26 FEBRERO 2015

© 2011 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2011
Localizacion
Lisboa (Portugal)
Soporte de imagen
-120 MM- ROLLEI SUPERPAN 200
Copiado máximo en soporte baritado
2
Fecha de diario
2015-02-26
Referencia
4946

DIGRESIÓN SEIS (2): Como la sombra que se va, Antonio Muñoz Molina. Una novela se escribe para confesarse y para esconderse”. Estoy a punto de llegar a la mitad de la historia (dieciocho de febrero) y ya he dejado atrás el primer encuentro de Antonio con Lisboa y el Tajo, ese río que desde la Plaça do Comercio es la promesa cierta del mar. La novela avanza rotunda y sorprendente, sinuosa y cambiante entre los meandros de la memoria del autor y una historia remota de finales de los sesenta en Estados Unidos, y va bien, muy bien. Cuenta las impresiones que le causa Lisboa en su primer viaje: describe lugares, calles, plazas, rincones evocadores y decadentes cargados de sugestiones melancólicas. En mil novecientos ochenta y cinco yo también fui por primera vez a Lisboa, poco antes de que estuviera él, pero no vi lo que él dice que vio,  o al menos como lo percibió, o tal vez interpretó, o tal vez soñó. Mi sensibilidad entonces estaba algo entumecida (después también); fotografié, cómo no, pero no he traído ninguna de aquellas imágenes, prefiero ésta, de años después, pero que podría ser de entonces. Ese rápido viaje le ayudó a dar forma a la espléndida novela El invierno en Lisboa que leí en su primera edición y, a partir de ahí, Muñoz Molina entró en mi vida y ahí sigue. No, no soy un mitómano, solo que siempre me ha gustado su escritura. Ya entonces me apropiaba de citas que no anotaba, solo subrayaba, aunque ni mucho menos como ahora, que no hago otra cosa que recopilarlas en mí dichoso documento de escaso futuro. Curiosamente, aún recuerdaba la página en la que se encuentra un párrafo que resalté en aquel libro (la huella de mi marcador ya se ha borrado), la catorce: “…Seguro que te has despertado una mañana y te has dado cuenta de que ya no necesitabas la felicidad ni el amor para estar razonablemente vivo. Es un alivio, es tan fácil como alargar la mano y apagar la radio”.  Antonio Muñoz  Molina. Esta historia está muy presente en la última, la que ahora me ocupa. Forma parte de la estructura, es sustancia misma de ella, porque comparte espacios y miradas y sentido de la escritura, aunque ahora la sabiduría narrativa sea más compleja y perfecta, me parece…

Pepe Fuentes ·