Caparica: Veinte años entre el antes y el después…
…Hoy, comenzaré con otra frase de García Alix: «Mirar para atrapar la vida». Pero sobre todo ver, Alberto, porque el mundo está atascado de mirones que no ven una mierda. Vuelvo a lo de anteayer sobre mi experiencia fotográfica en Cabo Espichel y en la playa de Caparica. Miré y creo que Vi.En estos últimos días he positivado treinta fotografías de esos dos lugares (hace un tiempo copie algunas más realizadas con la vieja cámara grande). Cuánto tiempo me llevaría esa improbable exposición virtual? Exactamente no lo sé, pero puedo intentar cronometrar: un día de toma, otro de revelado de negativos, cinco años de sedimentación en mi subconsciente, diez días entre positivado, lavado, virado y escaneo, y algunos más en la ordenación e interiorización de las imágenes realizadas. En eso consiste todo y nada más. Únicamente eso. Si fuera García Alix, podría completar el trabajo con bellas frases como:«Sepulté mi delito en esta nada donde el cansancio reina sobre mil horas perdidas». En el justo momento en el que sea capaz de ilustrar mis fotografías con frases tan brillantes, empezaré a ser un poquito artista. Qué lástima que no me salgan tan redondas y poéticas…
…Después de escribir el texto de ayer sobre un destino inexorable e infortunado, me encontré con una cita de Paul Valéry, muy a propósito, y eso me gustó: «Se trata de un trabajo extenuante y solitario, lleno de preguntas sin solución y de laberintos sin salida; pero es, por lo general, el único camino». No hay mucho más que decir. La de ayer era la fotografía elegida de la sesión del veintitrés de Marzo. Hoy es la del día veinticuatro…
DIGRESIÓN UNA…He terminado en estos días Cabaret Biarritz, de José C. Vales. Excelente novela de suspense, de investigación histórica sobre unos crímenes acaecidos en esa ciudad en mil novecientos veinticinco. Historia compleja que se despliega a través de unas entrevistas realizadas por el escritor anónimo Georges Miet. Un brillante puzzle con los testimonios de una serie de personajes inverosímiles que estuvieron cerca o directamente relacionados con los hechos. Estructura originalísima y de un estilo narrativo chispeante, ágil, preciso, original, pleno de recursos. Impecable. Un gozo. «El inmenso trabajo de Miet, por tanto, quedó abandonado a su suerte, en la oscuridad más deplorable que pueda imaginar un autor: que nadie sepa que ha escrito algo, que nadie esperara que lo hubiera escrito y que, además, nadie tuviera el más mínimo interés en leerlo». José C. Vales
Después de ir y volver a lo largo de poco más de un kilómetro por la playa, nos sentamos en la terraza de un bar a ver atardecer. No sé de qué hablábamos cuando apareció, a lo lejos, una mujer en bicicleta junto a un niño. A mis amigos y a mí nos encantó la mujer, parecía, a pesar de la distancia, muy atractiva e interesante; supongo que fantaseamos en silencio con la posibilidad de pasar la noche de aquel sábado con ella, en Lisboa, pero ninguno lo intentamos, así que, cuando se puso el sol, nos levantamos algo decepcionados y nos fuimos a la ciudad. Al menos todavía quedaba la noche. De lo que pasó me acuerdo perfectamente (supongo), pero no lo voy a contar, sólo diré que mis amigos fueron más emprendedores y activos y muy probablemente se lo pasaron mejor. Yo me quedé instalado en una austeridad prudente pero sosa.
El otro día salí a pasear, como todos los días. En realidad no paseo, cumplo con una disciplina molesta y aburrida para no perder la forma, ¿qué forma? Cada día me digo: ¡y ahora a caminar, menuda mierda! La única forma que no hay que perder es la de los deseos. Yo la deformo porque paseo sin deseo, o más bien camino disciplinadamente, que es mucho peor. Así se escribe la historia de la mediocridad: hacer sin desear. A lo que iba: siempre voy por los mismos sitios aunque procuro alternarlos. Soy un merodeador sin solución. Hoy, fuera, llueve, y en mi atalaya (negra por fuera, negra por dentro) suena la música entre la bruma de mi estupor. No sé sí el músico tuvo deseos al componerla, supongo que sí porque es magnífica (seis corales para órgano de Bach). Mañana seguiré con este asunto.
HOMBRE SOLO APOSTADO EN UNA ESQUINA (no de Coney Island, sino de Caparica). Una tarde de domingo en una playa impregnada de óxidos. La luz del sol llegaba amarilla después de atravesar resquicios de nubes viejas. Era un domingo donde las esperas eran inútiles y oleadas de tristeza llegaban desde el horizonte frío del mar. Vi a este hombre apostado en una esquina, no esperando nada o quizá todo. Yo también sentía la tarde desapacible de domingo y las esperas inútiles. Le fotografié, pero no deseaba una gran fotografía, sino que algo entre nosotros se fundiera en la imagen y pudiéramos compartir siempre la tristeza de esa tarde de domingo, cuando quizá él, y desde luego yo, no esperábamos nada. Sólo que el tiempo no nos hiera demasiado ni arañe con crueldad nuestras carnes.