11 FEBRERO 2010

© 2005 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2005
Localizacion
Toledo, (España)
Copiado máximo en soporte baritado
2
Fecha de diario
2010-02-11
Referencia
4153

Un día de primavera de dos mil seis, mi amiga, Harumi Shimono, se despertó sin visión en un ojo. Fue al Hospital con la mala noticia. A partir de ese día aciago, estuvimos tres meses yendo y viniendo a consultas médicas, soportando pruebas y más pruebas. Llegó el gran momento: la última entrevista donde nos comunicarían la última conclusión. Harumi y yo mirando fijamente a la última doctora de la que esperábamos la solución. Nos dijo: -todo está bien, no hemos encontrado causas en ninguna de las pruebas realizadas. Sólo queda aplicar un tratamiento de mantenimiento a base de corticoides y esperar a ver como evoluciona-. No, nada estaba bien: un ojo se había negado a seguir viendo; inesperada y brutalmente. La última doctora, no sabía por qué. Nosotros tampoco. Llevé a Harumi a su casa. Por el camino intenté desdramatizar lo sucedido; dije que seguro que la visión volvería, así, de pronto, como se había ido. Y si no, no era tan grave, al fin y al cabo quedaba el otro y, para lo que había que ver, con uno bastaba. Nos reímos sin ganas. Ella siguió preocupada y decidió probar con médicos de Japón. Poco después de ingresar en un Hospital en Kioto, perdió la vista del otro ojo. Se adentró en la oscuridad total. Tampoco allí supieron por qué…

Pepe Fuentes ·