En Villacentenos se habían dejado olvidadas las flores y las culpas…

© 2013 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2013
Localizacion
Corral de Almaguer (España)
Soporte de imagen
-120 MM.- ACROS 100
Fecha de diario
2013-10-22
Referencia
6704

Siete de la tarde…era hora de volver. Encontré esta última imagen en una habitación de estar y calentarse en invierno. Después de todo -me consolé- a pesar del tremendo esfuerzo realizado (con una perspicacia elemental me habría ahorrado seis horas de torpezas), había merecido la pena. Hay viajes peores, ocasiones de parecidos y descomunales esfuerzos en los que vuelvo a mi casa sin haber tocado la cámara. Sigo con estas “cosas” porque tengo una alentadora convicción: –mejor hacer que no-. Si me hubiera quedado en mi casa, nada de lo que he contado habría sucedido. Al fin y al cabo busco el arte y, aunque no me sea un territorio propicio, es lo único que puede salvarme de la nada más ominosa. “… provoca (el arte) una energía consumida inútilmente, una energía empleada en alcanzar un ideal inalcanzable”. Yasunari Kawabata

© 2012 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2012
Localizacion
Toledo (España)
Soporte de imagen
-120 MM- ILFORD DELTA 3200
Referencia
5693
© 2012 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2012
Localizacion
Toledo (España)
Soporte de imagen
-120 MM- ILFORD DELTA 3200
Referencia
5682
© 2012 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2012
Localizacion
Toledo (España)
Soporte de imagen
-120 MM- ILFORD SFX 200
Soporte de copias
ILFORD MULTIGRADO WARMTONE BARITADO
Viraje
SELENIO
Tamaño
46,5 x 58,2 cm
Copiado máximo en soporte baritado
1
Año de copiado
2013
Referencia
5880
© 2013 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2013
Localizacion
Talavera de la Reina (España)
Soporte de imagen
-120 MM- DELTA 400 (3200)
Fecha de diario
2015-12-21
Referencia
6474

LAS ENFERMEDADES DE CHARLIE BROWN VI. A estas alturas del viaje a ninguna parte, ya no es que me considerara el tío más tonto del mundo, en eso nunca me equivoco, sino que mi habitualmente maltrecha autoestima me había abandonado sin piedad, una vez más. A la una y media decidí iniciar el camino de vuelta, maldiciéndome y lamentando que Charlie Brown podía estar cuatro días enfermo, con dolores y sin diagnóstico ni tratamiento. Además me sentía asustado de mí mismo (no entendía cómo podía llegar tan lejos en mi incompetencia, era inaudito). Por si fuera poco, Naty me había advertido en una de las llamadas que cruzamos: -solo tienes una solución a tú absurdo problema, y es encontrar ese maldito sitio, y no se te ocurra volver sin haberlo conseguido-. Ante ese insuperable imperativo, solo pude hacer una cosa: colgarle el teléfono. A veces uno tiene que reaccionar y defenderse sin más remedio, aunque no quiera. Me habían dado como hora máxima de entrada en la clínica las dos y para eso faltaba media hora. A lo largo de la mañana había ido pendiente de localizar un taxi en alguna de las ciudades por las que pasé una y otra vez como un zombi retrasado (Leganés y Fuenlabrada), del que servirme para llegar, pero nada, no vi ninguno. Entonces, sin pretenderlo, llegué a un Hospital en Getafe; enseguida me puse en marcha y fui en busca de un taxista que me ayudara. Monté un gabinete de crisis con tres taxistas. Ellos estudiaron la situación ayudados de sus infalibles aparatitos (GPS y Tablets) y de especulaciones contradictorias de dónde podía estar el fantasmal sitio; uno de ellos dijo que sí, que podría llevarme hasta allí. Amablemente me dijeron, quizá para confortarme, que el problema consistía en que era una calle nueva que aún no estaba identificada en el satélite -ahora, sin satélite, no somos nada, todo el mundo se pierde sin remisión- me dije consoladoramente. Después de acordar una señal, a las dos menos cuarto parábamos en la calle Galileo, donde ya había estado a las diez y cuarto y después a las doce. El tipo me dice que esa es la calle. Le contesto: -no tío, no, en esta calle ya he estado dos veces y aquí no es-. El taxista vuelve a mirar sus  aparatitos (Tablet y GPS) y por fin me dice que puede llegar al sitio que busco (el satélite había enviado una señal amiga, al parecer). Le preguntó cuánto tardaríamos y me contesta que su prodigioso instrumental le informa que doce minutos, justo los que faltaban para las dos. Le animo a que lo intentemos y nos ponemos en marcha. Con lo que no contábamos era con las retenciones que había en la entrada a una autovía. El tecnológico y animoso taxista además, era un valiente que se metió  por el arcén a gran velocidad, y yo detrás. Los de la caravana nos pitaban enfurecidos. El taxista volvió a equivocarse pero enseguida retomó la buena dirección. A las dos en punto parábamos en la puerta de la clínica con chirriar de frenos. Le pagué la diferencia y me dijo: ha estado bien ¡¡¡menuda aventura!!! Sin embargo no me rebajó nada de los veinte euros que me cobró por el viaje más emocionante que tendría ese día…    

© 2013 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2013
Localizacion
Corral de Almaguer (España)
Soporte de imagen
-120 MM.- ACROS 100
Soporte de copias
ILFORD MULTIGRADO BARITADO
Viraje
SELENIO
Tamaño
18 x 22,7 cm
Copiado máximo en soporte baritado
2
Año de copiado
2014
Fecha de diario
2013-10-08
Referencia
6705

SEGUNDO DÍA: Buscaba unas viviendas y cuadras subterráneas. Recorrí los términos municipales de tres pueblos, sin éxito. Pasé delante de tres museos: del Botijo, del Silo, y el de la Tía Sandalia, el más atractivo, sin duda (algún día volveré), sin prestarles atención. Cuando busco algo no tengo otra cosa en la cabeza y a veces ni eso. Naturalmente, el enclave estaba en pleno campo manchego y apenas contaba con referencias. Sólo me movía con dos palabras clave: camino y cueva. Después de dos horas el GPS me situó en una localización que me podría servir: -camino de la cueva del cabrero-. Avancé por el irregular camino y después de dos o tres kilómetros una bifurcación; instintivamente giré a la derecha y trescientos metros más adelante, allí estaba, una amplísima cueva con varios pasillos, espaciosas salas alargadas y habitaciones. Fue un gran hallazgo, sorprendente, sólo que, curiosamente, no era la que buscaba. Aunque se me había hecho muy tarde, la reconocí despacio; sólo hice esta fotografía…

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La máxima expresión de la trágica belleza: los animales muertos…