8 SEPTIEMBRE 2026

© 2026 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2026
Localizacion
Toledo
Soporte de imagen
-DIGITAL-IPHONE
Fecha de diario
2026-09-08
Referencia
11790

DIARIO DE MI FELICIDAD 25
“Diez: La vida es un lugar muy difícil y tendemos a idealizar las cosas: El amor, la amistad, la vida misma. No idealicemos también la felicidad. Si tenemos una opción de ser felices, nunca será sin un poco de tristeza, sin un poco de ausencia, sin un poco de dolor, sin algo de soledad y sin faltas. Si alguna felicidad es posible, tenemos que aceptar que será una felicidad imperfecta”. Gabriel Rolón
Domingo, seis de septiembre de dos mil veintiséis

Ayer, terminé mi última lectura de Gabriel Rolón, psicoanalista célebre bonaerense. Son varias las obras suyas que he oído en este último mes y medio. Salvo en sus dos novelas psicoanalíticas, en las que urde unas tramas en clave de thriller, tensas y perfectamente urdidas, aparte de un lenguaje de tono reflexivo e intelectual más que estimable; sin embargo, todo lo arruina por una razón obvia: no es novelista, es psicoanalista y muy bueno, por cierto; y cuando llega el momento de relatar los romances y sus derivadas eróticas, el bueno de Gabriel se precipita al vacío con unas descripciones plagadas de torpes lugares comunes, relamidos y cursis. Penoso en ese campo narrativo, aunque reconozco que la literatura erótica es francamente difícil.
A pesar de esas objeciones sobre las novelas: Los padecientes y La voz ausente, soy de la opinión de que de este autor hay que leerlo todo (todavía me queda alguna obra pendiente, aparte de podcasts, a los que no me acercaré, es demasiado).
En La felicidad, a modo de introducción, establece diez principios sobre la relación más conveniente con ese concepto que está cargado por el diablo y que, mal entendido, puede provocar dolor y amargura (aspirar sin criterio a una entelequia, parecida a la esperanza, que viene a ser lo mismo, pero con otros matices)…
El otro día hablé de dos mujeres algo viejas, aunque no tanto como yo, con las que siempre me cruzo y nunca nos saludábamos.
Me encomendé a mí mismo una misión suicida de aproximación porque son para mí un misterio. Hoy, con arreglo al horario habitual de su paseo yo llevaba delantera. Me he encontrado con el asunto del globo, me he sentado en una piedra tranquilamente a ver el hinchado y el despegue. En esto he visto que se acercaban las circunspectas mujeres, y me he dicho -mira que bien me viene la circunstancia, como la escena es llamativa, ellas también se pararán a ver el espectáculo y entonces yo, me acercaré y comenzaré a charlar con ellas despreocupada y animadamente. Luego reiniciaremos el paseo y las acompañaré al compás de mi verbo cálido y amigable; situación perfecta para averiguar el enigma de esas mujeres-
Pues no, las cosas no han funcionado así; ellas ni han aminorado el paso, han seguido caminando con la firmeza de su indiferencia, y al globo, ni mirarlo.
Yo me sentía relajado y feliz con el espectáculo (para una vez que pasa algo en el aburrido camino que seguimos los paseantes diarios, el globo era un acontecimiento de orden mundial); sin embargo, a ellas, nada de nada, como si no.
Me pregunto: ¿se puede ser feliz si se va por la vida mirando al frente, gravemente y sin girar la cabeza hacia un lado u otro y sin mirar a nadie? Me contesto: me parece que no, que va, imposible y la razón es sencilla: la vida casi siempre pasa a un lado u otro de nuestra vida, de frente y que nos interpele directamente, casi nunca. Por eso hoy, yo he sido feliz con el globo; y esas mujeres seguro que no porque en el interior de su silencio no se habrán encontrado con nada nuevo, en todo caso con la resignación que llevan pintada en el rostro. Es más, y por si fuera poco su fracaso de hoy, se han perdido mi bella e interesante presencia que les habría cundido bastante en su entretenimiento. Allá ellas; yo abandono mi propósito de conocerlas. Que las zurzan con hilo verde.
La Fotografía: Hoy me he levantado ni muy temprano ni muy tarde, a las siete y media (más bien tarde); y me he dirigido a caminar por donde siempre. A la orilla del camino había varios coches y unos técnicos preparaban un globo aerostático para dar un paseo a curiosos y aventureros. O a amantes de los vuelos despaciosos y recreativos. Contemplativos desde un punto de vista interesante, el mismo que el de Dios, desde arriba. Algún día me subiré a un globo para fotografiar, tal vez, no sé. A la cesta subieron tres o cuatro chicas y chicos jóvenes, además del capitán de la misión, justo el que se asoma desde  la cesta.

Pepe Fuentes ·