DIARIO DEL ESPANTO 15.1
“Fue una decisión de los clubes de vestir la camiseta. Los jugadores teníamos que vestirla. Lo primero que quiero decir es que tengo toda la solidaridad con Ceuta y con todas las víctimas. Pero antes que jugador, soy humano y también quería tener un gesto y un pensamiento para todos los inmigrantes que han perdido la vida y que también están en condiciones duras». Kylian Mpbapeé (este individuo se olvida de que no eran inmigrantes sino invasores manipulados por su propio país (Marruecos), en detrimento de España, país donde se enriquece hasta la obscenidad.
Miércoles, dieciséis de septiembre de dos mil veintiséis
Anoche, después de cenar, me dispuse a ver el partido del Real Madrid contra el Elche. Siempre veo los partidos televisados del Madrid. Y, de pronto, observé que iba a tener lugar un acto simbólico de apoyo a los ceutís, invadidos por los marroquíes. Fue tan leve y metafórico como testimonial y solidario: simplemente los jugadores de ambos equipos se enfundaron durante unos instantes una camiseta con una leyenda de apoyo: «Todos somos caballas. Nuestra ciudad, nuestra patria». Pero, atención, tres jugadores del Real Madrid, de los veintidós que jugarían, no lo hicieron, solo remedaron que lo hacían: Mbappé, Vinicius y Konaté (hombres de pocas luces y menos criterio que no supieron interpretar el alcance del gesto).
La falta de respeto a la decisión de su club (empresa), quien les paga sueldos obscenos de más de un millón al mes, el que menos, y más de dos a los otros dos, sustentado por la masa de los socios y aficionados que sostienen económicamente al equipo; aparte de al país que los acoge, la ciudad, el club y los aficionados; todos movilizados emocionalmente ante la injusticia con los ceutís y por extensión a España; me pareció insultante y un olímpico desprecio hacia la sensibilidad de quienes los siguen apasionadamente y los aplauden hasta el paroxismo. Un gesto de prepotencia narcisista (colocar su pildorita ideológica por encima del poder testimonial y simbólico del gesto).
Supongo que no toleraban sentirse “utilizados” por una causa que les importaba un bledo, siendo tan importantes como ellos se creen. Desde luego, madridistas no parecieron.
El club, una vez más, no hará nada para mantener la disciplina interna. Cualquier día se negarán a jugar los partidos que no les apetezca y por lo que los pagan. Ellos mandan.
Me tendré que plantear seguir a un equipo que no se respeta a sí mismo.
Y por encima de este detalle irrelevante en lo práctico pero grave en su simbología (notoria indisciplina y falta de respeto al país y al club al que se deben); está el auténtico origen del problema, el gobierno de España, que ha permitido que un país extranjero nos invada en masa sin tomarlas medidas necesarias para impedirlo.
A estas alturas nadie sabe cuáles son las verdaderas causas de semejante atropello (yo al menos no); pero sí parece claro que la falta de actuación se debe a cobardía y falta de energía moral para defendernos.
Nada tengo que ver con el fascismo, por supuesto, nunca en ni vida, salvo cuando en mi estúpida juventud milité (más o menos), en la izquierda (otra manera de ser fascista); pero me voy a permitir una licencia, hasta caprichosa si se quiere: Ni con Franco ni con Santiago Bernabéu la ignominia de lo ocurrido en Ceuta, o en el Real Madrid, anoche, habría sucedido. Si eso es ser fascista, que me apunten…
La Fotografía: Estadio Santiago Bernabéu, en 2026. Me pregunto, ¿cómo es posible que el club de fútbol más importante de la historia de este deporte sea incapaz de mantener la disciplina institucional de tres individuos jóvenes e inculcarlos, o mejor, imponerles normas de comportamiento básicas como respetar a la entidad a la que se deben, a la afición que les respeta, aplaude y paga; o al país que los acoge. Si son los riquísimos jugadores los que van a imponerse por encima del club, e incluso lo van a dirigir de hecho al imponer sus criterios e “ideales” (erróneamente humanistas en este caso), mejor que el club se disuelva y entierre su grandeza en una hedionda fosa de cobardía.