25 FEBRERO 2011

© 2008 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2008
Localizacion
Arenas Blancas (Nuevo México)
Soporte de imagen
-120 MM- ROLLEI-PAN 25
Copiado máximo en soporte baritado
2
Fecha de diario
2011-02-25
Referencia
3141

Ahora le ha tocado el turno a un capítulo ineludible: Yo Mismo. Le llamo AUTOBIOGRAFIA, en un alarde de imaginación irresistible. Tendrá varias series. La de hoy se titula: -No me gusto nada- (en las fotografías de esta serie, claro, en otras sí). Ya NO es hora de que ocurra nada extraordinario. Si fuera capaz, me gustaría cambiar completamente de “rollo” y dedicarme, por ejemplo, a la aventura. Lástima que sea un escéptico perezoso que no está dispuesto a soportar molestias físicas de ningún tipo. Me temo que la aventura consiste, fundamentalmente, en la capacidad de un individuo para soportar y superar dificultades físicas (y mentales) increíbles, inauditas. Soy muy viejo para eso. Mi tiempo de ahora mismo es el que debería estar ocupando en contar mis intensas experiencias y sensaciones vividas; como hace todo el mundo. Contar sí cuento, cómo no, pero son cosas sin importancia y que apenas recuerdo precisamente por eso, porque fueron hechos insustanciales, corrientes, vulgares, prescindibles. Un rollo de vida. Menos mal que he tenido y tengo salud física (de inteligencia y equilibrio emocional, mejor ni hablar). Sentado en el mismo sitio en el que estoy, por qué no, tendría que estar escribiendo sobre una vida fabulosa, referir las muchas obras maestras realizadas, describir la intensísima vida artística, social y amorosa, los incontables viajes, las fantásticas aventuras. En fin, el relato de una vida prodigiosa. Esas memorias las titularía, si no fuera porque ya lo hizo Pablo Neruda, –Confieso que he vivido-. Reconozco que habría sido imposible, porque para alcanzar ese alto voltaje existencial hay que estar dispuesto a arrostrar riesgos e incertidumbres y no hacer lo que un personaje de una novela de Jane Austen: “por haberme comportado prudentemente en la juventud, me voy haciendo romántico con la edad”. No, no he podido alcanzar lo que escribe Goethe en estos versos, sencillamente porque nunca he estado dispuesto a asumir penas infinitas:

Todo lo concede la Fortuna a su favorito,
por completo.
Los gozos, los infinitos;
las penas, las infinitas, por completo.