil veintiséis
Hola, Emma, como todos los años aquí estamos otra vez, tu allí; yo aquí. Y como siempre, hoy, para felicitarte en tu diecisiete cumpleaños. Me gusta ese año de la vida, es de los mejores, de los más singulares, sugestivos y esplendorosos. Tiene el misterio y el atractivo de ser fronterizo. Pleno de promesas, se me antoja, y, además en tu caso, serán felizmente cumplidas, no me cabe duda.
Tu año académico pasado ha sido brillante, como todos. Y este, el último de instituto que empezaste la semana pasada, también lo será. El que viene, a volar como ha hecho tu hermana Lucía (anteayer partió hacia la universidad), por lo que a partir de ahora y por primera vez en vuestras vidas os separáis. Pero esa experiencia de tantos años juntas será imborrable para vosotras. A partir de ahora, todo cambiará un poco, para bien, seguro.
Este año, en junio, por fin nos hemos visto después de dos sin hacerlo. Me ha encantado comprobar como has crecido en todos los sentidos. Te he observado y me ha parecido que no solo ha sido en belleza y expresividad; si no, también, en un modo de estar en la realidad que te rodeaba con una doble mirada: exterior, de franca sonrisa que denotaba una gran confianza en ti misma; pero, al mismo tiempo, otra interior en la que vi que atiendes tu espacio propio y tus percepciones más íntimas. Observé que, a veces te ensimismabas y tus gestos y silencios traslucían conexiones muy propias.
Tu personalidad y penetrante modo de ser ya te proyectan hacia un inmenso alcance de futuro.
Con el tiempo por venir ese carácter inquieto y complejo, crecerá repleto de matices y afinaciones culturales y humanas.
Intuyo que ya ves el camino y la dirección que tomar con nitidez y determinación.
Siento mucho, Emma, que nuestras circunstancias, me impidan recrearme en tu crecimiento. Pero, a fin de cuentas, eso es secundario porque lo más importante es que tú seas como eres.
Llevaba dos años sin fotografiarte, y este año, por fin llegó la ocasión. Esta vez no fotografiamos en casa, lo hicimos en Madrid y Toledo, en ambas ocasiones en el exterior, con luz natural. Tu expresión, tu mirada y tu sonrisa son memorables. Me encanta retratarte y luego, en casa, revelar los retratos elegidos que casi lo hacen solos, sin apenas intervención por mi parte. Es un gusto todo el proceso.
Emma, cariño, felicidades, pásalo bien hoy y todos los de tu año diecisiete.
Te quiero, un gran beso.