15 SEPTIEMBRE 2026

© 2019 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2019
Localizacion
Argés (España)
Soporte de imagen
-120 MM- ILFORD PAN F 50
Fecha de diario
2026-09-15
Referencia
8345

Diario de la perplejidad 3
«Solo un idiota compartiría sus pensamientos íntimos en internet». Ian McEwan
Lunes, catorce de septiembre de dos mil veintiséis

Me pregunto, perplejo, por qué me insulta el tipo de la cita de inicio. También lo hace otro de mis autores de referencia Jesús G. Maestro, que piensa lo mismo: “Nunca caigas en la trampa de contar tus propios fracasos y menos públicamente en Internet. No regales tu intimidad por narcisismo ni por empatía. Una persona sin secretos carece de valor y de valores” (Una filosofía para sobrevivir en el siglo XXI.)
Ambos autores me señalan implícitamente como destinatario de su repulsa ya que me expreso sin pudor en este diario al contar mis deseos, frustraciones, miserias… y todas o muchas de ellas de carácter íntimo (aunque no por eso deje de proteger unos pocos secretos).  Maestro añade el epíteto de narcisismo en su versión patológica y despreciable, supongo.
He pensado mucho en esa contradicción personal por mi parte; pero, por mi condición de diarista privado (es decir, no soy profesional ni del arte, ni de la escritura, ni de nada), creo que estoy excluido de los insultos de estos dos insignes autores, y, además me trae sin cuidado porque no tienen razón y menos asistida por ninguna verdad.
Ahora es cuando me pregunto: ¿Acaso un autor, especialmente literario o filosófico o poético no habla en sus creaciones de sus pensamientos íntimos? Me contesto: por supuesto que sí; porque si no sería IA.
Es imposible que cualquier creador que se mueva en el soporte del lenguaje escrito no hable de sí mismo a través de sus reflexiones o por boca de sus personajes.
Además, de qué me servirían a mí autores alejados de lo que sientan o que puedan crear algo fuera de la autenticidad de sí mismos y sus más íntimas sensaciones.
Así que, queridos autores, vuestra calificación de idiotez o narcisismo la impregnáis de vaselina y os la metéis por el culo. O es que la diferencia estriba en que como ellos publican y cobran (profesionales) están eximidos de responsabilidad o tienen licencia para matar; y los que no, debemos callarnos para siempre como condena por nuestro atrevimiento expresivo sin licencia de editores y del mercado. Siempre lo mismo, capillitas de mierda.
Item más: en la historia de la literatura han existido miles de autores celebrados y respetados que han escrito y publicado diarios íntimos y a nadie en su sano juicio y con un criterio básico se les ha ocurrido definirles como idiotas o narcisistas, o carentes de valores, es decir unos putos desgraciados. Desde Franz Kafka a Alejandra Pizarnik; o desde Fernando Pessoa a León Tolstoi, o Adolfo Bioy Casares y una larga lista de respetabilísimos y admirables autores.
Al parecer, tendremos que colegir que las atrevidas afirmaciones de estos artistas es tan solo un prejuicio hacia el populismo de internet, en el que caben gentes como yo, sin ir más lejos.
Para terminar, cuando confieso, por ejemplo, que mi vida sexual es una mierda, lo que para esos señores es una aberración idiota y narcisista; para mí es un gesto de supervivencia en cuanto a que me expreso para no morir como pez fuera del agua; es decir trabajo no para mi narcisismo sino para mi salud psíquica. Pero ellos, no pueden entender eso, me parece.
Y, por último, y en lo que se refiere a mí, estoy convencido que todo el mundo le trae sin cuidado que folle o no (no soy importante), por lo que lo puedo decirlo con total desahogo porque sé que mi confidencia es irrelevante para todo el mundo menos para mí (nadie escucha a nadie), y el proclamarlo es gratis total para todo el mundo. A eso también se puede llamar generosidad creativa (mi diario).
Ah, y un más a más, jamás he buscado lectores. Ellos, sí.
La Fotografía: Peces fuera del agua, muertos por el indeseable efecto de haberlos impedido respirar por un simple prejuicio cultural que tiene mucho que ver con otros tenebrosos tiempos.

Pepe Fuentes ·